El gobierno de Abelardo de la Espriella le dió un giro total a las relaciones diplomáticas durante su primera semana en el poder. Estados Unidos e Israel se posicionaron como socios clave de la estrategia que lideran el canciller Omar Bula y el vicepresidente José Manuel Restrepo bajo las órdenes del jefe de Estado. La ruta cambió de dirección, pues se dejó atrás a la primera administración de izquierda pura y ahora Colombia se sumó a la ola de gobiernos de derecha en América Latina. Los nombramientos de embajadores y de delegados ante organismos multilaterales trazaron la ruta de ese viraje.
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La administración de la “patria milagro” llegó marcando distancias y tendiendo nuevos puentes. Se restablecieron relaciones con el Israel de Benjamin Netanyahu, se anunció la ruptura de cualquier vínculo con las dictaduras de Cuba y Nicaragua y –entre otros pasos– se priorizó el fortalecimiento de las alianzas con Washington. Aquí es clave la lucha contra el narcotráfico a través de la iniciativa que Donald Trump bautizó como Escudo de las Américas y a la que Bogotá se sumó esta semana.
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Entre tanto, se ve a los países de Europa como aliados estratégicos, pero no dentro de la línea fuerte que ya se estableció con la Casa Blanca y que dejó en un plano distinto a la China de Xi Jinping. Todo esto se mueve en un tablero geopolítico cargado de aspectos esenciales que toman relevancia mientras el Ejecutivo atiende la crisis derivada del terremoto del pasado 10 de agosto, que deja casi 300 muertos. Ante las necesidades humanitarias, la comunidad internacional respondió. ¿Qué quiere De la Espriella en su relacionamiento a nivel global?
Estados Unidos: amigos de nuevo
Colombia y Estados Unidos en este 2026 sumaron 204 años de relación; sin embargo, bajo la administración pasada se marcaron las distancias. El mensaje de De la Espriella es claro: se pulen las diferencias, se trabaja en conjunto y se fortalece la alianza.
Por un lado, está la integración de Colombia a la Coalición de las Américas contra los Carteles (A3C), en el marco del Escudo de las Américas. Según el ministro de Defensa, Jorge Mora, esta decisión “reafirma el compromiso de una respuesta hemisférica coordinada frente al terrorismo y el narcotráfico”. En esta misma línea, Pete Hegseth, secretario de Guerra de ese país, confirmó la respuesta positiva a la “invitación” de De la Espriella para “profundizar la planeación, coordinación y ejecución de operaciones contra amenazas comunes en el hemisferio”. Aunque el Ejecutivo aún no ha precisado el alcance de esta propuesta, podría representar un fortalecimiento en la cooperación en torno a inteligencia, tecnología, entrenamiento y planeación. Esto no implica la presencia de militares estadounidenses como fuerza combatiente en Colombia, pues una decisión de ese alcance debe ser autorizada por el Congreso. A este escenario se suma el apoyo de Washington para una eventual renegociación de las condiciones del contrato con el que se le compraron a Suecia 17 aviones Gripen. Un expediente en desarrollo en el Departamento de Justicia es clave.
Las restablecidas alianzas con Israel, ¿qué pasa con Oriente?
El gobierno anunció desde los días de campaña que el restablecimiento de las relaciones con Israel sería un hecho. Y desde el pasado 7 de agosto esto comenzó a andar. Aunque este vinculo se rompió bajo la administración del expresidente Gustavo Petro por las denuncias que existen contra ese país por genocidio debido al conflicto en Gaza, De la Espriella retomó los lazos y ya lo posiciona como un aliado estratégico en materia de armamento, inteligencia y tecnología.
“Se trata de volver a la coherencia, efectivamente, y al sentido común, al valor de la familia, al valor del libre mercado, al valor de la razón. Es todo lo que viene de Occidente y que estamos dejando atrás”, le aseguró el canciller Bula a El Espectador. En ese sentido, Larry Gumbiner, exdiplomático estadounidense, dijo que “De la Espriella va a estar al lado de Israel y de los países árabes conservadores”. En este grupo están –entre otros– Arabia Saudita, Kuwait y Catar.
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En ese sentido, luego de que el Estado colombiano reconociera la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, un territorio sirio que está bajo ocupación –según la Organización de Naciones Unidas (ONU)–, La Liga Árabe, Egipto, Arabia Saudita, Turquía y Siria manifestaron reparos respecto a una decisión diplomática en la que De la Espriella se sumó al único país que había dado ese paso: Estados Unidos. Además, el Gobierno tiene previsto –desde antes del 7 de agosto– cerrar las embajadas en Argelia, Azerbaiyán, Ghana, Hungría, Malasia y Sudáfrica bajo un concepto de austeridad en el uso de recursos públicos.
La clausura de la sede en Pretoria se conecta al nuevo diálogo con Netanyahu, pues ese país promovió una de las denuncias por genocidio que en su momento apoyó Colombia. Además, el nuevo Ejecutivo moverá a su representación diplomática hacia Jerusalén. No obstante, la comunidad árabe apoyó a Colombia en la atención a la crisis del terremoto; Emiratos Árabes Unidos donó USD 10 millones.
Latinoamérica: rupturas y acercamientos
De la Espriella ya mostró la ruta en la región. No va más el lazo con la Nicaragua de Daniel Ortega y la Cuba de Miguel Díaz-Canel bajo la premisa de que “no habrá vínculo alguno con tiranías”. Además, se marcó una distancia, por lo menos de manera ideológica, con el Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva y el México de Claudia Sheimbaum, mientras que se potenció el diálogo con los gobernantes de derecha que rigen en Ecuador (Daniel Noboa), Argentina (Javier Milei), Chile (José Antonio Kast), El Salvador (Najib Bukele) y, entre otros, Paraguay (Santiago Peña). Y la relación con la Venezuela de Delcy Rodríguez se reforzará, en la medida en que el control lo tiene Washington.
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El giro fue de 180° y despidió la articulación absolutamente contraria que había preferido el expresidente Petro, quien se inclinó por poner el foco hacia la izquierda. “De la Espriella va a seguir un populismo de la derecha que está basado más en relaciones bilaterales que en organismos multilaterales, que favorece la fuerza en vez del diálogo, y que impulsa el libre comercio y un ambiente amigable para la inversión y flujos de capitales”, aseguró Gumbiner.
China: la tensión y el poder económico
Hablando de amores y odios, la relación de Colombia con China está marcada por la tensión que genera Estados Unidos en esta ecuación y por los beneficios que recibe Colombia de este socio comercial. Así lo aseguró Nate Morris, el nominado de Trump para ser embajador en Bogotá, quien aseguró hace una semana que la administración de De la Espriella “ha hecho saber su compromiso de salirse del memorando de entendimiento” que se suscribió para estar en la Franja de la Seda que promueve Pekín. “Todas las naciones deben decidir si hacen negocios con nosotros o con China”, agregó. Sin embargo, eso no implica el cierre de puertas al diálogo con el gigante asiático, sino llevarlo a una suerte de nivel tradicional.
De acuerdo con un reciente informe del DANE, las importaciones desde China representaron un 28,6 % del total de estos movimientos. Y si bien la cifra corresponde a los primeros cinco meses de este 2026, sí evidencia el peso comercial de ese país. Por eso, el reto está en cómo maniobrará el Gobierno cuando su principal socio, Estados Unidos, ve ese tipo de alianzas en clave de “amenaza” en la región.
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“La relación con China va a ser muy pragmática también. Las cosas que nos convengan serán claves y revisaremos las que no nos convengan. Obviamente, la relación con Estados Unidos y China tendrá que ser diferenciada”, precisó en un diálogo reciente con este diario el canciller Bula.
Los nombres de la estrategia diplomática
Detrás del nuevo despliegue diplomático y de los altos mandos que indican cuál es el camino, están las fichas elegidas por el Gobierno para representar al país ante otras naciones y organismos multilaterales. Estos nombres van llegando a confirmar la nueva estrategia diplomática y se dan en medio de la declaratoria de insubsistencia de los embajadores ante Trinidad y Tobago, Suecia, Haití, Turquía y Paraguay debido a que no renunciaron al término de la administración de Petro.
Hasta el momento van cuatro personas oficialmente designadas como embajadoras y una que suena para uno de esos cargos. En Venezuela está Jorge Jaller, empresario con varios años de experiencia en el manejo del Grupo Éxito; al Reino Unido llega Miguel Uribe Londoño, excandidato presidencial y padre del asesinado senador del Centro Democrático Miguel Uribe Turbay; en España aterriza Carlos Felipe Mejía, un político cercano al uribismo; y, por último, para México va Mauricio Tobón, empresario antioqueño que se ha mantenido cerca al proyecto político del presidente. Además, para la embajada de Israel suena Tatiana Gilinski, hija de Isaac Gilinski; este último ya fue embajador en ese país durante los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos.
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A estos nombramientos se suman los puestos en los organismos multilaterales –ampliamente criticados por De la Espriella durante la campaña–. En la Organización de los Estados Americanos (OEA) está el exprocurador Alejandro Ordóñez, quien se opuso a los acuerdos de paz con las Farc y mantiene una tendencia conservadora. Y en la ONU, De la Espriella designó a Mauricio Gaona, abogado constitucionalista que estará “encargado de impulsar consensos internacionales para proyectar las transformaciones que fortalezcan a la patria milagro, redefinir la visión global sobre nuestro país”.
Si bien De la Espriella planteó la posibilidad de salir de esos organismos, paso que necesariamente debería tener el visto bueno del Congreso y la Corte Constitucional, el hecho de que designa embajadores también es un giro a sus propias propuestas.
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