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Así están luchando los científicos para acabar con el peligroso mosquito “Aedes aegypti”

Científicos están adoptando un enfoque múltiple para combatir este peligroso portador del dengue y otros virus que ponen en serios problemas a la humanidad.

Katarina Zimmer/ Knowable en Español

07 de febrero de 2026 - 07:00 a. m.
FOTODELDÍA AME4197. CAMPINAS (BRASIL), 01/10/2025.- Fotografía que muesta mosquitos Aedes aegypti en un laboratorio de la empresa de biotecnología británica Oxitec este miércoles, en Campinas (Brasil). La mayor fábrica del mundo de mosquitos infectados con la bacteria Wolbachia para combatir el dengue está preparada para empezar a funcionar en el estado brasileño de São Paulo. EFE/ Isaac Fontana
Foto: EFE - Isaac Fontana
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En lo profundo del noroeste de África, un zumbido agudo atraviesa el húmedo bosque. Se trata del mosquito Aedes aegypti, que pone sus huevos en los agujeros de los árboles llenos de agua y se alimenta de diversos animales, sin suponer ningún peligro para las personas con las que se encuentra.

Pero esa es una escena del pasado lejano. Según los científicos, todo cambió hace unos 5.000 años, cuando el clima africano cambió y esta zona, el Sahel, al igual que la región del Sáhara más al norte, se convirtió en un lugar más seco. Ni siquiera el A. aegypti, cuyos huevos pueden secarse y sobrevivir durante meses, podía tolerar nueve meses de clima cálido y seco cada año.

Lo que sucedió a continuación convirtió al mosquito en una plaga.

Por suerte para los insectos, los humanos —que hasta entonces habían llevado un estilo de vida nómada— comenzaron a establecerse y a domesticar los cultivos. Utilizaban vasijas de barro para almacenar y transportar agua —lo que, sin saberlo, proporcionaba un hábitat fiable durante todo el año para los huevos y los mosquitos jóvenes—. Esto significaba que los mosquitos podían seguir existiendo en esta región, siempre y cuando se mantuvieran cerca de los seres humanos.

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De hecho, estar cerca de las personas resultó tan beneficioso para la supervivencia del Aedes aegypti que sus antenas evolucionaron para reaccionar más fuertemente a los olores humanos que a los de otros animales, creen los científicos.

La preferencia por picar a los humanos contribuyó a garantizar que, después de que una hembra consumiera sangre humana y estuviera lista para poner sus huevos, siempre hubiera una fuente de agua creada por el humano cerca, afirma la bióloga evolutiva de Princeton Carolyn McBride. Así, el Aedes aegypti siguió a las personas y sus recipientes a todas partes: fuera de África, viajando en los recipientes de almacenamiento de agua de los primeros barcos con esclavos; por todo el mundo, a través del comercio global; en neumáticos usados, que se llenan fácilmente de agua. “Le encanta reproducirse en neumáticos viejos”, afirma McBride.

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El prolífico aumento del Aedes aegypti —y, en cierta medida, de su primo menos especializado en los seres humanos, el Aedes albopictus— ha permitido que enfermedades tropicales como el dengue se propaguen por todo el mundo. El virus del dengue, y otros como la chikunguña, el Zika y la fiebre amarilla, matan a decenas de miles de personas en los países tropicales cada año. Las ramificaciones para la salud humana se hicieron más evidentes que nunca en 2024, año en el que se produjo la temporada de dengue más mortífera del mundo, especialmente en Centroamérica y Suramérica y el sudeste asiático, con más de 14 millones de casos en todo el mundo y más de 12.000 muertes relacionadas con el dengue.

A los expertos les preocupa que la tendencia pueda empeorar, ya que los viajes internacionales, el comercio, la urbanización y el cambio climático siguen atrayendo a los insectos a nuevas zonas, incluidas Europa y Estados Unidos. Un estudio de 2024 estimó que, por cada grado Celsius adicional que se calienta el planeta, los casos de dengue en algunas partes de África podrían aumentar en un 10,5 %.

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Por eso varios científicos se han dedicado a desarrollar y probar nuevos métodos, desde nuevas vacunas hasta bacterias que infectan a los insectos, para combatir el Aedes aegypti y las enfermedades que transmite. “Disponer de esta combinación de herramientas que sabemos que funcionan es una situación en la que no nos habíamos encontrado antes y nos da esperanzas de poder revertir o, al menos, limitar algunos de estos posibles aumentos futuros”, afirma Oliver Brady, epidemiólogo de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres que estudia la propagación de los virus transmitidos por mosquitos.

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El ‘mosquito perfecto’

El Aedes aegypti es el “mosquito perfecto” para propagar enfermedades, afirma el experto en mosquitos Cameron Webb, de New South Wales Health Pathology, un proveedor australiano de servicios forenses y de diagnóstico. Mientras que la mayoría de los mosquitos solo necesitan una gran ingesta de sangre para empezar a producir huevos, Aedes aegypti suele disfrutar de múltiples comidas de diferentes personas. Además, por razones que los científicos aún están tratando de comprender, el Aedes aegypti y el Aedes albopictus son mucho más propensos que otras especies de mosquitos a infectarse con virus como el dengue y la chikunguña, que luego permanecen y se multiplican en el cuerpo de los insectos. Una vez que un mosquito se infecta, “permanecerá infectado durante el resto de su vida”, transmitiendo los virus a nuevas personas con cada picadura, afirma el virólogo Louis Lambrechts, del Instituto Pasteur de Francia.

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El dengue y la chikunguña (que puede diagnosticarse erróneamente como dengue) son en realidad relativamente fáciles de tratar, afirma André Ribas Freitas, médico e investigador del campus universitario São Leopoldo Mandic en Campinas, Brasil. La mayoría de las personas sobreviven a los síntomas leves, como dolores de cabeza, fiebre, dolor muscular y erupciones cutáneas. Cuando las personas mueren de dengue, suele ser debido a una caída extrema de la presión arterial que se produce cuando los vasos sanguíneos presentan fugas, o porque la infección se extiende al corazón, el cerebro y el hígado. Estas complicaciones requieren una administración cuidadosa de líquidos, cuidados intensivos y soporte vital.

Pero en lugares como Brasil, por ejemplo, donde se registraron aproximadamente 6.000 muertes en 2024, muchas zonas densamente pobladas no cuentan con suficientes centros de salud y médicos con experiencia, y las salas de urgencias de las grandes ciudades como Campinas se vieron desbordadas, afirma Freitas. “Hay demasiados pacientes y el tratamiento requiere una atención buena y esmerada”.

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Curiosamente, las infecciones más graves de dengue suelen producirse cuando las personas se enfrentan al virus por segunda vez. Los científicos creen que esto se debe a que el dengue no es un solo virus, sino cuatro subtipos diferentes. Cada uno de ellos es muy diferente para nuestro sistema inmunitario, tan diferente que haber padecido una infección por un tipo no protege necesariamente contra otro. Pero la reacción del sistema inmunitario al virus puede empeorar la segunda infección. Con una primera infección por dengue, “ni siquiera se ven los síntomas. Pero la segunda puede llegar a ser mortal”, afirma Navin Khanna, investigador del dengue en el Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología de Nueva Delhi.

Para muchos expertos, el aumento de los casos pone de relieve que los métodos tradicionales de prevención de brotes de enfermedades no son suficientes. El uso de cedazo en las ventanas puede impedir la circulación del aire y es caro; los repelentes no son asequibles para la mayoría de las personas; los mosquiteros no son eficaces contra los mosquitos Aedes, que pican durante el día, a diferencia de los mosquitos Anopheles, que pican por la noche y transmiten la malaria. Muchos gobiernos envían a funcionarios a pueblos y ciudades para que vayan puerta por puerta gestionando los recipientes que contienen agua o aplicando sustancias que matan las larvas, como el temefos, o fumigando con productos químicos insecticidas como los piretroides durante los brotes de la enfermedad.

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Pero los mosquitos han desarrollado resistencia a algunos insecticidas, afirma Amy Morrison, experta en dengue y Aedes de la Universidad de California, Davis, y radicada en Iquitos, Perú. Allí, como en muchos otros lugares, incluidos Brasil y Colombia, el temefos y los piretroides “ya no se utilizan”, afirma. Y no todas las comunidades y viviendas individuales reciben visitas o tratamientos con la frecuencia suficiente como para reducir la población de mosquitos. En Iquitos, por ejemplo, un tratamiento eficaz con insecticidas significaría visitar más de 90.000 hogares, fumigando durante más de dos minutos en cada uno de ellos, en tres ocasiones con una semana de diferencia. “Algunos gobiernos no tienen recursos para hacer gran cosa”, afirma Morrison.

Morrison ha obtenido resultados prometedores con nuevos métodos que tienen un efecto más duradero para matar mosquitos, como los aerosoles residuales específicos para interiores, que colocan insecticidas de larga duración en los lugares donde descansan los mosquitos, y los repelentes que se liberan en el aire interior para ahuyentar a los mosquitos. Pero el reto es su aplicación regular y estratégica, afirma. “Es una batalla sin fin”.

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El problema se complica aún más cuando se mira más allá de los hogares. El Aedes aegypti puede poner huevos en cualquier lugar, desde tazas de café vacías y latas de atún, hasta desagües y tanques de agua de lluvia. Además, cada hembra pone sus huevos en múltiples lugares para maximizar las posibilidades de que eclosionen. Para reducir las oportunidades de reproducción de los mosquitos se necesitan soluciones de infraestructura: sistemas mejorados de eliminación de residuos, tratamiento regular del agua estancada con insecticidas o estrategias para poblar las piscinas con peces que se alimentan de larvas. Pero incluso en los países ricos, “esto tiene un costo que a veces es difícil de gestionar”, afirma Webb.

Dilemas con vacunas

Cuando los métodos de control tradicionales son insuficientes o ineficaces, Freitas ve esperanza en las vacunas contra las enfermedades transmitidas por el Aedes. Estas suelen basarse en virus debilitados o modificados o en partículas similares a los virus que activan el sistema inmunitario del organismo para generar anticuerpos que se adhieren a determinadas proteínas de la superficie del virus, deteniéndolo en seco.

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Este enfoque demostró su eficacia en los años treinta con el desarrollo de una vacuna contra la fiebre amarilla que ha salvado vidas desde entonces. Un estudio de 2021 estimó que, entre 2005 y 2018, las campañas de vacunación masiva redujeron en un 34 % el número de brotes de fiebre amarilla en 11 países africanos. Recientemente, la investigación también ha dado lugar a dos vacunas contra la chikunguña, la primera de las cuales se ha administrado a decenas de miles de personas en todo el mundo.

Todavía no existe una vacuna contra el Zika: tras un brote de infecciones hace aproximadamente 10 años que causó miles de defectos congénitos en bebés cuyas madres lo contrajeron durante el embarazo, el virus se ha vuelto demasiado raro para los ensayos a gran escala necesarios para evaluar la seguridad y la eficacia de una vacuna, afirma Annelies Wilder-Smith, experta en enfermedades infecciosas de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

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Pero el mayor reto, según coinciden los expertos, es fabricar una vacuna contra el dengue. “Una vacuna contra el dengue no es claramente para los débiles de corazón”, afirma Wilder-Smith.

Esto quedó patente cuando la empresa farmacéutica Sanofi, tras 20 años de desarrollo, probó la vacuna Dengvaxia en más de 35.000 niños del sudeste asiático y Latinoamérica. Aunque la vacuna inicialmente se mostró prometedora para proteger a muchos de ellos contra el dengue, según esos ensayos, los científicos también informaron de una observación alarmante: en los niños de entre 2 y 16 años que nunca habían tenido una infección por dengue, la administración de la vacuna provocó posteriormente infecciones por dengue más graves y una mayor probabilidad de hospitalización que la observada en los niños no vacunados.

Los científicos creen que esto ocurrió porque la vacuna actuó efectivamente como una primera infección por dengue, lo que empeoró la segunda infección real. La gravedad de las segundas infecciones por dengue probablemente tenga que ver con el hecho de que los distintos subtipos de dengue tienen diferentes proteínas incrustadas en su superficie. Debido a esto, los anticuerpos contra un subtipo de dengue no bloquean eficazmente la capacidad de los otros subtipos para entrar en las células humanas. Sin embargo, muchos de los anticuerpos terminan adhiriéndose a partes del virus, formando grandes enredos de moléculas que, junto con el propio virus, son absorbidos por las células inmunitarias. Los virus actúan entonces como caballos de Troya, matando estas células inmunitarias y reproduciéndose, propagándose y causando estragos, explica Khanna.

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En 2022 se introdujo una segunda vacuna, Qdenga. Presentaba menos problemas de seguridad, pero no protege completamente a las personas contra todos los subtipos del dengue y es menos eficaz en personas que no han contraído el dengue antes de vacunarse, afirma Wilder-Smith. Una tercera vacuna, aún en fase de pruebas, tampoco parece ofrecer una protección completa, añade. Al igual que Dengvaxia y Qdenga, puede resultar útil en personas que hayan sido infectadas previamente por el dengue, afirma. “A falta de una vacuna perfecta, se utiliza lo que se tiene”.

Los investigadores están encontrando pistas sobre cómo crear vacunas más eficaces. Khanna, por ejemplo, ha dado a conocer recientemente resultados prometedores en ratones al probar una vacuna diseñada para provocar solo anticuerpos que bloquean el virus para cada subtipo de dengue sin activar los problemáticos anticuerpos que ayudan al virus, un enfoque que, en principio, protegería a todo el mundo contra todos los subtipos de dengue. “Eso supondría un cambio revolucionario”, afirma Morrison.

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Bacterias contra mosquitos

Algunos científicos también están trabajando en formas de atacar a los mosquitos directamente, aprovechando una bacteria llamada Wolbachia que habita en el cuerpo de muchas especies de insectos. Muchas de estas bacterias tienen el curioso efecto de matar a la descendencia de su huésped si los machos portadores de Wolbachia se aparean con hembras que carecen de Wolbachia. Los científicos han descubierto recientemente por qué ocurre esto: el esperma del macho se carga de toxinas producidas por Wolbachia, y estas matan a los embriones resultantes a menos que las hembras también sean portadoras de Wolbachia, junto con el antídoto de la toxina.

Ya en los años sesenta, los científicos comenzaron a preguntarse: si pudieran conseguir que Wolbachia infectara a los mosquitos, ¿podría la bacteria actuar como una especie de insecticida natural? Unas décadas más tarde, varias empresas están criando millones de machos infectados con Wolbachia; en la naturaleza, estos se aparean con hembras no infectadas, matando a la descendencia resultante y suprimiendo las poblaciones locales de mosquitos.

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Sin embargo, el problema de este enfoque es que las poblaciones de mosquitos se recuperan rápidamente cuando los machos infectados mueren, lo que significa que los científicos deben seguir liberando nuevos ejemplares. Si bien se trata de un modelo de negocio sostenible en regiones con recursos suficientes para pagar liberaciones continuas, como algunas partes de Estados Unidos y países como Singapur, es menos viable para los países de ingresos bajos y medios más afectados por el dengue, afirma el biólogo evolutivo Michael Turelli, de la Universidad de California en Davis.

Pero los científicos han descubierto otras formas de aprovechar Wolbachia en su beneficio. A principios de la década de 2000, investigadores del Reino Unido descubrieron en moscas de la fruta que una determinada cepa de Wolbachia llamada wMel parece hacer que los insectos sean resistentes a determinados virus. Turelli sospecha que, dentro de las células de los insectos, wMel compite por los mismos recursos, como las moléculas que construyen proteínas, que los virus también necesitan para prosperar. Y como la wMel es mucho más eficaz que los virus a la hora de adquirir estos recursos, dificulta la capacidad de los virus para multiplicarse. Cuando los científicos infectaron al Aedes aegypti con wMel, esto pareció reducir la probabilidad de que el virus del dengue llegara a las glándulas salivales de los insectos. El resultado: “Te picarán, pero no te contagiarán una enfermedad horrible”, afirma Turelli.

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La organización sin ánimo de lucro World Mosquito Program se ha basado en esta idea y ha liberado machos y hembras infectados con wMel en la naturaleza. Las hembras infectadas transmiten de forma fiable la Wolbachia wMel a su descendencia, lo que les impide transmitir la enfermedad. Por su parte, cuando los machos infectados se aparean con hembras silvestres que no tienen Wolbachia, su descendencia muere, lo que ayuda a garantizar que solo sobrevivan las crías infectadas con Wolbachia.

El programa ha probado los mosquitos en 15 países, entre ellos Brasil, Indonesia, Colombia y Kiribati, con la aceptación de las comunidades donde se liberan, afirma Nelson Grisales, entomólogo médico del programa. Esto ya ha reducido la transmisión de enfermedades, por ejemplo, en Yogyakarta, Indonesia, donde los científicos contabilizaron un 86 % menos de hospitalizaciones por dengue en las zonas con mosquitos portadores de Wolbachia en comparación con las zonas sin Wolbachia. Y, a diferencia de las vacunas, que pueden no ser accesibles o asequibles para todo el mundo, Wolbachia “protegerá a cualquier persona que se encuentre en el territorio”, afirma Grisales.

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Para intensificar el esfuerzo, el World Mosquito Program se ha asociado recientemente con la Fundación Oswaldo Cruz, una institución científica brasileña, y el Instituto de Biología Molecular de Paraná, también de Brasil, para construir Wolbito do Brasil, la mayor instalación de cría de mosquitos del mundo, en la ciudad de Curitiba. En un comunicado, el director ejecutivo de la instalación afirmó que tiene capacidad para producir 100 millones de huevos de mosquitos infectados con wMel cada semana.

Sin embargo, es posible que la estrategia Wolbachia no funcione en todas partes. Por un lado, parece ser menos eficaz en lugares que registran largos periodos de temperaturas superiores a los 40 °C, debido a la reducción de la supervivencia de Wolbachia. E incluso en los lugares donde se puede introducir Wolbachia de forma fiable, las poblaciones de mosquitos requerirán un seguimiento a largo plazo —y posiblemente liberaciones adicionales— para garantizar su eficacia. Una preocupación a largo plazo es que los virus puedan desarrollar formas de burlar a sus vecinos Wolbachia, afirma Turelli.

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Hay otras estrategias biológicas en las que están trabajando los científicos, como la ingeniería genética de los mosquitos Aedes aegypti para que sus crías hembras no puedan volar, o para que las crías sean solo machos y, en última instancia, acabar con las poblaciones de mosquitos.

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De hecho, los expertos coinciden en que solo mediante una combinación de herramientas se pueden erradicar las enfermedades transmitidas por el Aedes aegypti. Estos métodos cobrarán cada vez más importancia a medida que los virus sigan propagándose y si aparecen otros nuevos que se propaguen entre la población humana. Se cree que el Zika, la chikunguña, el dengue y la fiebre amarilla se originaron en los bosques africanos, donde muchos de estos virus circulan entre las poblaciones de animales salvajes. Al igual que fueron las personas las que propagaron el Aedes aegypti por todo el mundo, son las acciones humanas —las nuevas tecnologías, la planificación inteligente y la buena previsión— las que pueden hacer que estos insectos zumbadores, picadores y propagadores sean menos peligrosos para todos.

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*Este artículo fue publicado en Knowable en Español y traducido por Debbie Ponchner.

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Por Katarina Zimmer/ Knowable en Español

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