Hace unas semanas, al entrar a TikTok, encontré una publicación en donde vendían una crema hidratante y una loción “antiedad” para la vagina. Días después, vi otra publicidad que promocionaba limpiadores de aloe, aceites con esencia y hasta desodorantes vaginales para "evitar los malos olores". Cada día veía un nuevo producto diseñado para que, supuestamente, la vagina y la vulva luzcan “lo mejor posible”. La tendencia, que se ha ido popularizando en redes sociales, consiste en una especie de traslado del “skincare” a esas zonas. La llaman vulvacare y, como indica Luz Amparo Díaz, ginecóloga de la Universidad Nacional, "forma parte del concepto de que si yo me cuido la piel de la cara, también voy a cuidar la de la vagina y la de la vulva".
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Aunque cada vez aparecen más productos para el cuidado vulvovaginal, lo cierto, como advierte Andrea Paola Plazas, profesora del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Universidad Javeriana, es que la mayoría de ellos no sirven e incluso pueden ser perjudiciales para la salud de esta área.
“Cuando se trata del cuidado íntimo de la zona genital femenina, la premisa es: entre menos hagas, mejor”, agrega. Explica que muchas de las cremas o aceites que se están comercializando no fueron pensados para esa zona, porque “así sirvan en la piel de cara o cuerpo, pueden tener un efecto diferente en el área genital”.
La principal razón es que la piel de la vulva es muy sensible y cuenta con una serie de terminaciones nerviosas que se pueden alterar con estos productos. Entonces, dice Plazas, también jefa de la Unidad Quirúrgico-Obstétrica del Hospital San Ignacio, los jabones, limpiadores o cremas contienen espuma y componentes que irritan esa piel, generan inflamación crónica, producen ardor o picazón, y pueden derivar en dermatitis o erupciones.
“La piel vulvar es supremamente delicada”, resume Plazas y recomienda que la higiene que las mujeres tengan con su parte íntima “deberá favorecer la preservación de la microbiota y del tejido sano”.
Esta zona, sin embargo, sigue siendo una de las grandes desconocidas del cuidado corporal y, en parte, se debe a que algunas mujeres desconocen la diferencia entre vulva y vagina. Si bien ambas forman parte del aparato reproductor de las mujeres, cada una está constituida de forma completamente diferente, por lo que la atención y el cuidado también deben ser distintos.
La vulva es la parte exterior del aparato reproductor; es decir, es lo que podemos ver, como el clítoris, los labios mayores o los labios menores, para poner un ejemplo. En cambio, la vagina es la parte que queda dentro del orificio vaginal ubicado en la vulva.
Esa diferencia no es un detalle menor. Buena parte de los productos que hoy se promocionan bajo la idea del vulvacare parecen hablar de la vagina y la vulva como si fueran lo mismo, aunque no lo son. Mientras la vulva requiere un aseo específico, la vagina es una cavidad interna que cuenta con sus propios mecanismos para mantenerse en equilibrio. “La vulva necesita un aseo guiado por especialistas. La vagina no; se limpia sola”, indica Plazas.
Además, la vagina, explica Manuela Cerón, ginecóloga y obstetra, tiene una microbiota, es decir, una comunidad de microorganismos con funciones clave para mantener su equilibrio. Gran parte de esos microorganismos son lactobacilos, que ayudan a conservar un ambiente ácido y actúan como una barrera frente a otros hongos y bacterias.
Una revisión de varios estudios publicada en 2026 en Infection and Immunity resume bien este mecanismo de defensa. Los lactobacilos, aseguran los autores, además de bajar el pH, producen otras sustancias con efecto antimicrobiano, compiten por espacio con las bacterias dañinas para que no logren instalarse en las paredes vaginales y ayudan a regular la respuesta del sistema inmune en la vagina. El problema es que ese balance no es a prueba de todo y, de hecho, aclaran los investigadores, hay varios factores que pueden desestabilizarlo, como el uso no controlado de antibióticos, las duchas vaginales, los jabones perfumados e incluso los cambios hormonales.
Entonces, añade Cerón, también especialista en ginecología estética, funcional y regenerativa, “cualquier sustancia externa puede hacer que la población de lactobacilos caiga y el pH deje de ser tan ácido” y ahí es cuando se abre la puerta para infecciones como la vaginosis bacteriana, la candidiasis o, en algunos casos, infecciones urinarias recurrentes. Es precisamente lo que sucede con las duchas vaginales: que pueden eliminar parte de las bacterias que protegen la vagina. “Debemos tratar de que siempre sean recetadas por un especialista”, anota Plazas.
Y, en esta conversación, agrega Plazas, no se puede perder de vista otro actor clave: el vello púbico, que cumple una función de protección física, pues actúa como una barrera entre la vulva y el exterior. “Eliminarlo por completo no es una condición para una buena higiene”, dice. “Les están enseñando a las niñas que depilarse es parte del cuidado vulvar”, añade Díaz.
Los riesgos en la salud de la vulva y la vagina
Aunque la mayoría de la publicidad parte de la idea de que un olor, un flujo o la humedad natural de la zona son un problema que hay que corregir, Díaz, especialista en patología del tracto genital inferior y coloscopia, explica que en una mujer sana el flujo vaginal cumple una función protectora y no es señal de suciedad. A sus ojos, “le estamos desconociendo algunas funciones de la piel, como que tienen glándulas sudoríparas, por querer tener un olor que no es característico de la vagina. Si hacemos ejercicio o tenemos un día de trabajo, va a tener un olor”.
Esta idealización por querer tener una vagina "limpia", sin olor o sin flujo, no es nueva. En Reino Unido, por ejemplo, los desodorantes vaginales llegaron a las farmacias en 1963, y tuvieron una rápida acogida: para 1970, el 15 % de las mujeres los usaba. En un artículo publicado en 2023 en la revista Gender & History, la historiadora Daisy Payling cuenta que este incremento se dio pese a las advertencias de los médicos, quienes insistían en que causaban irritaciones y, en ocasiones, infecciones urinarias.
¿Cómo lograron estas marcas tener éxito en Reino Unido? Según Payling, el lenguaje fue clave. Usaban, principalmente, la palabra "fresca”. Un aviso de 1969 mostraba a una novia en vestido blanco y prometía que, al usarlo, se sentirían "realmente frescas"; otro describía el olor como un "riesgo cotidiano" que había que vigilar todos los días. Incluso llegaron hasta más de 6.000 colegios entregando kits y estableciendo la idea de que este era un hábito que debía perdurar toda la vida.
Al final, Women in Media, un grupo de periodistas feministas, denunció que esta narrativa podría tornarse peligrosa para las mujeres y alertó que incluso desencadenaría que algunas taparan un flujo con mal olor en vez de ir al médico, retrasando un diagnóstico. Aunque en 1972 el regulador británico sacó la publicidad de televisión, no lo hizo por razones de salud, sino porque no “era de buen gusto” tener esa pauta; para entonces, sin embargo, muchas mujeres ya habían incorporado estos productos a su rutina diaria.
Hoy algunos estudios ayudan a dimensionar la situación. En 2018, un grupo liderado por la investigadora Robin Crann publicó en la revista BMC Women’s Health una encuesta anónima, que realizó entre octubre de 2012 y mayo de 2014 a 1.435 mujeres mayores de 18 años en Canadá. El objetivo era conocer más detalles sobre sus prácticas de salud e higiene de la vulva y la vagina.
Los resultados mostraron que cerca del 95 % había usado al menos un producto en la zona vaginal o genital; de ellas, cerca del 21 % se aplicaba duchas vaginales. Además, más del 90 % los había usado por fuera, y el 64 % también lo hacía por dentro de la vagina, a pesar de que varios tienen alertas en su etiqueta que señalan que no son para ese uso.
¿Cómo afectó su salud? La investigación reseña que el 80 % había tenido alguna vez un síntoma (picazón, ardor, flujo inusual), y que quienes usaban algún producto tenían unas tres veces más probabilidades de reportar una infección por hongos o urinaria. Por ejemplo, las duchas vaginales se asociaron con siete veces más probabilidades de vaginosis bacteriana.
Los investigadores, sin embargo, advertían que este tipo de estudio compara datos en un solo momento y, por eso, no prueba que los productos causen las infecciones. Podría ser al revés: que las mujeres con molestias sean quienes más recurren a estos productos. Por eso, sugerían que lo ideal es tener más información basada en evidencia sobre seguridad y eficacia, y una mayor supervisión y regulación de estos productos.
Los cuidados que debería tener la vulva y la vagina
Estas advertencias no quieren decir que nunca se necesiten productos para la vulva o la vagina. Hay humectantes, cremas y tratamientos que pueden ser recomendados en determinadas circunstancias y que siempre deben ser recetados por médicos; pues la diferencia es que no se trataría de una rutina de belleza, sino de una intervención para atender una enfermedad o infección específica.
Para entenderlo mejor, Plazas lo compara con el acné: “Una cosa es aplicarse un jabón o humectante que hacen parte del cuidado diario y otra recibir un tratamiento específico porque existe una condición que necesita ser tratada”, dice. “Con la zona genital ocurre algo parecido: si hay resequedad, irritación o un cambio en el flujo, la respuesta no está en el producto que apareció en redes sociales”.
De hecho, en los últimos años las redes sociales se han convertido en uno de los principales canales de consulta sobre este tipo de temas. Solo en TikTok, 164 videos que un grupo de investigadoras de Harvard revisó el 15 de junio de 2022 y hablaban sobre salud vulvovaginal acumularon más de 500 millones de reproducciones. En su trabajo, los autores le pusieron la lupa a ese contenido con una herramienta médica llamada DISCERN, que mide qué tan confiable es una publicación de salud.
El resultado no fue alentador: en una escala de 1 a 5, el promedio de calificación fue de 1,6, es decir, era información que tenía fallas serias. Tres de cada cuatro videos fueron subidos por creadores sin formación médica, y buena parte de ese contenido era, en el fondo, publicidad disfrazada.
Un segundo estudio, publicado en 2026 y basado en entrevistas a 28 mujeres jóvenes, ofrece una pista un poco más alentadora: varias de ellas dijeron confiar más en su médico que en TikTok.
¿Qué podríamos incluir en nuestra rutina diaria para un buen cuidado de la vulva y la vagina? Las ginecólogas consultadas para este artículo aseguran que no se trata de construir una lista interminable de cosas, sino de entender los riesgos que corre la zona genital femenina frente a prácticas diarias. Por ejemplo, recomiendan no usar protectores diarios perfumados, que pueden permanecer durante muchas horas en contacto con la piel y albergar humedad. También sugieren usar ropa interior cómoda y transpirable y evitar aquella que no deje respirar la piel.
El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG, por sus siglas en inglés), hace una sugerencia similar en su guía sobre trastornos de la piel vulvar: evitar duchas vaginales, perfumes y jabones agresivos, y limitarse a lavar la vulva con agua o con un limpiador suave. Además, en su guía sobre dolor vulvar persistente añade otras recomendaciones: secar la vulva con toques suaves —no frotando— después del baño, evitar el secador de pelo en la zona, enjuagar bien después de orinar y hacerlo también después de tener relaciones sexuales.
La recomendación de las ginecólogas es clara: menos intervenciones innecesarias y menos productos aplicados por rutina. Lo que vamos a empezar a ver, advierte Plazas, “es que la gente va a comenzar a realizar una cantidad de intervenciones innecesarias que pueden desembocar en lesiones en la piel de los genitales”.
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