Por primera vez en tres años y seis meses, el presidente Gustavo Petro jugará de visitante y con la mayoría de pronósticos en reserva. Desde que llegó a la Casa de Nariño, el jefe de Estado ha mantenido una agenda hermética y siempre ha controlado con quién habla y en qué condiciones. Este estilo incluso ha resultado en que sus propios funcionarios, con pocas excepciones, tengan acceso restringido a su despacho o deban enfrentar regaños e interrupciones en vivo durante los consejos de ministros televisados.
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Sin embargo, este 3 de febrero no será él quien marque la pauta. Tras un vuelo de casi seis horas, el mandatario entrará el martes a la Oficina Oval, un espacio de 75 metros cuadrados al que Donald Trump, su interlocutor, llega con una caminata de apenas 45 segundos desde su residencia privada. Se trata del mismo lugar en el que el presidente estadounidense ha puesto contra las cuerdas a algunos de sus homólogos, como Volodímir Zelenski (Ucrania) o Cyril Ramaphosa (Sudáfrica). No en vano la prensa de ese país ha rebautizado a ese despacho como el salón de las “emboscadas” o el nuevo escenario de El Aprendiz, reality concurso que el republicano condujo con intransigencia durante 14 temporadas.
El reto del presidente, según asesores de asuntos diplomáticos, expresidentes y hasta sus mismos alfiles, será no caer en las provocaciones de Trump y mantenerse enfocado en que la cita debe ser el primer paso para estabilizar las relaciones con el país del que depende uno de cada cuatro dólares de nuestro comercio. El foco, de acuerdo con estas voces, también debe estar en recuperar la cooperación en materia de seguridad y lucha contra las drogas, por lo cual Petro tendría que marginar de la agenda los asuntos ideológicos, como el caso Venezuela, y los temas personales, pues llega al encuentro, al igual que su esposa (Verónica Alcocer), hijo (Nicolás Petro) y ministro del Interior (Armando Benedetti), estando en la “lista Clinton” por presunta complacencia con el narcotráfico.
“En la actual coyuntura no se trata de desarrollar una narrativa ideológica ni una competencia o confrontación personal con él (...) Trump no dudará en presionarlo con una agenda precisa, que incluya claramente compromisos en extradición, fumigación y en endurecer lenguaje y tratamiento contra los grupos narcoterroristas. La prioridad estratégica debe ser clara: rehabilitar la confianza con el principal socioeconómico y de seguridad del país”, aseguró el expresidente César Gaviria, quien dialogó con Petro en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores.
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Con este panorama, en Palacio, en varios ministerios y en la Embajada de Colombia en Washington cumplen ya tres semanas trabajando milimétricamente en los detalles de la reunión. El Espectador conoció cómo se han movido varios funcionarios de confianza del jefe de Estado, con apoyo de fichas externas –que incluyen a lobistas estadounidenses– para definir los temas a tratar con Trump y no dejar cabos sueltos.
Desde la Casa de Nariño le dijeron a este diario que para el mandatario la reunión es un asunto tan prioritario que ordenó manejar cada punto como “secreto de Estado”. Por esta razón, ningún ministro está autorizado para ser vocero y detalles como el de la comitiva o la agenda en los otros cuatro días de la visita permanecerán en reserva hasta que la delegación esté en suelo estadounidense. La ficha clave en este tejemaneje es el embajador Daniel García-Peña, quien en los últimos días ha estado viajando constantemente entre Bogotá y Washington para perfeccionar el encuentro.
Así se prepara Petro para el cara a cara con Donald Trump
La génesis oficial de estas movidas apunta al pasado 5 de enero, dos días antes de la llamada de 55 minutos entre ambos presidentes. Ese día, el senador republicano Rand Paul, quien abiertamente ha dicho que se debe proteger la relación de “larga data” entre Colombia y Estados Unidos, habló con Trump y lo convenció de la conversación telefónica. Tras el intercambio, el magnate lo hizo oficial: “Agradecí su llamada y su tono, y espero reunirme con él en un futuro cercano. Se están haciendo arreglos entre el secretario de Estado Marco Rubio y la canciller de Colombia. La reunión tendrá lugar en la Casa Blanca”.
Tras ese mensaje publicado en Truth Social, la red del propio Trump, los funcionarios del Gobierno en Bogotá y Washington desplegaron múltiples estrategias para la cita. Sin embargo, cabe anotar que el trabajo para llegar a ese punto inició en forma a mediados de 2025, con los acercamientos del embajador García-Peña con congresistas republicanos y demócratas. Según fuentes del entorno palaciego, aunque ya no está en el Gobierno e incluso anda en campaña presidencial, el excanciller Luis Gilberto Murillo contribuyó en estas gestiones con sus contactos en el Capitolio.
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La tarea tuvo dos importantes catalizadores. El primero llegó a principios de julio, cuando la embajada colombiana firmó un acuerdo por un año que, al cambio de hoy, está en cerca de COP 2.600 millones, con una empresa especializada en relaciones públicas y lobby estratégico. La compañía es DGA Group y se comprometió con el despacho de García-Peña a redactar informes especializados, concretar eventos estratégicos y estrechar los lazos bipartidistas. El contrato terminará el 7 de julio de 2026, un mes antes de que Petro deje el poder.
En los documentos oficiales del convenio también se señala que habrá un especial énfasis en asesorías sobre política de drogas, crisis migratoria y acuerdos comerciales. A esto también se suma una tarea de conexión de la embajada con líderes de opinión y académicos relevantes para la relación binacional. La encargada de liderar este trabajo desde la firma es Nicole Frazier, que de acuerdo con su perfil es “conocida por su enfoque pragmático y tiene experiencia en superar las brechas para impulsar soluciones políticas bipartidistas eficaces”. Además, la estratega es reconocida por haber sido, en el primer mandato de Trump, la mujer afroamericana de mayor rango en la administración.
En la misión diplomática de Colombia en Washington reconocen que este trabajo de lobby fue clave para acercar al Gobierno con los congresistas que al final tendieron el puente con Trump; sin embargo, también señalaron que ni un cabildeo a ese nivel pudo evitar episodios como el de la descertificación, la inclusión de Petro y parte de su familia en la “lista Clinton” e incluso los mensajes en tono de amenaza de Donald Trump.
El otro revulsivo en el proceso fue el jalón de orejas que el mandatario colombiano les hizo a su embajador y a la canciller, Rosa Villavicencio, a finales de octubre del año pasado. “Ni mi propio embajador ni mi canciller (que no tiene visa) hablan con Trump”, dijo Petro durante un consejo de ministros. Desde ese momento, el mandatario les dejó claro a ambos que, a pesar de los enfrentamientos y declaraciones, su intención era hablar con Trump para explicar sus posturas en temas de narcotráfico, migración y energías renovables.
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Los gestos de buena voluntad antes de la reunión
Tras la confirmación de la cita, desde Palacio se convocó a ministros y funcionarios de nivel medio que tienen a cargo los temas claves en la relación binacional para que prepararan datos, balances y cualquier otro insumo clave para la conversación directa. Fue de esa directriz que surgió el viaje del ministro de Defensa, Pedro Sánchez, a Washington, quien junto al embajador hicieron la primera avanzada para este martes.
Aunque fueron ellos los que entregaron declaraciones públicas, al distrito federal también llegaron otros asesores del Ejecutivo que recogieron información crucial sobre los intereses de la Casa Blanca y de otros despachos como los del Departamento de Estado y el Departamento de Defensa. Según conoció El Espectador, tras ese viaje los funcionarios regresaron a Bogotá con una serie de sugerencias para el presidente Petro que también conoce García-Peña. De acuerdo con voces del entorno del jefe de Estado, solo ellos dos saben cuáles recomendaciones serán acogidas.
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En cada uno de los análisis, el tema central fue el de la política de drogas, que parece ser el más importante para Trump y compañía. Consciente de esto, el presidente viajará con un dossier que contiene todos los buenos resultados de sus estrategias de interdicción y sustitución voluntaria. De hecho, según supo El Espectador, la oficina de Sustitución de Cultivos, a cargo de Gloria Miranda, ha sido clave en la preparación.
Desde esa dependencia ya se preparó uno de los regalos que Petro les dará a Trump y a Marco Rubio: una canasta con productos elaborados por familias campesinas que abandonaron el cultivo de hoja de coca. “Durante años sembramos coca porque no teníamos otra opción para sostener a nuestros hijos. No fue una elección, fue una necesidad”, se lee en el mensaje que acompaña las canastas. El detalle también lo recibirán el vicepresidente J. D. Vance; Susie Wiles, jefa de gabinete; y Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca.
La extradición de capos de los grupos armados y narcos también está entre las prioridades de la administración estadounidense, lo que explicaría por qué también, en un gesto que algunos han calificado como de buena voluntad, el presidente le dio luz verde a la extradición de alias Pipe Tuluá, jefe de la banda “La Inmaculada”, y lanzó un ultimátum a alias Araña, cabecilla de los Comandos de Frontera. “Tiene 10 días para demostrar que se cumple el compromiso de erradicar 15.000 hectáreas de cultivos de hoja de coca en el Putumayo”, le dijo, advirtiendo que de lo contrario sería extraditado.
Desde el Ministerio de Justicia -que este fin de semana tuvo un nuevo relevo con la llegada de Jorge Iván Cuervo- también le prepararon a Petro un informe que resalta que durante su gobierno se han firmado más de 600 extradiciones de criminales, de los cuales cerca de 500 eran solicitados por Estados Unidos. De hecho, también existe una respuesta oficial ante las inquietudes por el proceso de diálogo con el Clan del Golfo y los posibles beneficios que recibirían sus integrantes en las llamadas zonas de ubicación temporal. Al respecto, Petro le diría a Trump que los diálogos de la paz total son transparentes y que quienes no se comprometan a fondo terminarán en una cárcel de su país.
El presidente Petro y su comitiva partirán desde Bogotá este domingo; entre tanto, sus asesores insisten en que mantenga la prudencia y el tono conciliador. Varios sintieron que estas recomendaciones no fueron tenidas en cuenta esta semana, cuando el presidente, en dos discursos extensos desde la capital, lanzó fuertes mensajes contra Trump y hasta pidió que Estados Unidos devuelva a Nicolás Maduro a Venezuela. Sin embargo, un día después, desde Panamá, Petro matizó sus palabras, incluso dijo que la prensa lo malinterpretó e insistió en que quiere dialogar con Trump sobre temas como la paz, la libertad, la vida y un “pacto” basado en las energías limpias y no el petróleo.
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Algunos, de hecho, le han advertido que evite declaraciones polémicas como la última que protagonizó en Nueva York, pero al tiempo le han pedido que aproveche espacios académicos, pues, por ejemplo, la Universidad de Georgetown ya lo incluyó en una agenda de conversatorios.
Entre los consejos que le han dado al mandatario también está el de ceñirse a una agenda de máximo tres temas, como usualmente lo pide la Casa Blanca con anticipación, y dejar a un lado las menciones a Venezuela y a la “lista Clinton”. Sobre esto último, expertos señalan que no es conveniente abordar el caso en la Oficina Oval, pues incluso puede ser más productivo buscar otros espacios, durante la agenda de cinco días, para las respectivas solicitudes. Según conoció este diario, la esposa del presidente, Verónica Alcocer, está muy interesada en que durante el viaje se sienten las bases para su retiro de la lista. Lo propio ocurre con el ministro Armando Benedetti, quien ya obtuvo una visa diplomática para hacer parte del viaje.
En todas las orillas políticas, que por estos días están de lleno en la campaña, no le pierden la pista a la reunión. De hecho, tanto derecha como izquierda reforzaron el tema en sus agendas: Abelardo de la Espriella dijo que viajó a Estados Unidos a hacer “cosas importantes de la diplomacia” y “en secreto”, mientras que Roy Barreras, parte de la consulta oficialista del “Frente por la Vida”, quien también se fue a ese país, según dijo, para “extraer el veneno de los odiadores de la extrema derecha”.
Así las cosas, Gustavo Petro se jugará este martes, ante Trump, buena parte del cierre de su administración y de su apuesta electoral, pues un buen balance del encuentro podría despejar inquietudes de algunos sectores sobre su modelo, mientras que un resultado adverso le daría gasolina a la oposición. El mandatario, quien no ha negado su intención de dejar un legado nacional e internacional, e incluso de ser “inolvidable”, volverá de su viaje por Estados Unidos —también estará en la OEA y en algunas universidades— para partir hacia Chile y posteriormente a una expedición por la Antártica.
¿Cómo será la reunión entre Petro y Trump?: Análisis en La Mesa Redonda de El Espectador
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