Las últimas 72 horas en el Gobierno del presidente Gustavo Petro han sido una suerte de acuartelamiento por los efectos que de forma silenciosa se están comenzando a sentir en territorio colombiano tras la caída del dictador Nicolás Maduro en Venezuela luego de una intervención armada de Estados Unidos. Si bien la seguridad y el componente humanitario son los temas claves, el impacto en materia electoral a nivel interno también se ha hecho evidente.
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La razón es que la Casa de Nariño venía girando su discurso público hacia la necesidad de darle continuidad a las políticas de izquierda que se vienen implementando hace tres años largos, para lo cual la soberanía y los lazos regionales eran determinantes. Eso explica por qué el jefe de Estado siempre negó la existencia del Cartel de los Soles y aseguró que la inteligencia colombiana no tenía información sobre la relación del ahora capturado con el narcotráfico.
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Además, es el motivo por el que solo hasta hace algunas semanas comenzó a hablar de dictadura en ciertos escenarios al referirse al régimen de Caracas, pese a que nunca rechazó con fuerza el robo electoral de mediados del año pasado con el que Maduro buscó reforzar su permanencia en el Palacio de Miraflores. Todo eso tuvo un costo externo, al punto que las relaciones con Estados Unidos se deterioraron y llevaron a que Petro, la primera Dama, Verónica Alcocer, el ministro del Interior, Armando Benedetti, y el primogénito del mandatario, Nicolás Petro, terminaran en la lista Clinton por supuestamente beneficiar a narcotraficantes a través de la estancada paz total.
Pero internamente su base electoral se ha mantenido firme. En efecto, el presidente Petro ganó el 19 de junio de 2022 en segunda vuelta al sacarle 700.000 votos de diferencia al ahora fallecido Rodolfo Hernández, lo cual le sirvió de base para formar un gobierno amplio de voces, pero con el paso del tiempo y ahora en su epílogo terminó rodeado de quienes no contradicen sus posturas así haya motivos para hacerlo. Eso, en todo caso, hace que su imagen favorable esté por encima del 30 % (Invamer) y que busque caminos para “heredar” ese apoyo; el ungido del continuismo actual es el senador Iván Cepeda.
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Ese contraste entre lo interno y la política exterior llevaron a que el mandatario ordenara desplegar varias medidas, pues si bien la cercanía ideológica con el ahora depuesto Maduro le daba margen de diálogo con la dictadura y además viabilidad de ondear la bandera de la soberanía para buscar un protagonismo regional, la caída del dictador tras la invasión ordenada por el magnate republicano Donald Trump sacudió el tablero geopolítico en el que se venía moviendo.
Un ejemplo de eso es que la sesión extraordinaria y virtual de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que se realizó este 4 de enero por petición de Colombia (país que la preside) y Brasil, terminó sin ningún acuerdo entre los 33 Estados miembros para rechazar la operación militar de Washington sobre Caracas. Varios países, como Cuba, Nicaragua y Venezuela exigieron la liberación de Maduro y respaldo para sus posturas, pero otros —como Argentina, Ecuador y Panamá— se movieron para frenar esa intención.
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El siguiente pulso regional podría darse este lunes, ya que Bogotá pidió que este 5 de enero se reúna el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para analizar lo que sucedió en la madrugada del sábado en Caracas. Colombia entró en este 2026 a esa instancia y tiene a su delegación en Nueva York moviéndose con fuerza para buscar que haya sesión. “América Latina debe emanciparse de nuevo”, ha reiterado Petro durante estas agitadas 72 horas.
Pero desde los palacios de Nariño y San Carlos le reconocieron extraoficialmente a El Espectador que se le ha pedido al mandatario que evite una nueva confrontación directa con Trump, lo que explica por qué —contrario a otras veces— sus mensajes para rechazar la “intervención gringa” han sido en clave de la defensa de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, aunque siempre manteniendo la diplomacia por delante. Eso sí, sin ambages, advirtió que lo sucedido en Caracas fue un bombardeo que derivó en el “asesinato” de al menos 80 personas; el mandatario estadounidense dijo que su homólogo colombiano debería “cuidarse” por lo que llamó fábricas de cocaína que hay en territorio nacional. Y este domingo agregó: “Colombia está gobernada por un enfermo, pero no lo va a seguir haciendo por mucho tiempo”.
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Otro asunto que se ha venido delineado con cautela en el alto Gobierno, y que se tocó en los dos consejos de seguridad extraordinarios del 3 de enero y de forma tácita en la instalación del puesto de mando unificado que se desplegó en Cúcuta para monitorear los más de 2.200 kilómetros de frontera común, es la forma en que la oposición utilizó todo este escenario —apoyando a Trump— para darle aire a su propuesta electoral para el 2026.
La primera cita a urnas clave este año es el 8 de marzo, cuando se elige a un nuevo Congreso, y la izquierda y la derecha buscan hacerse a las mayorías, por lo que el relato sobre la situación venezolana cobra protagonismo. Los primeros advierten que darles el poder a los segundos es validar las invasiones como forma de solución de problemas internos, pero la respuesta que reciben es que de seguir con lo que representa la actual Casa de Nariño es llevar a Colombia a la misma crisis que desde 1999 se incubó en Venezuela con la llegada ese año de Hugo Chávez al poder; Maduro le heredó el régimen en 2013.
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Y hacia donde gire el electorado en estos tres meses antes de esa cita a urnas, a la cual le sigue la primera vuelta presidencial el 31 de mayo, depende mucho de cómo se enfrente los que ya está pasando en Colombia por la caída de Maduro en Venezuela. Por un lado, fuentes de inteligencia emitieron alertas por el posible regreso a territorio nacional de estructuras narcotraficantes de alcance binacional como el ELN, la Segunda Marquetalia y otras disidencias; esa es la razón por la que se desplegaron 30.000 uniformados en la frontera y el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, advirtió que se está haciendo todo para evitar “ataques terroristas”.
De otro lado, con la emergencia económica, social y ecológica que el ministro Benedetti dijo se emitirá en cuestión de días para la región limítrofe, se buscan recursos y capacidades para atender una posible ola migratoria. Oficinas de la ONU calculan que cerca de 8 millones de venezolanos han huido del régimen en los últimos años, de los cuales, según cálculos del Gobierno colombiano, unos tres millones llegaron al país.
Si escenarios así se repiten, y en especial en regiones como Norte de Santander que ven cómo su población es golpeada por la guerra entre ELN y Frente 33 —que otra vez deja más de 600 desplazados solo en estas semanas—, los sectores que se disputan el poder en urnas buscarán cómo sacarle partido.
“Lo hecho por Donald Trump es aberrante”, precisó Petro este domingo tras advertir que su administración no reconoció la última elección de Maduro. Esto lo hace para intentar proyectar el papel de mediador que el jefe de Estado del país con la frontera más grande con Venezuela podría tener, pero ahí entra un tercer escenario en juego.
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La juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta en Caracas le da al presidente Petro margen de diálogo con lo que queda del régimen para hablar sobre una eventual transición, pero ni Trump ni su secretario de Estado, Marco Rubio, lo reconocen como interlocutor válido. Eso hace, de acuerdo con fuentes del propio Ejecutivo, que pierda fuerza en esa intención y que otros Estados, como el Brasil de Lula da Silva o el México de Claudia Sheinbaum tomen más protagonismo.
Y lo económico, con una frontera que entre enero y octubre de 2025 permitió intercambios comerciales por USD 961 millones, también entrará en esta ecuación. Trump reconoció que lo que quiere es el control del petróleo venezolano, lo que le permitió a Petro ratificar que la democracia no es el objetivo de Washington.
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Todo esto es el motivo de por qué estos últimos tres días en el alto Gobierno colombiano han sido tan agitados y de paso se convierten en el prólogo de una semana decisiva. La Casa de Nariño con las elecciones en la mira no se quedará quieta, sin descontar que su labor de atención de la crisis no la puede esquivar; y la oposición, con actores como el expresidente Álvaro Uribe que han respaldado las acciones de Trump, busca la forma de capitalizar lo que ha planteado como el inicio de la caída total del régimen.
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