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La abogada de Melissa Lucio, una mujer latina que lleva 18 años encerrada en el corredor de la muerte en Texas esperando su ejecución, ha reforzado la campaña para la liberación de su cliente luego de lo ocurrido con el caso de Christa Pike en Tennessee.
“El caso de Pike demuestra hasta qué punto la pena de muerte puede resultar devastadora y convertirse en un acto de tortura”, dijo Vanessa Potkin, quien además es la directora de litigios especiales de la organización Proyecto Inocencia, al diario El país de España.
Pike, quien fue sentenciada a la pena de muerte por asesinato, sobrevivió la semana pasada a dos dosis del fármaco pentobarbital. Su caso ha puesto de nuevo en el foco público el debate por la ejecución por inyección letal.
A Potkin le preocupaba que Lucio se enterara de lo ocurrido y pensara en lo que podría pasarle a ella, destacando que, además, “fue encarcelada y hoy se encuentra en el corredor de la muerte por un crimen que ni siquiera ocurrió”.
¿De qué se acusa a Lucio?
En febrero de 2007, Lucio se mudó con su familia en Harlingen en Texas a un nuevo apartamento. Durante la mudanza, mientras la familia sacaba sus cosas de la vieja vivienda, su hija, Mariah, rodó por la escalera de la entrada. La niña quedó con moretones, pero sin otras heridas visibles, aunque en los días siguientes dormía demasiado, estaba congestionada y no quería comer.
Lucio, agotada por la mudanza, pensó en llevarla al médico al día siguiente, pero la niña se puso pálida durante una siesta y empezó a respirar con dificultad. Los paramédicos intentaron reanimarla y murió en el hospital.
Después de la declaración de su muerte, los médicos que revisaron a Mariah tomaron los moretones como señal de maltrato por lo que se inició una investigación contra Lucio, quien ya tenía 12 hijos y estaba embarazada de gemelos, según recuerda Univision.
En shock, Lucio no aclaró que la caída había ocurrido en la casa y ese vacío desembocó en un interrogatorio de más de cinco horas en el que negó más de cien veces haber agredido a su hija, hasta que, presionada, dijo: "Supongo que lo hice".
De acuerdo con El País, dicha frase fue la única prueba con la que la Fiscalía del condado de Cameron construyó el caso. El entonces abogado de Lucio no la rebatió con testigos ni peritos y en 2008 un jurado la condenó a muerte, mientras su esposo recibió cuatro años de cárcel. Los gemelos que estaba esperando, cabe destacar, nacieron estando ella presa y fueron dados en adopción.
En los años siguientes, y con una nueva abogada, su defensa fue armando la otra versión con testimonios de sus hijos que confirmaban la caída, un informe de Protección Infantil que el jurado nunca vio y peritajes médicos que apuntaban a un accidente.
En 2023, incluso la Fiscalía admitió que se había omitido evidencia favorable. Para entonces, Lucio ya había estado a dos días de morir. Su ejecución estaba programada para el 27 de abril de 2022 y solo la frenó una ola de presión que reunió a más de 80 legisladores texanos, iglesias, organizaciones latinas y hasta a la modelo y celebridad Kim Kardashian.
La revisión del caso que ordenó la corte quedó en manos de Arturo Nelson, el mismo juez que la había sentenciado, y él terminó dándole la razón a la defensa. En octubre de 2024, Nelson concluyó que Lucio era “inocente” y que Mariah había muerto por una caída accidental. Sin embargo, el pasado 24 de septiembre, la Corte de Apelaciones Penales de Texas rechazó por 5 votos contra 4 las conclusiones del juez.
Este nuevo fallo no fija una nueva fecha de ejecución ni ordena otro juicio, pero mantiene en firme la condena. Si se cumple, Lucio, la única mujer de origen hispano condenada a muerte en Texas, sería la primera latina ejecutada en ese estado desde 1863.
El precedente es el de Josefa "Chipita" Rodríguez, quien fue ahorcada en 1863 por el asesinato de John Savage, un comerciante de caballos, y fue la última mujer ejecutada legalmente en Texas hasta 1998, cuando le aplicaron la inyección letal a Karla Faye Tucker. La condena, en este caso, también fue dudosa.
El jurado que atendió el caso de Rodríguez pidió clemencia porque la evidencia era circunstancial, pero el juez Benjamin Neal la condenó a la horca de todos modos. La justicia del proceso se cuestionó por los antecedentes de los jurados y la débil defensa que tuvo. Muchos historiadores creen que Rodríguez no presentó defensa para proteger a su hijo, a quien se señalaba como el verdadero asesino. Más de un siglo después, en 1985, la Legislatura de Texas la absolvió del crimen.
Lo que sigue en el caso de Lucio es una revisión en los tribunales federales, que por primera vez podrán evaluar las nuevas pruebas, según Potkin. Mientras tanto, sus hijos, que hace cuatro años alcanzaron a armar la fiesta de bienvenida a la libertad, vuelven a esperar.
"Tenemos el corazón destrozado y nos quedamos sin palabras", escribió John Lucio, que tenía 17 años cuando se llevaron a su madre.
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