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El aro de Gregoria

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El expresidente Álvaro Uribe debe acudir a la Corte Suprema de Justicia para responder por omisión cuando, siendo gobernador de Antioquia, se registró la tragedia de El Aro, corregimiento de Ituango, exactamente ocurrida el 22 de octubre de 1997. Aseguran que fue la crónica de una muerte anunciada —hubo 15 asesinatos— y el mandatario no hizo nada.

Ha sido mucha la desgracia de ese corregimiento, víctima de la violencia paramilitar que aún no se aclara. A propósito de El Aro, recuerdo al presidente Rafael Núñez, quien antes de llegar a la primera magistratura fue secretario del Tesoro —así se les llamaba a los ministros— del general Tomás Cipriano de Mosquera. Entonces no era tan conservador, como lo fue después, tanto que se enfrentó al clero para defender la ley de desamortización de los bienes de manos muertas. A pesar de que no la firmó, le correspondió ser el ejecutor de la medida.

Todavía no aparecía doña Soledad en su corazón ni en su poesía, ni había probado la Kola Román, pero ya había dejado en Panamá a su esposa legítima, Dolores Gallego. Se enredó con Gregoria de Haro, tanto que ella lo prefirió a su segundo marido, Walter Logan, a quien dejó. Esa relación duró tanto, que la pareja viajó a Estados Unidos y Europa, en donde pernoctaron 12 años, muy bien aprovechados por él no solo en las labores del amor, sino en el estudio de la cultura del Viejo Continente.

Su convivencia con doña Gregoria, cuando era funcionario de Mosquera, dio para que Germán Gutiérrez de Piñeres, compañero de Joaquín Pablo Posada, conocido como el “Alacrán”, le compusiera este versito sobre los gastos en que incurría el alto funcionario de Mosquera:

“No es doña Gregoria Haro / la que cuesta tan caro / al Tesoro Nacional; / es el aro de Gregoria, / ciudadano general”.

Aquel era un aro muy distinto al que desde hace 23 años tiene muy enredado a quien ha querido emular, sin éxito, al presidente Núñez.

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