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La idea del festival surgió del encuentro entre Mario Duarte, vocalista de la banda La Derecha; el empresario y publicista Julio Correal, y Bertha Quintero, entonces subdirectora de Fomento del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT). Según relatos recogidos por medios oficiales de la Alcaldía de Bogotá, Correal y Duarte trabajaron varios días en la propuesta antes de presentarla ante el Instituto, con el objetivo de organizar un evento gratuito en el que los jóvenes músicos de la ciudad fueran los protagonistas. Quintero respaldó la iniciativa desde la institucionalidad, lo que permitió que el proyecto avanzara dentro de la administración distrital, liderada por el entonces alcalde Antanas Mockus.
La primera edición se realizó entre el 26 y el 29 de mayo de 1995. La convocatoria reunió a más de 120 agrupaciones de distintas zonas de la ciudad, de las cuales 43 bandas nacionales fueron seleccionadas para presentarse, entre ellas Aterciopelados, La Derecha, Morfonia, 1280 Almas y Catedral. El festival contó también con dos agrupaciones internacionales invitadas: Fobia, de México, y Seguridad Social, de España. Se calcula que cerca de 80.000 personas asistieron a los conciertos durante esos cuatro días.
Esa primera versión coincidió con la llegada de MTV a Latinoamérica y el impulso de movimientos como “Rock en tu idioma”, que promovían a bandas de habla hispana como Café Tacvba y ayudaron a visibilizar a las agrupaciones colombianas dentro de un panorama musical más amplio, que hasta entonces estaba dominado por las producciones en inglés.
Julio Correal fue el productor y gestor detrás de la primera edición del festival. Antes de Rock al Parque, en 1992, había gestionado la primera visita de Guns N’ Roses a Colombia y, en la época, era mánager de bandas como La Derecha y Aterciopelados. En distintos relatos, Correal ha descrito el circuito musical de la época como limitado, lo que llevó a los organizadores a idear un formato propio para que las bandas locales tuvieran dónde tocar y el público joven, un espacio de encuentro.
Bertha Quintero fue quien le dio al proyecto su viabilidad dentro de la administración distrital porque en 1995 se desempeñaba como subdirectora de Fomento del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT), la entidad encargada en ese momento de los asuntos culturales de Bogotá. Fue allí donde Correal y Mario Duarte presentaron la propuesta del festival, y el respaldo de Bertha permitió que se convirtiera en un evento con aval institucional, financiado y organizado desde la Alcaldía de Bogotá.
Ese esquema, surgido de una iniciativa de la propia escena musical, pero sostenido con recursos públicos, dio origen con el tiempo a la actual estructura del Instituto Distrital de las Artes (Idartes) y a la serie de festivales “Al Parque” que existen hoy en la ciudad.
Una de las anécdotas documentadas sobre esa primera edición fue el desconcierto que generó el “pogo”, una forma de baile característica de los conciertos de rock y punk, entre las autoridades presentes. Según relató Correal, un general de la Policía observó con extrañeza a los asistentes que practicaban esta forma de baile y tuvo que explicarle que se trataba de una manera de disfrutar la música, no de un disturbio o una pelea. En ese mismo contexto, los medios que han reconstruido la historia del festival mencionan la presencia de un colectivo de jóvenes conocido como Fuerza de Paz, integrado por asistentes de las escenas punk y metalera de la ciudad, que con el tiempo pasó de asistir como público a colaborar como voluntario en la organización de distintas ediciones.
Héctor Mora es periodista musical, locutor y gestor cultural colombiano, vinculado a Radiónica e Idartes. Se desempeñó como programador y curador oficial del festival Rock al Parque y también hizo parte del primer cubrimiento del evento.
También está el musicólogo e investigador cultural Ángel Perea Escobar, quien asumió la responsabilidad de ser el presentador oficial y abrió la primera edición del festival en el Parque Simón Bolívar. Desde esa tarima, Perea Escobar presenció el nacimiento del evento masivo de rock gratuito más grande de Latinoamérica. Su estrecho vínculo con el ecosistema de los Festivales al Parque se extendió al año siguiente como jurado de “Rap a la Torta” (hoy Hip Hop al Parque), dejando un legado de análisis social y documentación que, durante tres décadas, ha registrado la evolución de las identidades sonoras de la capital.
A diferencia de las ediciones más recientes, concentradas en un único punto del Parque Simón Bolívar, la primera versión del festival se desarrolló en cuatro locaciones distintas de la ciudad: el estadio Olaya Herrera, el teatro al aire libre La Media Torta, el Parque Simón Bolívar y la Plaza de Toros La Santamaría. Esta última fue la única sede que cobraba entrada, una condición que llevó a los organizadores a excluirla a partir de 1996, con el fin de mantener la gratuidad del festival en todos sus escenarios.
El cierre de la primera edición se realizó precisamente en la Plaza de Toros, un espacio que hasta entonces se asociaba con las corridas de toros y otro tipo de espectáculos, no con conciertos de rock. Con el paso de los años, la operación del festival se fue concentrando. Uno de los puntos de inflexión en su historia logística ocurrió en 2004, año en el que se logró reunir todas las actividades de Rock al Parque en un único punto: el Parque Simón Bolívar. Esta consolidación simplificó la organización del evento y facilitó su crecimiento posterior, tanto en aforo como en número de bandas participantes por edición.
En paralelo, la organización del festival también cambió de manos institucionales: el IDCT, que respaldó la primera edición, fue reemplazado con el tiempo por el Instituto Distrital de las Artes (Idartes), entidad encargada actualmente de Rock al Parque y de otros festivales gratuitos surgidos después bajo un modelo similar, como Salsa al Parque, Jazz al Parque, Ópera al Parque y Colombia al Parque.
Desde su primera edición, Rock al Parque combinó bandas nacionales con un número más reducido de agrupaciones internacionales invitadas, un esquema que se ha mantenido con variaciones a lo largo de los años. La programación inicial, centrada en rock, metal, punk y hardcore, fue ampliándose progresivamente hacia otros géneros como el ska, el reggae y el blues. En lugar de agrupar los géneros por escenarios o jornadas separadas, los organizadores optaron por alternar distintos tipos de música dentro de una misma programación diaria.
Algunas de las bandas presentes en la primera edición han mantenido una relación de largo plazo con el festival. La Derecha, liderada por Duarte, se ha presentado en varias ediciones, entre ellas la de 2025, que marcó su quinta participación. 1280 Almas, otra de las bandas presentes desde 1995, también ha aparecido en ediciones posteriores. El crecimiento del festival se refleja igualmente en la escala de su programación: mientras 1995 reunió a 43 bandas nacionales y dos internacionales, la edición de 2025 incluyó 56 agrupaciones, 26 internacionales y 30 nacionales.
El cambio generacional que ha atravesado el festival se refleja tanto en el crecimiento del público como en la transformación del circuito musical que lo rodea. En 1995, el rock colombiano se movía en un circuito subterráneo y disperso; la asistencia a la primera edición del festival se estimó en cerca de 80.000 personas a lo largo de cuatro días y cuatro escenarios distintos. Hacia 2014, la asistencia total del festival llegó a superar las 400.000 personas en las distintas jornadas de una sola sede. En 2025, la edición de los treinta años convocó a más de 300.000 personas en el Parque Simón Bolívar.
Los organizadores del festival han señalado que Rock al Parque se convirtió en el antecedente directo de una política pública distrital de festivales gratuitos al aire libre, sostenida durante gobiernos de distintas orientaciones políticas y extendida hoy a otros géneros musicales de la ciudad.
A tres décadas de su primera edición, Rock al Parque mantiene el carácter gratuito y el formato de festival al aire libre con el que nació en 1995, aunque con una escala e infraestructura considerablemente distintas a las de sus primeros años. El paso de cuatro escenarios dispersos por la ciudad a una sede única en el Parque Simón Bolívar, el aumento en el número de bandas y asistentes y la transformación del circuito musical bogotano, de una escena subterránea y dispersa a un festival de alcance internacional, forman parte de la trayectoria documentada del evento hasta la actualidad. Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.