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Hay elementos tradicionales en una Copa del Mundo. La sede, el estadio de la final, la mascota y por supuesto el balón. Mucho ha cambiado respecto a este último elemento desde el primer mundial en Uruguay 1930, pero más allá de sus cambios en el diseño, estética e innovaciones, hay un aspecto innegable.
El cambio en los estándares tecnológicos del mundo ha tenido una influencia en los balones mundialistas y aquí daremos un repaso por los cambios más importantes en la pelota de la cita orbital a lo largo del tiempo en lo que respecta a su tecnología. Algo que afecta a jugadores, árbitros y aficionados.
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Del cuero al pasto
De 1930 a 1966 el balón de la Copa Mundial de la FIFA era fabricado en cuero con las costuras por fuera. Esta confección lo hacía increíblemente resistente, sin importar su fabricante, pues no existían los Adidas y Nike de nuestra época.
Sin embargo, tenía un grave y peligroso problema. Al entrar en contacto con el agua o el barro, absorbía estas sustancias como esponja. Esto lo hacía increíblemente pesado y rígido, convirtiéndolo en una piedra rodante.
Además, al ser fabricado de cuero, se limitaba a un solo color, marrón, lo que lo hacía difícil de ver en condiciones meteorológicas hostiles, además de que no se diferenciaba con facilidad para un aficionado a la televisión en blanco y negro.
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El comienzo de la era de Adidas
Muchos expertos e historiadores marcan el Mundial de México 1970 como el inicio de la Copa del Mundo moderna, al menos en términos de modelo de negocio. Esa edición fue la primera con retransmisión en vivo a color.
Por eso, y para facilitarle las cosas a los árbitros y los televidentes, Adidas firmó un contrato con la FIFA para diseñar el balón de la Copa Mundial. Esta pelota se llamó Telstar, estaba compuesta de 32 paneles y era monocromática.
Todo esto se hizo con la intención de aumentar su visibilidad en el televisor y hacerla una pelota más estable tanto en el aire como en la tierra. Explicado de otra manera, a mayor número de paneles, mayor estabilidad va a tener un balón, por lo menos hasta ese momento, así lo creían los fabricantes.
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México otra vez en la historia de los mundiales
Resuelto el tema de la visibilidad y estabilidad, 16 años después de la primera cita orbital en México, de nuevo en el país azteca, la FIFA fabricó el primer balón mundialista 100% sintético, dando inicio a la producción en masa.
Este balón, por fin, resolvía el tema de la superabsorción del agua que lo hacía pesado y peligroso, pues era totalmente impermeable. Además, por más fuerte que un jugador lo golpeara, la pelota no perdía su forma original.
Y aunque desde el Telstar de México 1970 el balón del mundial ya era un producto masivamente vendido en el mundo, el Azteca de 1986 reforzó la idea de que si se podía ver en televisión, se podía comprar en la tienda.
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El comienzo de los balones modernos
Durante 20 años el balón del mundial se mantuvo casi igual, tanto en diseño como en innovación tecnológica. Los mismos 32 paneles, 2 pentágonos y 20 hexágonos, que difícilmente cambiaban el blanco y el negro por otros colores.
Sin embargo, para Alemania 2006 Adidas reinventó el diseño de la pelota de la Copa del Mundo y, con ello, también su tecnología. El Teamgeist presentó apenas 14 paneles, ya no con costuras, sino termosellados internamente.
Esto lo convirtió en un esférico que requería menos fuerza para patear o pasar. Además, mejoró la precisión, favoreciendo a los jugadores. Eso sí, la reducción de paneles se tradujo en una mayor sensibilidad al viento.
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Jabulani y un error histórico en Sudáfrica 2010
El siguiente balón, el Jabulani de Sudáfrica 2010, fue famoso por las razones incorrectas. Con apenas ocho paneles en su construcción, lo hizo impredecible para los porteros tan pronto se levantaba del suelo. Algo fuertemente criticado.
Sin embargo, al Jabulani hay que agradecerle que le dio una razón al mundo para investigar la fabricación de los balones. Entender su sistema aerodinámico e ingeniería se volvió importante para el deporte rey.
El Brazuca de 2014 y Telstar 18 de Rusia 2018 corrigieron el error cometido para Sudáfrica, pero redujeron aún más el número de paneles a seis. Lo cual derrumbó el mito de que a menor número de paneles, menor estabilidad.
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Balones mundialistas con piezas tecnológicas de punta
Finalmente, todo este camino conduce al Al Rihla de Catar 2022, que volvió a más de una docena de paneles, ahora por una decisión estética y no tecnológica, y fue el primer balón mundialista en integrar un sensor de movimiento.
Esto fue fundamental para la aplicación del fuera de lugar semiautomático, apoyada también por cámaras especializadas. Esta Unidad de Medición Inercial (IMU) transmitió información en tiempo real al árbitro.
Con esta, el juez podía tomar decisiones en el juego tanto dentro del campo como con ayuda del VAR. Incluso este año con el Trionda esto se extendió a la posibilidad de poder detectar con exactitud si un jugador tocó el balón con la mano.
En conclusión, mucha agua ha corrido por debajo del molino desde Uruguay 1930 hasta Norteamérica 2026. No solo en términos futbolísticos, sino también tecnológicos, que al final de todo son los que permiten al menos tener la promesa de un deporte más justo, exacto y tan emocionante como siempre.
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