“Creo que hemos vuelto un poco a la calma, no será permanente ni para siempre, pero hay que mirar lo positivo de lo conseguido”. Sin ser explícito, pero en clara referencia al resultado de su reunión con Donald Trump, el presidente Gustavo Petro, antes de regresar a Bogotá, habló en esos términos de la agenda que desarrolló en Washington durante la última semana. Y en entrevista con El Espectador, desde esa ciudad, lo dijo con estas palabras: “Creo que fue buena la reunión y que habrá más tensiones, pero aprenderemos a convivir en un mismo continente siendo diferentes”.
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Sin embargo, desde la biblioteca Martin Luther King, 48 horas después del encuentro en la Oficina Oval y aún en la capital estadounidense, al mandatario se le vio en otra actitud. Se fue lanza en ristre contra las EPS, los medios de comunicación, la Federación de Cafeteros, la subida de las tasas de interés del Banco de la República, al que calificó de “irresponsable”, y el Consejo Nacional Electoral, al que acusó de querer repartir dinero público a los “amigos” del expresidente Iván Duque luego de que se conociera la decisión que sacó a Iván Cepeda de la consulta de la izquierda.
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Su último discurso en suelo norteamericano, frente a la diáspora colombiana en Estados Unidos y centrado en asuntos domésticos, quedó sin rastro del tono moderado de la introducción, el mismo que caracterizó toda su visita internacional. También hubo algunas críticas a la política migratoria de Trump y comentarios sobre el senador Bernie Moreno, que seguramente no le parecieron graciosos al legislador. No en vano, hoy, el desenlace “positivo” de la reunión con Trump es visto al tiempo como “frágil”, en palabras del excanciller Camilo Reyes.
Por un lado, dice el diplomático, “hay que reconocer el trabajo que hicieron el embajador en Washington, Daniel García-Peña y su equipo, que logró concertar con el Departamento de Estado y la propia Cancillería para darle un marco viable a la conversación. Fue un trabajo muy bien hecho”. Destacó no solo la cordialidad, sino incluso el buen humor que se vio en las imágenes de la reunión. Para él, el encuentro fue una muestra de la diplomacia que “pone énfasis en los procedimientos y las formas para conseguir resultados”. Pero ahora, agrega, “la embajada en Washington y la de Estados Unidos en Bogotá tienen que trabajar en el propósito de cuidar ese resultado y deben hacer seguimiento”.
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Para Lawrence Gumbiner, exdiplomático estadounidense, aunque el resultado no significa que Colombia y Estados Unidos volverán a ser de inmediato los aliados cercanos que fueron en otro tiempo, “la relación ha pasado de estar en el principio de un desastre a ser una relación más normal y respetuosa”. Según él, mientras los dos presidentes estén en el poder “va a haber siempre una sospecha, una precaución en las partes, no confiando del todo el uno en el otro”.
Los gestos para pasar del dicho al hecho comenzaron el mismo martes, día de la reunión: el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, anunció en Washington la extradición hacia Estados Unidos del máximo cabecilla de la banda La Inmaculada, procedimiento que se concretó en la madrugada de ese 3 de febrero; y al día siguiente, el miércoles, se llevó a cabo el primer bombardeo contra el ELN en este gobierno, específicamente en el Catatumbo.
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Casi en simultáneo, el ministro de Defensa habló con El Espectador sobre el principal interés de Estados Unidos en la relación con Colombia: la lucha contra los cultivos de uso ilícito y el narcotráfico. A la pregunta de si volverá el uso de glifosato, reiteró que “el enfoque es una erradicación permanente, que consiste principalmente en la sustitución de las economías ilegales”. Sin embargo, también admitió que “en algunos casos se acompañará de la erradicación forzada en los sitios donde sea imposible realizar la voluntaria. Estamos avanzando en esa línea. Sobre el uso de glifosato u otros elementos, eso dependerá de la evolución de todos estos procesos”.
De regreso en Bogotá, el jefe de la cartera no se había terminado de bajar del avión presidencial cuando ya se estaba anunciando su próxima parada: Ecuador. Con ese país, Colombia sostiene una guerra comercial desatada, precisamente, por asuntos de seguridad en los que, de acuerdo con el presidente Daniel Noboa, Bogotá no colabora. “Se espera llegar a entendimientos en materia de seguridad y defensa, así como acordar pasos concretos para el pleno restablecimiento de los intercambios binacionales en los ámbitos fronterizo, comercial y energético”, explicó la Cancillería, que lideró la visita de alto nivel.
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Ecuador, que en otro tiempo fue un oasis de seguridad en medio de los dos principales productores de coca del mundo, Colombia y Perú, hoy, por cuenta del influjo del narcotráfico y el crimen organizado, es considerado el país más violento de América Latina por sus tasas de homicidio de los últimos años. De acuerdo con el informe de 2024 de Insight Crime, esta nación registró una tasa de 38 homicidios por cada 100.000 habitantes. Y para 2025, según el Ministerio del Interior de ese país, la tasa fue de 51 homicidios intencionales por cada 100.000 habitantes.
Noboa ha culpado a Colombia por no cooperar; impuso aranceles en retaliación, y Colombia, en respuesta, cortó el suministro energético que le ha resultado clave al país vecino, sobre todo en tiempos de sequía. Trump, en la reunión con Petro, se ofreció a solucionar todo el asunto con una llamada, de la que no se ha dicho nada más.
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“La colaboración en materia de narcotráfico parece que está siguiendo, pues vemos el bombardeo contra el ELN como evidencia y la esperanza es que siga con más fuerza el control en ese asunto, e inclusive con más colaboración con Ecuador”, estimó Gumbiner sobre este panorama.
Para Reyes, el hecho de que el secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional de Trump, Marco Rubio, sea de origen latino y que su conocimiento de esta parte del continente venga de su historia personal e intelectual, sin duda, “hizo la diferencia”; es decir, que desempeñó un rol importante en torno a la reunión entre Petro y Trump y la dimensión regional que tomó.
El presidente colombiano le dijo a El Espectador, no obstante, que tanto Rubio como el senador Moreno y el vicepresidente J. D. Vance se mantuvieron algo callados durante la cita en la Oficina Oval. “Estuvieron más bien silenciosos, muy de vez en vez participaron de la reunión y ninguna de sus intervenciones fue en contravía de lo que ya estábamos hablando entre el presidente Trump y yo”, señaló.
Fue después que Petro hizo mofa de que supuestamente Trump no sabía que Moreno era de origen colombiano, lo que el senador controvirtió. En todo caso, es este tipo de comentarios lo que para los analistas puede reintroducirnos en una espiral de declaraciones “desafortunadas”. Reyes acota: “Uno ve al presidente Petro haciendo declaraciones arriesgadas y peligrosas, porque pueden poner en riesgo lo obtenido, porque él al tiempo necesita cuidar su audiencia en Colombia, ese petrismo antiimperialista, con un discurso de tarima para esa audiencia interna”.
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Y cada mandatario, al enfrentar problemas en casa, lo hace: Trump, con una amenaza a su popularidad por las acciones de ICE contra los migrantes y los ciudadanos estadounidenses, pero también por las revelaciones del caso Epstein. En Colombia, con que sea año electoral basta para caldear el ambiente, sugiere el excanciller. Es a esas agendas domésticas que palabras confrontativas pueden estar apuntando, según él.
Para el experimentado diplomático, es importante que las instituciones, como el Departamento de Estado, la Cancillería y las Embajadas, sean conscientes de que hay que “cuidar el resultado” obtenido como si fuera una delicada porcelana. “Siempre he pensado que cuando uno tiene mensajes difíciles que transmitir, el mensajero cada vez es más importante”, dice en referencia al papel que desempeñaron figuras como el republicano Rand Paul en la concreción de la cita. Por lo mismo, hace un llamado a preservar la interlocución “recurriendo a mensajeros que tengan acceso al presidente y al secretario de Estado”, algo que no es de ahora, sino tradición de la diplomacia colombiana bipartidista.
Sus votos están puestos en que Washington pueda nombrar pronto a un embajador, lo que no significa que, para Reyes, la labor del encargado de Negocios, John McNamara, no sea de exaltar y que su retiro, que se llevará a cabo en próximos días, no sea de lamentar. Como parte de sus últimas gestiones, el saliente diplomático estuvo en Tolemaida para la entrega de 145 vehículos blindados, por parte del gobierno estadounidense, que se destinarán a la lucha contra el terrorismo en zonas de conflicto. Otro resultado palpable en medio de la recomposición de la relación y por el que, además, Petro dijo que lo despedirá como un “amigo”.
En todo caso, tener a alguien en propiedad, agrega el excanciller, subiría de nivel los lazos binacionales y sería vital para lograr “coordinación y entendimiento sobre Venezuela, para que no se vuelva un problema entre ambos países, y otro tanto con Ecuador. Son fronteras importantísimas”.
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