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Por: A Mí También

Cinco compañeros de colegio abusaron de mí cuando tenía 14 años - #AMíTambién

Por Juan Carlos Rincón Escalante y Viviana Bohórquez Monsalve

A Eliza, cinco compañeros de colegio la encerraron en un cuarto de basuras y abusaron sexualmente de ella en dos ocasiones distintas. Ella tenía 14 años y ellos entre 17 y 18 años. Ella estaba en octavo grado; ellos, en décimo. Todos iban al mismo colegio en Bogotá. Durante cuatro años, guardó silencio, pero ahora decidió hablar. Esta es su historia.

Todo comenzó con una fotografía.

Su primer novio, que compartía el curso con ella, decidió filtrar una fotografía que ella le había enviado sin camisa. “Me enteré cuando las fotos de dos niñas de sexto y séptimo se filtraron”, cuenta Eliza. “Al mismo tiempo empecé a escuchar un chisme que decía que yo también había mandado fotos. Eso me volvió paranoica, sentía las miradas de todos encima mío. No tenía amigas, a las niñas les molestaba mi presencia y los niños de todos los grados empezaron a acosarme, pidiéndome fotos y escribiéndome obscenidades, además de preguntarme si quería ver sus penes. También me hacían gestos con las manos y la boca, simulando unos pezones y su boca en ellos”.

A los pocos días de rondar el rumor, tres amigos de su novio la invitaron a estar con ellos en un parque. Una vez allí, “me dijeron que me quitara la camisa y que, si no lo hacía, publicarían mi foto en Facebook. Sentí que no tenía opción porque, si hicieran eso, pensé que arruinarían mi vida por completo. Por eso accedí rápidamente y me quité la camisa. Me observaron por un rato, mientras se reían y hacían comentarios sobre mis senos”.

Después la forzaron, bajo la misma amenaza, a ir al conjunto residencial de uno de ellos, donde la introdujeron en un cuarto de basuras. Uno de ellos empezó a besarla con fuerza, “a empujar su pelvis contra la mía, me levantó la camisa y el brasier y empezó a manosear y chupar mis senos. Intentó tomar mi mano y hacer que tocara su miembro, mientras me decía cómo lo ponía de duro y cosas similares”. Al cabo de un rato, él salió y entró el otro, quien manoseó su vagina.

Durante todo lo ocurrido, Eliza “manoteaba mucho, me quedaba lo más callada posible y no los miraba a la cara. A veces intenté empujarlos hacia atrás para que pararan”. Pero nada funcionó. Sólo se detuvieron cuando una mujer abrió la puerta para botar la basura y ella salió corriendo. “Ellos me alcanzaron, me detuvieron y me dijeron que no le podía decir a nadie o, si no, publicarían mi foto”.

Esta situación es un doble chantaje sexual y lo peor es que a los compañeros del colegio de Eliza les pareció una broma. Esa idea sobre el cuerpo de las mujeres es angustiante y muy común: seguro los agresores creyeron que ver y tocar no es grave; que al día siguiente podían ir al colegio como si nada hubiera pasado. Muchas personas piensan que sólo hay violación cuando se presenta penetración, pero eso es un error. Hay mil formas de maltrato sexual que dejan a las víctimas con traumas a largo plazo.

Los tres meses siguientes al ataque y que faltaban para terminar el año escolar fueron terribles. “Ya no quería ir al colegio”, dice Eliza. “Todo el mundo se enteró y la gente me insultaba, me llamaban perra. Me asustaba ver mensajes en mi teléfono, me ponía extremadamente nerviosa, al punto de temblar de la ansiedad que me daba. Por las noches, pensaba en lo sucia que estaba y cómo nunca me iba a poder quitar la suciedad”.

Sólo le contó a una persona: un profesor. ¿Su respuesta? “Me dijo que yo me había buscado las cosas y que tenía que dejar la bobada y superarlo”.

Culpar a las víctimas no tiene sentido y es, además, cruel. Un profesor debería proteger a las estudiantes. La respuesta adecuada hubiese sido explicarle que le violaron sus derechos e iniciar un proceso disciplinario o penal contra los agresores. Además, hablar en clase para que eso no se vuelva a presentar. Si no se toman medidas en los colegios para que no se naturalice el chantaje sexual y las humillaciones como una forma de convivencia escolar, estamos condenando a las víctimas al silencio y una vergüenza injustificada.

En el caso de Eliza, después del rechazo del profesor, ella fue víctima de otra agresión sexual. La obligaron a ir de nuevo al parque, bajo la misma amenaza de publicar su fotografía. “Fui porque sentí que no tenía opción y quería que todo acabara lo más pronto posible”, explica.

En esta ocasión, a los tres primeros agresores los estaban acompañando otros dos. “Cada uno se tomó un turno. Me quitaron la camisa y el brasier y manosearon y chuparon mis senos, también usaron sus dedos y los pasaban por mi vagina por encima del pantalón”.

Eliza no fue a la Fiscalía porque “me asusta que mi mamá se entere o que los agresores vayan a la cárcel. De alguna manera, me siento culpable de lo que pasó, tal vez yo los provoqué de alguna manera y realmente fue mi culpa. También, me da mucho miedo volver a verlos”.

A su mamá no le quiere contar, pues “no quiero que me juzgue. Es una religiosa radical y puede pensar que soy una impura pecadora o algo similar. Ella se escandaliza fácilmente con temas sexuales. No es tan sencillo hablarle”.

Por eso prefirió guardar silencio. Su mamá la cambió de colegio al finalizar ese año, porque consideraba que no estaba recibiendo la mejor educación, pero nunca supo por lo que estaba pasando Eliza. En la nueva institución pudo empezar de nuevo y hoy, dice, está “muy feliz, aunque sigo teniendo episodios en los que recuerdo lo que pasó y me pongo muy mal, pero espero sanar y seguir adelante”.

Cuatro años después de lo ocurrido, decidió contarle a una amiga que no se escandalizó, sino que le dijo que no era su culpa, que tenía derecho a ir a terapia y que podía hacer algo para contar su historia. Ahora, dice, cree que “es mucho mejor platicar lo ocurrido y recibir consejo y apoyo de los demás”.

Para las personas que hayan pasado o estén pasando por algo similar, Eliza les dice: “sean valientes; las personas correctas lo entenderán y los apoyarán”.

* Eliza es un seudónimo y, por petición de ella, los nombres de los involucrados fueron omitidos.

Si quieres enviarle un mensaje a Eliza, escríbenos a [email protected].

¿Quieres contar tu historia de abuso en #AMíTambién? Queremos escucharte. No te vamos a juzgar. No estás sola. Escríbenos a [email protected].

La ilustración fue realizada por La Ché, síguela en Instagram.  

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