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Ocho meses de incertidumbre: el drama de la familia de un policía secuestrado por el Eln

Alejandra Sanabria lleva más de ocho meses buscando respuestas sobre el secuestro de su esposo, el subintendente Franque Hoyos, en Arauca. Entre gestiones, plantones y silencio institucional, su caso expone la incertidumbre de varias familias de funcionarios retenidos ilegalmente por la guerrilla del Eln y la falta de acciones concretas para lograr su liberación.

Gustavo Montes Arias

05 de abril de 2026 - 07:58 a. m.
Alejandra Sanabria Bernal, esposa del subintendente Franque Esley Hoyos, ha liderado manifestaciones públicas por su liberación. Sin embargo, nadie le da respuestas.
Foto: Catalina Mesa Urquijo
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Alejandra Sanabria Bernal tiene la mirada triste, pero la voz llena de esperanza. Lleva más de ocho meses intentando mover el cielo, la tierra y las instituciones del Gobierno para que le ayuden en la liberación de su esposo secuestrado. Es la madre de un niño de tres años y la esposa de Franque Esley Hoyos Murcia, un subintendente de la Policía secuestrado en julio de 2025 en Arauca, por el Ejército de Liberación Nacional (Eln).

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Ha liderado misas, velatones en el búnker de la Fiscalía y plantones en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, pidiendo que las autoridades la escuchen y le den certeza de que están haciendo algo por su esposo. Su caso refleja el de otras tres familias de funcionarios públicos secuestrados por ese grupo ilegal.

El subintendente Hoyos Murcia y Alejandra Sanabria llevan tantos años juntos que ella ya perdió la cuenta. Dice que lo conoció cuando aún eran casi niños, hacia 2004. Ambos vivían en Bogotá, eran casi vecinos y estudiaban en el mismo colegio. Ella define su relación como un asunto de “idas y vueltas”.

Dice que de él la enamoró que “tenía buena parla”, además de una lista de virtudes que enumera con una sonrisa en su rostro: alegre, compañerista, “dicharachero”, conversador en lo personal y serio en lo laboral. Agrega, entre risas: “Eso sí, tiene un genio terrible”. Le gusta el ajiaco tanto como el fútbol. Es hincha del Atlético Nacional y en sus tiempos libres, cuando juega en la cancha, dice que será el próximo Messi.

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Hacer parte de la Policía fue un sueño que apareció temprano en la vida de Franque Hoyos. Alejandra Sanabria estuvo presente cuando empezó a estudiar, pero pronto la relación tuvo una primera ruptura. “Fue muy complicado porque a toda hora estaba metido en sus cosas. Para él era importantísimo estar siempre impecable. El poco tiempo que le quedaba libre lo gastaba brillando las botas. Yo ya estaba cansada de pasar las noches ayudándole a brillar los zapatos y me aburrí”, recordó.

En 2009, el hoy subintendente terminó su formación, pero el vínculo entre ambos nunca se rompió por completo. Al contrario, se dieron una nueva oportunidad y él le explicó cómo funcionaba su trabajo.

Alejandra Sanabria lo escuchó con atención cuando le explicó que su carrera implicaba pasar temporadas de tiempo indeterminado fuera de Bogotá. Podían ser semanas, meses o hasta años, con pequeños descansos en los que el subintendente aprovecharía para viajar a Bogotá a visitarla y compartir con su familia.

Una de las ciudades a las que lo enviaron a trabajar fue Manizales (Caldas). La distancia le agregó un peso extra a la relación que, de nuevo, tuvo una pausa. “Él tomó otras opciones, cometió errores como todo el mundo y nos volvimos a separar”, recordó Alejandra Sanabria. Pero ella tenía una sola certeza. “Era la persona con la que quería estar toda la vida”, expresó.

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El subintendente Franque Esley Hoyos es padre de dos hijos: un niño de tres años y una niña de 13. Ambos lo esperan en casa.
Foto: Archivo Particular

El nacimiento de un hogar

Cuando Alejandra Sanabria habla sobre los ires y venires de la relación con su esposo, en su rostro se pinta una sonrisa de ternura que contrasta con los rostros tristes de los cuatro funcionarios secuestrados por el Eln en Arauca, incluido su esposo, que lleva impresos en una camiseta blanca. Para ella, el momento clave de la relación fue en 2022, cuando al subintendente Hoyos le informaron que su servicio en Manizales había terminado y lo trasladaron para Bogotá.

“Estuvimos muy bien durante el tiempo en el que él estuvo aquí. Pensábamos que ya no iba a salir a comisiones tan largas. Decidimos formalizar todo y tener un bebé. Apenas tomamos la decisión, lo enviaron de nuevo a trabajar fuera de Bogotá”.

Fue la primera vez que Arauca apareció en el mapa de su vida. Lo enviaron a ese departamento a investigar uno de los temas más difíciles del momento: los crímenes contra firmantes del Acuerdo de Paz y líderes sociales en esa región del país. Una realidad que para entonces era noticia diaria en Colombia.

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Organizaciones como el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) definen el 2022 como uno de los años más críticos en materia de crímenes y graves violaciones de derechos humanos en Arauca y el oriente del país. La misma organización registró en ese departamento, solo en ese año, los asesinatos de 13 líderes y lideresas sociales y de dos firmantes del Acuerdo del 2016.

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El subintendente Hoyos fue uno de los funcionarios públicos enviados a Arauca para investigar la situación. En uno de esos recesos mensuales que duraban solo cinco días y en los que el uniformado aprovechaba para viajar a Bogotá y visitar a su familia, Alejandra Sanabria lo recibió con la noticia de que estaba embarazada y serían papás.

“A él le empezó la idea de no quererse ir, se le hacía más difícil y estuve casi todo el embarazo sola. Cuando el bebé no se movía en la barriga, me tocaba llamarlo para que le hablara por teléfono y que sintiera al papá”. En enero de 2023, Franque Hoyos regresó a Bogotá por el nacimiento de su segundo hijo, pues ya era padre de una niña de 13 años, fruto de otra relación.

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Cuando se terminaron sus vacaciones y su licencia de paternidad, regresó a Arauca. Allí estuvo un año más. A finales del 2024 de nuevo fue enviado a trabajar a Bogotá y la familia de Alejandra Sanabria y Franque Hoyos creyó, una vez más, que difícilmente se separarían. Llegó una nueva comisión en Cúcuta (Norte de Santander). Esta vez más corta, de casi dos meses.

Hasta que en julio de 2025 de nuevo Arauca era el destino marcano en el mapa. “Él estuvo acá un mes. Una semana antes del viaje le dijeron: ‘Mire, lo están pidiendo en Arauca, usted va para Arauca, ¿sí o no?’. Pero él sí o no, ya todos sabemos que es sí o sí. Él dijo: ‘De eso, a que me manden a otro lado que sea peor por no haber aceptado, pues me voy para Arauca’”, recordó.

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Las familias de los secuestrados han hecho múltiples manifestaciones en sitios como el búnker de la Fiscalía. Sin embargo, las respuestas de parte del Estado han sido escasas.
Foto: Archivo Particular

El drama del secuestro

Con la angustia metida como una piedra atravesada en la garganta, Alejandra Sanabria acompañó a su esposo en lo necesario para que fuera de nuevo a trabajar a Arauca. En su diálogo con este diario, la mujer recordó que su esposo esperaba que el viernes 18 de julio de 2025 llegara una camioneta de la Policía que viajaría a adelantar un procedimiento en Yopal.

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Luego iría hasta Bogotá, donde recogería al subintendente Franque Esley Hoyos Murcia y a su compañero, el patrullero Yordyn Fabián Pérez Mendoza. Ese sábado, la pareja aprovechó para estar en casa y aprovechar las últimas horas junto a su hijo, viendo películas. El sábado 19 de julio, los dos uniformados salieron sobre el mediodía de Bogotá.

“De ese día lo que más recuerdo es la despedida del niño. Porque él, como niño, siempre le daba un pico y salía corriendo”. Pero ese día fue distinto. Franque Hoyos extrañó que su hijo le no permitiera al menos abrazarlo un poco más. “Él me dijo: ‘No, ya el niño no me quiere porque no se despide bien’. Y yo le dije: ‘No, venga y se despide del papá’. Se bajó de la cama con sus paticas corticas y salió corriendo a despedirse. Lo abrazó, le dio pico, le dijo que lo amaba mucho”, recordó Alejandra Sanabria.

Con la voz entrecortada, recordó la reacción de su esposo en la despedida. “Se fue muy nostálgico y decía: ‘Juepucha, yo ya no doy más. Voy a esto y haré todo para quedarme acá”, le dijo a su esposa.

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Por esos días, el gremio de los productores de arroz adelantaba un paro que duró diez días, durante los cuales los campesinos bloquearon vías en distintos sitios del país, como el corredor al llano, hasta no llegar a un acuerdo con el Gobierno Nacional para fijar un precio mínimo al arroz paddy verde. Las manifestaciones obligaron a que el subintendente Hoyos y el patrullero Pérez modificaran su ruta de viaje.

Llegaron en la noche del sábado a Yopal (Casanare) y allí descansaron para continuar el viaje hasta Arauca en la mañana del 20 de julio. Ese domingo, Alejandra Sanabria habló con su esposo por teléfono, como de costumbre. Esperaba que llegara a Arauca sobre el mediodía. A las 10:55 de la mañana, él recibió su último mensaje.

En principio, la mujer pensó que por la carretera se había quedado sin señal. Luego, que tal vez no tenía batería. Y cuando ya habían corrido un par de horas, se dijo a sí misma que posiblemente se habían varado. El día pasó sin tener noticias de su esposo. Sobre las 8:00 de la noche, Alejandra Sanabria recibió una llamada de una persona que se identificó como funcionario de la Dijín de la Policía.

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“¿Usted sabe algo sobre su esposo? Es que se le olvidó firmar un papel”, le dijo la voz al otro lado de la línea. Ella, con su pálpito de madre y esposa, no creyó ni media palabra. “Yo ya sabía que eso no era verdad. Sentía que algo había pasado”. Fue la primera noche que pasó en vela y que antecedió los más de ocho meses que han corrido ya.

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El 21 de julio, hacia las 5:00 de la mañana, recibió una llamada del hermano de su esposo. Le dijo que alguien más, un tercero que aún no tienen identificado, se había comunicado con ellos para decirles que estaba secuestrado. Al buscar respuestas en la Dijín de la Policía, solo encontró evasivas. “Sí, está desaparecido. Pero no tenemos información real de que esté secuestrado”, le dijeron en principio.

Fue el propio Frente de Guerra Oriental del Eln el que en la noche de ese lunes publicó un video atribuyendo el secuestro del subintendente Hoyos Murcia y del patrullero Pérez Mendoza. Era la confirmación de un calvario que Alejandra Sanabria sigue padeciendo mientras recorre oficinas, busca respuestas y toca puertas que se le cierran en la cara.

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Las familias de los cuatro funcionarios secuestrados supieron que Eln los habría llevado a territorio venezolano. Esa es la única certeza que les ha dado el Gobierno Nacional.
Foto: Archivo Particular

Una búsqueda sin respuestas

El Frente de Guerra Oriental del Eln, la estructura que secuestró al subintendente Hoyos Murcia y al patrullero Pérez Mendoza, es una de las más poderosas en los departamentos del nororiente del país. Allí libran una disputa territorial con otros grupos al margen de la ley, como el frente 33 de las disidencias de las Farc, comandadas por alias “Calarcá Córdoba”.

Es el mismo grupo que el 8 de mayo de 2025 secuestró a Rodrigo Antonio López Estrada y Jesús Antonio Pacheco Oviedo, funcionarios del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía. Ninguno estaba amenazado y todos están retenidos ilegalente en el mismo sitio. Incluso, las últimas cuatro pruebas de superviviencia enviadas a las familias han sido de los cuatro funcionarios juntos.

Son esas las mismas pruebas que Alejandra Sanabria le muestra a su hijo, que ya cumplió tres años, para decirle que su papá está trabajando en la selva, que llega en las noches a visitarlo, cuando él ya está dormido y se va antes de que se despierte. Esa es la forma que esta madre encontró para que, en medio de la ausencia del secuestro, a su hijo no se le borre la imagen de su padre.

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Al preguntarle qué la ha sostenido durante estos más de ocho meses de búsqueda, ella no titubea para responder: “Mi hijo es mi fuerza. Él ya está perdiendo a su papá temporalmente, porque sé que va a ser por poco tiempo. Pero la responsabilidad que tengo es estar con él y que no pierda a su mamá. Si él no estuviera, creo que la historia sería otra”.

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La fuerza de su hijo también le ha servido para luchar contra los oídos sordos del Estado. Aunque el Eln dijo en su momento que condicionaba la entrega de los dos policías y los dos agentes del CTI de la Fiscalía secuestrados a un intercambio por prisioneros de su grupo ilegal, esa decisión está solo en manos del presidente Gustavo Petro.

Pero las familias coinciden en que no han recibido ninguna respuesta por parte del jefe de Estado. En una ocasión, las familias de los funcionarios fueron al Congreso durante una moción de censura al ministro de Defensa, Pedro Sánchez Suárez. El funcionario solo los atendió de pasó y les confirmó que era altamente probable que sus seres queridos estuvieran en territorio venezolano.

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De parte del director de la Policía, el general William Rincón, las respuestas también han sido escasas. En realidad, se reducen a una frase que Alejandra Sanabria y las familias de los otros secuestrados conocen de memoria: “Estamos trabajando”. Pero para ellos no es suficiente. “Llevamos más de ocho meses y no hemos visto una acción real para que pueda volver con su familia”, expresó.

Insistió en que, a pesar de que su esposo lleva 17 años en la Policía y los cuatro secuestrados son funcionarios públicos, no hay razón para que los mantenga allá. “Abogo de corazón, porque son seres humanos”, dice con la voz entrecortada. Pero, de nuevo, saca fuerzas para enviarle un mensaje a su esposo: “Lucharemos hasta el final para que volvamos a ser un hogar”.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Por Gustavo Montes Arias

Comunicador Social - Periodista, con interés en temas de política, conflicto, paz y memoria. Premio Nacional de Periodismo Escrito Universitario Orlando Sierra Hernández a mejor entrevista, 2022.@GustavoMontesAr
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