
Donald Trump presentará hoy martes, ante el Congreso de Estados Unidos, la determinación de los principales países productores o de tránsito de drogas ilícitas, lo que incluye la lista de naciones que, a juicio de ese gobierno, han incumplido durante los últimos 12 meses sus obligaciones en la lucha contra el narcotráfico. La decisión mantiene nerviosos a varios diplomáticos colombianos en Washington, al igual que a funcionarios que despachan en oficinas del Ejecutivo en Barranquilla y Bogotá.
Desde que asumió el poder, hace 39 días, el presidente Abelardo de la Espriella ha intentado enfocar esfuerzos para demostrarle a su aliado norteamericano que dará un giro en la política de seguridad para combatir esta economía ilícita y a los grupos criminales que la mueven. La fórmula ya es conocida: el ingreso al Escudo de las Américas, bombardeos, extradiciones (van 73 firmadas), operativos contra importantes cabecillas, fumigación de cultivos y la desarticulación de la llamada “paz total”.
Este mismo lunes, la embajadora de Colombia en ese país, María Consuelo Araújo, se reunió con la enviada especial para el Escudo de las Américas, Kristi Noem, para hablar de fortalecer los esfuerzos desde ambas orillas contra las organizaciones narcoterroristas y promover la seguridad y estabilidad necesarias para impulsar la inversión, el crecimiento y la prosperidad.
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En la administración de Trump reconocen el cambio de estilo y agregan que es cierto que la descertificación de hace un año fue muy clara en señalar la responsabilidad del mandatario de entonces. “Bajo el liderazgo del presidente Petro, el cultivo de coca y la producción de cocaína alcanzaron máximos históricos, mientras que el gobierno colombiano no logró cumplir ni siquiera sus propios objetivos, ya considerablemente reducidos, de erradicación de la coca, socavando años de cooperación mutuamente beneficiosa contra el narcoterrorismo”, se lee en el mensaje que el magnate republicano le envió al Congreso ese 15 de septiembre.
Sin embargo, pese al guiño de Estados Unidos con la visita del secretario Marco Rubio a Barranquilla, ese gobierno no tiene entre sus planes flexibilizar las condiciones de la certificación. De hecho, como se reportó en varios medios internacionales, Rubio llegó a Colombia con un mensaje claro de Trump a De la Espriella: erradicar cultivos, perseguir a los capos de la cocaína y demostrar ambas cosas con resultados.
En los llamados Acuerdos de Barranquilla quedó consignado el compromiso de Colombia de someterse a nuevas metas e indicadores en la materia, esto mientras Estados Unidos respalda la compra de aviones, escudos antidrones, sistemas de ciberseguridad y en general nuevas capacidades militares a través del Plan Patriota Siglo XXI.
El cambio de estilo contra las cifras de la certificación
No hay duda del comienzo de una nueva etapa en la relación bilateral entre Estados Unidos y Colombia. Trump respalda a De la Espriella y, de hecho, según Rubio, es “fanático de El Tigre”. Sin embargo, la certificación antidrogas se basa en datos y, de acuerdo con lo declarado por el propio secretario de Estado en Barranquilla, “la determinación se hace sobre las actividades que ocurrieron el año pasado”.
A este punto el país llega con aproximadamente 261.000 hectáreas sembradas con hoja de coca. Además, aparece el dato que ubica a Colombia como el mayor productor de cocaína del mundo, con cerca de 3.708 toneladas en el último año medido, el 2023. De acuerdo con el Ministerio de Defensa, la erradicación manual cerró 2025 en 8.051 hectáreas, 14 % menos que en 2024.
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Ahora bien, en medio de la gestión diplomática del gobierno De la Espriella ante Estados Unidos, algunos funcionarios han sacado a relucir datos de lo logrado en las primeras semanas de mandato. Entre los puntos a destacar aparecen las más de 1.300 hectáreas erradicadas, cerca de 50 toneladas de narcóticos incautadas y las 62 infraestructuras utilizadas para el narcotráfico que fueron inhabilitadas en los primeros 15 días tras el 7 de agosto.
La administración quiere potenciar estos resultados con la puesta en marcha de las fumigaciones aéreas con glufosinato de amonio; sin embargo, se enfrenta a la decisión de un juez de frenar el mecanismo. “Respetar una decisión no significa renunciar a controvertirla (…) Pero una cosa muy distinta es sustituir al gobierno, al presidente o al mando militar en la conducción operacional del Estado”, contestó el presidente De la Espriella.

“Estas acciones todavía no revierten los indicadores estructurales acumulados, pero sí muestran un cambio de trayectoria en voluntad política, intensidad operacional y cooperación bilateral”, señaló en un informe reciente la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham).
Para la Casa Blanca, la estrategia debe ir más allá, pues se espera que, además de reducir el cultivo, se desarticulen las redes criminales que se benefician de este, lo que implica encontrar y desactivar las redes financieras y de lavado de activos. En este punto, Colombia le ha hecho saber a Estados Unidos que necesitan una cooperación más allá del aspecto militar, para que así se pueda hablar de una lucha conjunta contra el narcotráfico.
En Washington, Bogotá y Barranquilla creen que la decisión de la administración Trump se mueve entre retirar la designación negativa, lo que sobre todo sería leído como un voto de confianza, o mantenerla con las salvedades de los cambios alcanzados en los últimos días, que implica reconocer las cifras, pero dar un guiño a la nueva etapa de la relación bilateral.
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“La verdadera decisión no parece estar entre cooperación y ruptura, sino entre reconocer el cambio de trayectoria o exigir un año adicional de resultados antes de retirar la designación negativa. La variable decisiva será cuánto peso otorgue Washington a los resultados heredados frente a las nuevas señales de voluntad política y ejecución”, resaltó AmCham.
Así las cosas, este martes se verá la primera gran prueba de fuego de la relación De la Espriella-Trump, que por otra parte tiene pendientes los asuntos arancelarios, nuevas reglas migratorias y el flujo de inversión para la reconstrucción del país tras el terremoto del 10 de agosto. El presidente colombiano no tiene planeado tomar las riendas de estos temas directamente, pues ha descartado viajar. Sin embargo, su embajadora ya adelantó varias de las gestiones claves y su vicepresidente, José Manuel Restrepo, intentará consolidar varias de las buenas intenciones en su visita de la próxima semana a Naciones Unidas.
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