30 May 2021 - 2:00 a. m.

El escenario electoral a un año de la primera vuelta presidencial

Sigue creciendo la lista de precandidatos y el ambiente de turbulencia social por el paro nacional alimenta la polarización política. Lo que se ve, por ahora, es una enconada lucha de los extremos, mientras el centro trata de abrirse camino en la tormenta.

El calendario electoral marca la fecha del 29 de mayo de 2022 para la realización de la primera vuelta de la elección presidencial; también, que el 29 de enero comienza oficialmente la campaña. Sin embargo, bien se puede decir que esa campaña comenzó en junio de 2018, desde el instante en que Gustavo Petro, en su discurso reconociendo el triunfo del hoy presidente, Iván Duque, en la segunda vuelta, le notificó al país que intentaría de nuevo llegar al poder: “Somos indestructibles e inderrotables. La Colombia Humana vive y solo falta un paso. Algún día, muy pronto, entraremos a la Casa de Nariño”, dijo. O cuando tres meses después, y pese a haber dicho en un principio que no volvería a aspirar, Sergio Fajardo abrió la puerta a otra candidatura, anunciando que recorrería el país para construir su propuesta.

Desde ese entonces, al partidor presidencial se han ido sumando nombres de todos los colores políticos y las coaliciones están a la orden del día. Tan es así que a estas alturas y teniendo como telón de fondo el actual escenario de crispación social que vive el país, la lista suma más de cuarenta precandidatos, número que se estará decantando el 7 de noviembre, fecha de las consultas internas. Lo cierto es que en estos momentos tenemos Coalición de la Esperanza, en la que figuran Fajardo y otros nombres con incidencia nacional, como Humberto de la Calle, Ángela María Robledo, Juan Fernando Cristo, Jorge Robledo y Juan Manuel Galán. Está también el Pacto Histórico de Petro, al que se sumó Roy Barreras y en el que estaría Alexánder López, del Polo.

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Tenemos igualmente la alianza regional de los exalcaldes y exgobernadores: Álex Char, Dilian Francisca Toro, Luis Pérez, Federico Gutiérrez y Enrique Peñalosa, entre otros. O la apuesta de los liberales socialdemócratas, en la que aparecen los senadores Luis Fernando Velasco, Rodrigo Lara y Temístocles Ortega, por nombrar algunos. Hablando de coaliciones, la centro-derecha —representada por el Centro Democrático, los conservadores, la U y los cristianos— mueve también sus fichas y cada quien habla de procesos internos de escogencia de candidatos, apuntando a una posterior unidad en torno a un solo nombre. En esa misma estrategia andan el Partido Liberal, que ve en Alejandro Gaviria a su más fuerte carta (solo que primero debe convencerlo de que se lance) y la Alianza Verde, que espera surtir su debate interno para sumarse con los de la Esperanza.

Y ni qué decir de los independientes, a los que esta semana se agregó el nombre de Miguel Ceballos, excomisionado de Paz, quien se fue del Gobierno peleando con el uribismo y anunciando una cruzada para recoger las firmas que avalen su candidatura. Por cierto, hablando del uribismo, sin duda la decisión de la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, de asumir la Cancillería, cancelando cualquier aspiración electoral, deja un espacio que otros querrán ocupar, lo cual implica, de paso, ganarse el guiño de su máximo líder, el expresidente Álvaro Uribe. Que se sepa, en esas andan Rafael Nieto, las senadoras Paloma Valencia y Paola Holguín, y el representante Edward Rodríguez, quienes han dicho que quieren ser presidentes, aunque se les podría atravesar nada más ni nada menos que Tomás Uribe, hijo del exmandatario, quien sigue parado en el no, pero al que algunos le siguen endulzando el oído.

Un año es demasiado y se tendrán que decantar muchas cosas. Incluso no solo en lo político sino hasta en lo judicial, pues, como se sabe, la Fiscalía le imputó cargos a Sergio Fajardo por presuntas irregularidades en la celebración de un contrato de sustitución de deuda, lo que podría sacarlo de la carrera presidencial. Por ahora, las encuestas muestran a Petro punteando, con más del doble de ventaja sobre Fajardo y los demás. Lo que se ve hoy, en medio de las protestas que arrecian —con bloqueos y actos irracionales de vandalismo— y los bandazos que da el gobierno Duque, revirtiendo acuerdos y sin lograr resultados en el diálogo con el Comité del Paro, es un panorama de extrema polarización política, sin tregua a la vista.

Así, Colombia entra en un año político definitivo, en medio de voces que hablan de defensa de la institucionalidad por encima de todo, incluyendo los derechos humanos, y otras que reclaman por los desbordes de la fuerza pública en el control de las manifestaciones.

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“La gran pregunta es si van a ganar los extremos o si logra imponerse una versión más de centro, como tenemos evidencia de que puede ocurrir. Las elecciones regionales de 2019 lo demostraron y sobresalieron por un electorado más interesado en opciones de centro”, señala la profesora Angelika Rettberg, del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, al hacer una lectura del actual panorama político electoral. En ello coincide Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario, quien advierte que persiste un contexto de incertidumbre y, aunque es “atrevido” hacer previsiones, mucho de lo que pase de aquí a 2022 dependerá de la coyuntura del paro nacional.

En esa línea, Basset asegura que la variedad y multitud de precandidatos que hoy figuran en la palestra se explica porque “algunos piensan que tienen posibilidades y el hecho de que Iván Duque haya resultado electo en 2018, sin tener mucha experiencia política, despertó ambiciones en muchos políticos. Eso sí, no se ven precandidatos viables hoy día”. Para Rettberg, esa pluralidad es una evidencia de que hay mucho por definirse todavía y que la gran proliferación de nombres obedece, más allá de una pretensión real por llegar a la Casa de Nariño, al interés de algunos por “quererse posesionar, no solo para elecciones, sino para otros cargos. Ser precandidato les da poder para medirse, para aspirar a determinados puestos y ganar cierto poder regional”.

Por otro lado, el que Petro siga punteando en las encuestas, mientras el uribismo pierde adeptos, implica, según la profesora, que existe una división entre el Centro Democrático y el Gobierno, “lo que dificulta las aspiraciones del uribismo, pues depende de que a Duque le vaya bien en su último año de mandato; algo difícil no solo por el paro, sino por la frustración de la gente con la pandemia”. En este sentido, advierte que si bien es bueno para Petro liderar las encuestas, eso también hace que desde ya sus opositores y los electores que le temen se preparen para irse con toda a vencerlo en las urnas.

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“No estoy segura de que para él sea conveniente ser tan líder de la carrera cuando faltan tantos meses todavía y hay tantas cosas que pueden ocurrir. Hay muchos sectores que están nutriendo el miedo a Petro, que siguen con el cuento del castrochavismo y Venezuela para resaltar los problemas que implicaría su eventual gobierno”, advierte Rettberg, mientras que Basset recalca que el predominio hoy del senador de la Colombia Humana responde a que, como hay tantos candidatos, él es el único que por ahora parece firme y con respaldos: “Como es el único que tiene este estatus incontestable de candidato de un sector claramente definido, aparece como el favorito en las encuestas y es uno de los que se benefician de este paro que debilita al Gobierno”, concluye.

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