La instrucción que se lanzó es clara: la unidad del Centro Democrático no puede estar en duda. Eso fue lo que, a través de diversos canales, le hizo saber el expresidente Álvaro Uribe Vélez a toda la militancia de su colectividad luego de los ruidos que se desataron tras el reto que impuso la pareja que conforman la senadora María Fernanda Cabal y el dirigente ganadero José Félix Lafaurie al buscar consolidar una disidencia en el seno de esta fuerza de oposición.
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El exmandatario tensó las riendas para esquivar posibles pérdidas de apoyo a quien es la candidata presidencial del uribismo, Paloma Valencia, cuya campaña –en todo caso– tiene una carta a favor en medio de toda esta polémica interna que el jefe máximo de la colectividad está intentando mitigar: mostrarse con más moderación.
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El Espectador estableció, por diversas fuentes que conocen de las intimidades de una colectividad que busca, vía urnas, recuperar parte del poder que perdió con la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia, que las dos vertientes que se ven internamente, la del llamado al orden del máximo líder y la de los ruidos de escisión, de alguna manera se conectan y tienen un fin electoral.
En efecto, que Uribe le hubiese hecho saber a su cúpula directiva y por ahí derecho a sus bases que lo que se tiene que hacer es mostrar fortaleza de cara a las elecciones del 8 de marzo, cuando se votan las consultas y se elige a un nuevo Congreso, tiene como fin evitar que los votantes de derecha e incluso los de centro-derecha que está buscando no se queden a medio camino y terminen yéndose hacia otras toldas.
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La situación se ha abordado en los diálogos programáticos que se han dado en las últimas 72 horas y, si bien no genera mucha preocupación por la base dura que sigue al expresidente Uribe y vota en línea con sus parámetros, tiene como colofón de fondo que la aspiración de Valencia se vea fuerte.
La misma senadora y candidata se los dijo a reporteros de este diario, aunque con ciertos matices. “La escisión está por fuera de cualquier consideración; nosotros tenemos un partido unido, sólido y estamos convencidos de que todos entienden que el propósito es defender a Colombia, ganar las elecciones y volver a poner este país en el rumbo del clima económico y las posibilidades reales de desarrollo que necesita”.
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Estas precisiones se dan porque la figura de escisión que pidieron Cabal y Lafaurie implica que se les autorice armar “rancho aparte” para salir del partido sin ser expulsados o tener que renunciar; esto último toca con más fuerza a la senadora que al dirigente ganadero, pues si sale por una vía distinta a la disidencia tendría que entregar la curul que logró en 2022 con más de 200.000 votos.
Pero ahí entra en juego la otra carta de la apuesta del principal partido de oposición. En efecto, la eventual salida de quien es considerada la voz más a la derecha de la colectividad hace que el intento de llevar a Valencia hacia el centro del espectro político cobre fuerza. La apuesta está en que la moderación verbal y programática de la candidata impulse ese propósito de “centralizar” a la aspirante, por lo que, al abrirse espacio con las posturas de Cabal y su sector, se evite que la metan dentro de los extremos.
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Es una apuesta similar a la que se usó en 2018 cuando el ahora expresidente Iván Duque fue revestido de centro y logró abrirse espacio en la centro-derecha hasta conquistar el poder. Incluso, algo similar hizo el mandatario Petro, quien en 2022 se ubicó en la centro-izquierda para rodearse de sectores menos radicales y llegar al poder; ya en el liderazgo desde la Casa de Nariño la historia en ambos casos cambió.
Ahora, en este 2026, hay una línea fina que se sigue analizando, pues Cabal y Lafaurie no han declinado su respaldo a Valencia pese a sus coqueteos con la aspiración de Abelardo de la Espriella, quien sí está en el lado extremo de la derecha.
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Incluso, dentro de la Gran Consulta por Colombia hay una suerte de división por ese candidato. Mientras Paloma Valencia y Juan Carlos Pinzón han dicho que sí aceptarían alianzas con el también abogado, el resto de los integrantes de esa agremiación política –Vicky Dávila, David Luna, Juan Daniel Oviedo, Juan Manuel Galán, Aníbal Gaviria, Enrique Peñalosa y Mauricio Cárdenas– le han cerrado la puerta a esa posibilidad.
No obstante, incluso en el seno de esa coalición, Valencia se intenta alejar de lo extremo de su tendencia y por eso apuesta por intervenciones públicas y debates con menos fogosidad verbal. El principal rival que ven en las urnas, el candidato Iván Cepeda –el ungido de la izquierda pura para buscar la reelección inmediata de la izquierda–, tiene un tono más moderado que, según las encuestas de este 2026, le dan el liderazgo en la intención de voto.
Pero desde la derecha no dejan de graduarlo como el foco a ser vencido. “Para el Centro Democrático la seguridad tiene que ir acompañada de una gran recuperación de la inversión privada y del avance en políticas sociales, todo lo cual exige un estado pequeño, austero y transparente para que los recursos alcancen”, dijo hace poco Uribe, lo cual es contrario a la visión de Estado del petrismo.
En todo caso, y de forma paralela, en la derecha se sigue moviendo De la Espriella para ganar espacios con su postura de outsider. Esta misma semana, mientras el uribismo apretaba las tuercas de su militancia, el abogado se quedó con el apoyo en Antioquia del Creemos del alcalde Federico “Fico” Gutierrez, aunque no logró el respaldo público de quienes rodean al gobernador Andrés Julián Rendón; este último tiene carné del Centro Democrático y por eso su grupo está con Valencia.
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A todo esto hay que sumarle que en estas fuerzas de oposición están pendientes de qué decisión toma el Consejo Nacional Electoral (CNE) frente a la aspiración de Iván Cepeda en la consulta del Frente por la Vida, pues hay dudas jurídicas por venir de un proceso similar realizado en octubre pasado cuando, vía urnas, se quedó con la aspiración presidencial de la izquierda.
Varias voces dicen que, si le ponen freno, podría terminar “victimizándose” de cara al electorado y recibir un aire político; y otras que prefieren, por lo mismo, que el CNE le dé el sí a su inscripción. En todo caso hay expectativa, pues Uribe sabe que la campaña requiere de un enemigo directo para enfrentar en las urnas y Petro, su némesis ideológica, va de salida y no estará en los tarjetones del 31 de mayo (primera vuelta presidencial). Las fichas siguen moviéndose.
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