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Mark Carney dijo algo que ningún primer ministro canadiense había dicho en un siglo: su Gobierno estudia la posibilidad de un ataque militar de Estados Unidos. En una entrevista con The New York Times, el primer ministro explicó que en su cargo tiene la responsabilidad de analizar los riesgos extremos y que por eso sería irresponsable no prepararse para algo así.
"Es simplemente gestión de riesgos", dijo.
La declaración de Carney se da ante la insistencia de Donald Trump de convertir a Canadá en el estado número 51 de EE. UU. y luego de que le impusiera aranceles en agosto, razón por la que las relaciones comerciales entre ambos países están en su peor momento.
Sin embargo, el verdadero punto de quiebre para pensar en un plan de contingencia ante un ataque estadounidense fue Venezuela. Tras la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro en enero, el porcentaje de canadienses que creía probable una invasión estadounidense aumentó al 30 %, según una encuesta de Leger.
Matthew Schmidt, profesor de Seguridad Nacional en la Universidad de New Haven, cree que muchos oficiales estadounidenses renunciarían antes que cumplir una orden de invadir a su vecino, por considerarla ilegal e inmoral. Y casi todos los expertos coinciden en que el escenario es muy remoto.
El teniente general retirado Christopher Coates, con 34 años en la Real Fuerza Aérea canadiense, por ejemplo, le dijo a la BBC que nunca, en toda su carrera, se contempló un ataque desde territorio estadounidense. Los dos países son socios en la OTAN, vigilan juntos el Ártico a través del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (Norad) y comparten inteligencia de forma constante.
"Participé en operaciones militares durante toda mi carrera, y nunca contemplamos la posibilidad de que hubiera un ataque militar proveniente de territorio estadounidense", dijo.
Pero eso tampoco le impide analizar la situación. Según Coates, una agresión empezaría con ciberataques antes que con tropas.
¿Cómo se vería el ataque estadounidense?
Si el escenario ocurriera, la primera fase sería corta. Según un modelo del ejército canadiense revelado a comienzos de año por el diario Globe and Mail, las posiciones estratégicas del país caerían en una semana. Las tropas pasarían entonces a una guerra de guerrillas mientras Ottawa pide ayuda a aliados como Francia y Reino Unido. Aunque funcionarios canadienses lo describieron como un marco conceptual y teórico nada más.
Schmidt cree que el objetivo de Washington serían los recursos, como el petróleo y los minerales, y la cúpula política del país. Sería algo parecido, según él, a lo que se vio en Venezuela.
Por eso, el Ministerio de Defensa de Canadá anunció que ampliaría su reserva a 100.000 efectivos y creará una nueva Reserva Suplementaria de 300.000 personas para enfrentar una situación de esta magnitud. A eso se suma la recién creada 2.ª División de las Fuerzas Armadas, dedicada exclusivamente a la defensa del territorio nacional.
Pero un grupo de investigadores de The Conversation cree que esto sería insuficiente, y propone mirar otros modelos para la defensa nacional. Uno es el de Ucrania, que con drones, satélites comerciales y guerra electrónica ha hecho muy costoso cada avance ruso.
“Sus innovaciones propias en el campo de batalla , especialmente en tecnología de drones, constituyen un ejemplo magistral de guerra asimétrica moderna”, señalaron Aisha Ahmad, profesora asociada de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto, y Jeremy Wildeman, profesor adjunto de Relaciones Internacionales en la Universidad de Carleton.
El otro modelo es el Irán, cuya estrategia busca que los objetivos del enemigo resulten demasiado caros de alcanzar, con fuerzas dispersas y planes de sucesión para seguir peleando aunque caigan sus líderes. Si la defensa convencional fracasa, queda la insurgencia, una opción que, según los autores, encaja con el territorio inmenso y agreste de Canadá.
"La estructura de mando de Irán está diseñada para la guerra moderna, desplegando unidades convencionales y redes de aliados para continuar la lucha incluso si se atacan el liderazgo, las comunicaciones o las bases principales. Cuenta con planes sólidos para la sucesión del liderazgo y la cohesión del régimen", señalaron los expertos.
Aun así, los mismos investigadores advierten que el verdadero peligro no está en los tanques. Para ellos, los ataques en la llamada "zona gris", como las campañas de desinformación y la interferencia política encubierta, siguen siendo amenazas mucho más probables que una guerra abierta.
En el caso canadiense, eso podría verse como ataques informáticos contra la infraestructura que ambos países comparten, como las redes eléctricas y los oleoductos, o como campañas en redes sociales para profundizar las divisiones internas y la desconfianza hacia el Gobierno. La presión económica, que Trump ya ejerce con sus aranceles, es otra herramienta de esa misma lógica de hacer daño sin disparar un tiro.
La dificultad para Canadá es que buena parte de su seguridad depende del país del que ahora desconfía. Schmidt advirtió a la BBC que los líderes canadienses tendrán que preguntarse hasta qué punto quieren seguir colaborando con el ejército estadounidense, porque esa misma cooperación le da a Washington información valiosa que podría usar en su contra.
Ottawa ya ha empezado a moverse en esa dirección. Carney ha dicho que la disputa con Washington demostró el peligro de depender demasiado de un solo socio, y su Gobierno busca diversificar el comercio. También mantiene en revisión la compra de los aviones de combate F-35 estadounidenses y ha estrechado la cooperación en defensa con Europa.
El resto, coinciden los analistas, pasa por blindar lo que no se ve: reforzar la ciberseguridad de la infraestructura crítica, proteger los procesos electorales de la interferencia extranjera y preparar a la ciudadanía para reconocer la desinformación.
Para los canadienses, toda esta idea, sin embargo, no es nueva. Tim Foran, investigador del Museo Canadiense de la Guerra, le dijo a la BBC que el miedo a Estados Unidos es parte fundacional del proyecto político del país.
Las tropas estadounidenses tomaron Montreal en 1775 y volvieron a invadir territorio canadiense durante la guerra de 1812, que terminó en empate y dio paso a la desmilitarización de los Grandes Lagos y al trazado de la frontera.
La desconfianza sobrevivió hasta el siglo XX. En 1921, el coronel James Sutherland Brown diseñó un plan para responder a una invasión, y generales canadienses recorrieron ciudades fronterizas haciéndose pasar por turistas para fotografiar puentes y carreteras. Washington, por su parte, tenía su propio plan para tomar Canadá en caso de guerra con el Reino Unido. Todo quedó archivado cuando la Segunda Guerra Mundial convirtió a los vecinos en aliados y se construyó una confianza que ahora Trump ha minado por completo.
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Tayrona(31467)•Hace 3 horasMe ofrezco como canadiense a luchar contra Trump y sus secuaces.