
“La autonomía universitaria no es una patente de impunidad. Voy a ir por ustedes, incluso entrando a las universidades para sacarlos y hacerlos pagar”. Así anunció el presidente Abelardo de la Espriella la creación de un protocolo nacional para regular las protestas en universidades públicas. Durante la alocución presidencial del pasado 13 de septiembre, el primer mandatario señaló que su propósito es distinguir entre el ejercicio legítimo de la protesta y las situaciones de alteración del orden público. Además, aseguró que la Policía Nacional será la primera autoridad en responder ante estos hechos. Su anuncio permite hacer un repaso a la historia sobre los episodios de violencia estatal en contra protestas universitarias que terminaron en graves violaciones de derechos humanos.
La masacre de 1954
La violencia del 8 y 9 de junio de 1954 comenzó con una ofrenda floral en memoria de la muerte de Gonzalo Bravo Pérez, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional. El hombre fue víctima de una bala de la Policía en la noche del 7 de junio de 1929, en medio de las protestas estudiantiles contra el gobierno del entonces presidente Miguel Abadía Méndez. Mientras los estudiantes conmemoraban la vida de Bravo Pérez en el Cementerio Central de Bogotá, en la Universidad Nacional, Uriel Gutiérrez Restrepo, oriundo de Aranzazu (Caldas) y estudiante de Medicina y Filosofía, fue asesinado luego de que policías ingresaran al campus y abrieran fuego. El joven, de 23 años, falleció luego de que una bala le impactara en la cabeza.
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Su muerte generó indignación entre la población estudiantil, lo que llevó a que los jóvenes de la Universidad Nacional de Bogotá y de otras instituciones, como la Javeriana, el Externado, los Andes, la Libre, el Rosario y la Gran Colombia, se congregaran hacia las 10 de la mañana en la rotonda del sector de San Diego y marcharan hacia la Plaza de Bolívar. Sin embargo, durante el recorrido, soldados del Batallón Colombia, quienes esperaban la ceremonia de licenciamiento tras su regreso de la Guerra de Corea, librada entre 1951 y 1954, dispararon contra los manifestantes. Aunque no es claro quién atacó primero, lo cierto es que los uniformados descargaron sus fusiles. En total, nueve estudiantes y un civil fueron asesinados, y decenas de personas resultaron heridas.

Pese a que quienes murieron fueron los estudiantes, el entonces comandante del Ejército Nacional, el general Alfredo Duarte Blum, atribuyó el ataque a los jóvenes. Según su versión, se trataba de una acción impulsada por la influencia laureanista y comunista, con la que se buscaba provocar la caída del gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Desde entonces, el 8 y 9 de junio se conmemoran en Colombia como el Día del Estudiante Caído. Los nombres de los jóvenes asesinados, Jaime Moore Ramírez, Hernando Morales Sánchez, Hugo León Velásquez, Carlos José Grisales, Álvaro Gutiérrez Góngora, Elmo Gómez Lucich (peruano), Rafael Sánchez Matallana (del Colegio Virrey Solís) y Hernando Ospina, son apenas algunos de una lista de víctimas de crímenes cometidos por agentes del Estado.
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La mascre de 1984
En mayo de 1984, el estudiante de odontología de la Universidad Nacional Jesús León Patiño fue asesinado. “Chucho”, como lo conocían sus amigos y compañeros, era representante de Cooperación Estudiantil, un grupo que comenzó como un programa de ayuda alimentaria y terminó convirtiéndose en un espacio de veeduría y movilización en torno al bienestar universitario. A comienzos de ese mes, el joven viajó a su ciudad natal, pero su familia le perdió el rastro el 9 de mayo cuando hizo una parada en Cali (Valle del Cauca) para visitar a uno de sus hermanos. Al día siguiente, su cadáver fue encontrado en predios cercanos a la Universidad del Valle. El cuerpo, que fue trasladado a Pasto (Nariño), presentaba heridas de bala, signos de quemaduras con cigarrillos, amarraduras y otras señales de tortura.
Las primeras versiones de las autoridades indicaron que su muerte se habría producido durante un robo. Sin embargo, hasta el día de hoy no se tiene certeza sobre quiénes fueron los responsables del crimen. A esto se sumó que, el 14 de mayo de ese mismo año, el profesor de medicina Luis Armando Muñoz González fue secuestrado cuando salía de su consultorio. Su cuerpo fue encontrado en la mañana del día siguiente, en la carrera Séptima con calle 82, en Bogotá. Ambos crímenes llevaron a que los estudiantes se reunieran en la capital para organizar un homenaje en su nombre y protestar por sus asesinatos. La jornada del miércoles 16 de mayo terminó siendo conocida como la Masacre de la Universidad Nacional.
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La fuerza pública ingresó a la institución educativa, donde se registraron la quema de un bus en la reconocida plaza “Che” Guevara, una explosión y disparos contra los estudiantes. El humo fue la señal de que el tropel había comenzado y, en las entradas de la universidad iniciaron los enfrentamientos contra el Grupo de Operaciones Especiales (GOES), que derivaron en casos de tortura y abuso sexual por parte de la fuerza pública. Durante una entrevista realizada en 2024 por El Espectador, el excomisionado de la Verdad Saúl Franco aseguró que los jóvenes fueron “heridos a bala, detenidos, torturados y desaparecidos (…) Nosotros en la comisión estimamos que hubo, por lo menos, cinco heridos a bala y 81 detenidos, pero hay cifras mucho más grandes”.
Luego de 42 años, no es claro cuántas personas fallecieron durante los altercados. “Había también una reacción de estos grupos organizados dentro de la universidad. Al parecer también participaron algunas personas que estaban o habían estado vinculadas a organizaciones armadas y esto precipitó un enfrentamiento supremamente violento con resultados que hasta hoy nadie tiene claro”, aseguró Saúl Franco en su momento. Tras la masacre, la Universidad Nacional fue cerrada durante un año. Cuatro décadas después, y en medio del anuncio del presidente De la Espriella, las muertes de estudiantes vuelven a cobrar relevancia y ponen sobre la mesa la discusión sobre los límites que debe tener la actuación del Estado frente al derecho a la protesta social de los estudiantes.
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Felipe(9ioin)•Hace 6 horasAsi, de pronto se logra que Abelardo conozca una Universidad de verdad, porque no parece que hubiese estado alguna vez en una, salvo la Sergio Arboleda, de donde han salido» brillantisimas personalidades de la politica nacional»
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Diego(63255)•Hace 10 horasA los estudiantes pensantes e indefensos los ataca pero con los narcos le da culillo
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Astrid(60305)•Hace 12 horasEste tipo no respetara la protesta pacifica. Metera infiltrados para justificar la violencia y los muertos. Ya lo hemos vivido. Es un dictador no les quepa dudas desde que atormrntaba y mataba gatos, pasando por ufanarse de los muertos, Es extremadamente peligrosos para la democracia.
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Eduardo(34409)•Hace 12 horasLa historia es triste y el primer estudiante asesinado por balas oficiales fue Pascual Bravo Pérez, es que la plolicía desatada cobra vidas sin rubor y sin condenas por los hechos.Después Fue Uriel Gutiérrez y si los archivos no mienten son dos casos con impunidad absoluta. Terrorismo urbano no es realizar una marcha par que el Estado asigne presupuesto a la Universida Pública, es el reclamo de un derecho. La disyuntiba es grave o marchar pacificamente o no marchar.
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JOSE OMAR(m0hfi)•Hace 13 horasLa ley es para cumplirla, no para llevarsela de ruana. Lo que el presidente quiere es hacer respetar la ley y si no en que quedamos? Todos pueden hacer lo que se les de la gana? La protesta es valida dentro de los cauces de la ley, la violencia es otra cosa
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Astrid(60305)•Hace 12 horasCumplir la ley, no exceders, el tipo goza con los muertos
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Gilberto(54899)•Hace 13 horas«Apestardo, censurando la voz del Pueblo. – Con Petro, ningún manifestante resultó detenido y todos regresaron a casa con sus dos ojos sanos.
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Carmen Elisa(93960)•Hace 13 horasCuando se ingresa con armas a un espacio cerrado, es muy difícil controlar lo que puede pasar. No solo los asesinatos mencionados en el artículo, también tenemos ejemplos como el Palacio de Justicia. Una persona armada que no le importe la vida del otro y cuando lo autorizan sus superiores, puede matar sin contemplación.
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Carlos(62473)•Hace 13 horasva a haber protestas por la mentalidad vengativa que tiene Abelardo. El todavia cree que esta en el paramilitarismo se vio claro cuando camino sobre cadaveres. Este senor no creo que dure 4 anos
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Olegario(51538)•Hace 14 horasEn la época a la que hace referencia el recuento histórico de EE no estaban salidos de madre los capuchos con machetes y papas bomba, intentando asesinar a otro estudiante porque no pertenece a su ideología política. La advertencia de ADLE no va contra los verdaderos estudiantes, sino contra los bandidos que siembran el caos. Aquí no hay que confundir culebra con una hebra en el cul, señores mamerticos.
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Carmen Elisa(93960)•Hace 13 horasQuién puede identificar un «verdadero estudiante» de uno que no lo es cuando está armado. A diario se ve cómo el uso de la fuerza de quien está autorizado para aprehender a alguien lo va a hacer, en USA lo hace el ICE (hasta con niños), en Gaza solo por ser Palestino, ahora en Colombia solo por ser migrante no residente. Nadie puede controlar a alguien que esté armado sino tiene una orden judicial.
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antonio(7747)•Hace 14 horasSon medidas muy drásticas, pero los verdaderos estudiantes no tienen nada que temer.
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luis(46988)•Hace 14 horasY muertos es lo que van a sobrar,eligieron un tracalero y cuando de ha visto un tumbador Pacifico , lo primero utilizatizan es la violencia para amedrentar a la víctima.
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ANA CELINA(11609)•Hace 14 horasMiserable… así actúa un sátrapa. No más que eso, es este presidentucho.
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Carlos Arturo(92784)•Hace 14 horas» Voy a ir por uds…..,.» Por favor, son estudiantes no bandidos. No se cansa de imitar a Trump y Bukele este tal FF filipichin felino.