
El cambio climático debería ser reconocido y abordado, oficialmente, como una emergencia sanitaria mundial. Ese es el llamado que hacen hoy, en el nuevo informe Lancet Countdown, 146 investigadores de distintas disciplinas, pertenecientes a un centenar de instituciones de más de 30 países. Desde 2016, cuando entró en vigor el Acuerdo de París, que busca limitar para este siglo el aumento de la temperatura global a muy por debajo de 2,0 °C (preferiblemente a 1,5 °C), este informe evalúa los efectos que el cambio climático tiene sobre nuestra salud.
En su décima edición, el reporte, dirigido por University College London (Reino Unido) y elaborado en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), advierte que unas 3 millones de personas murieron por causas relacionadas con el calor entre 2016 y 2023. Los autores subrayaron que tan solo en 2023 se registraron cerca de 710.000 muertes asociadas con el calor (el 71,5 % atribuibles al cambio climático), una cifra mayor a las ocasionadas por la malaria o el VIH.
El cambio climático, en ese sentido, “es una de las mayores amenazas para la salud a las que se enfrenta la humanidad. Sus efectos ya son visibles a través de un mayor estrés térmico, fenómenos meteorológicos extremos, inseguridad alimentaria y enfermedades”, de acuerdo con Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.
“Nuestros resultados son inequívocos. Los daños del cambio climático para la salud están creciendo más rápido que la respuesta mundial”, declaró, por su parte, Marina Romanello, directora ejecutiva de Lancet Countdown.
En efecto, uno de los principales hallazgos de los investigadores es que los impactos negativos del cambio climático sobre la salud se han acelerado en la última década, periodo en el que la media anual de muertes asociadas con el calor aumentó en casi un 36 %. Mientras que entre 2006 y 2015 en el mundo se registraron, en promedio, 398.400 muertes cada año relacionadas con el calor (55 % de ellas atribuibles al cambio climático), entre 2016 y 2023 esta cifra subió a alrededor de 540.800 (68 % debido al cambio climático).
El informe de Lancet Countdown, publicado un par de semanas antes de que inicie la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31), hace un seguimiento a 54 indicadores sobre los efectos del cambio climático en la salud, así como las acciones que se están llevando a cabo para sobrellevar la situación. En esta ocasión, en suma, incorpora cuatro indicadores nuevos: disponibilidad de agua en el suelo, evaluaciones de la huella de gases de efecto invernadero del sector sanitario, financiación de la investigación sobre efectos del clima en la salud y participación legislativa en materia de salud y cambio climático.
Un escenario de extremos: lluvias y sequías
A partir de nuevos análisis satelitales, los investigadores encontraron que, desde 2023, el 43 % de la superficie terrestre mundial ha experimentado una disminución a largo plazo en sus reservas de agua, lo que quiere decir que se ha vuelto más seca. En contraste, el otro 37 % ha registrado un aumento a largo plazo, tornándose más húmeda.
Se trata, según el reporte, de una intensificación de los extremos hidrológicos en el mundo, afectando más del 80 % de la superficie terrestre del planeta y poniendo en peligro a cultivos, al suministro de alimentos y al saneamiento.
Las lluvias extremas también son cada vez más frecuentes, aumentando el riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y enfermedades transmitidas por el agua. Por un lado, entre 2016 y 2025, estas lluvias impactaron, aproximadamente, al 17,2 % de la superficie terrestre mundial cada año. Por otro lado, en la década anterior, entre 2006 y 2025, hubo una afectación del 14,8 %.
Hay un escenario adicional que inquieta a los investigadores: las sequías. “Al mismo tiempo, la sequía se extiende y el mundo oscila entre extremos en lo que se refiere al agua: unas zonas se secan y otras se inundan”, apuntó Romanello.
El informe halló que, durante al menos un mes de 2025, más de la mitad de la superficie terrestre mundial (el 51,8 %), se vio perjudicada por sequías extremas. Fue el segundo peor año registrado, después de 2023. Además, desde 2016 las áreas afectadas por sequías han crecido a un ritmo superior en un 700 % al registrado entre 2006 y 2015.
También en 2025, de acuerdo con los investigadores, el calor redujo la capacidad de las personas para trabajar de manera productiva. La situación implicó una pérdida estimada de USD 1,07 billones en ingresos potenciales, lo que representa el 0,91 % de la producción económica mundial, siendo el tercer año consecutivo en el que las pérdidas superaron el billón de dólares.
Algunas de las regiones más perjudicadas fueron el sudeste asiático y África, con pérdidas equivalentes al 3,9 % y al 3,2 % del PIB, respectivamente, frente al 0,2 % en Europa y al 1,5 % en América. Los sectores que concentraron la mayor parte de esas pérdidas fueron la agricultura (en un 38 %) y la construcción (29 %), pues el calor reduce directamente la productividad laboral y pone en riesgo la salud de sus trabajadores, quienes realizan actividades físicamente exigentes y sobre todo, al aire libre.
Para la directora de Lancet Countdown, las cifras que revela el informe apuntan a una emergencia evidente: “El aumento de muchas amenazas climáticas para la salud se está acelerando. Las muertes relacionadas con el calor atribuibles al cambio climático han alcanzado cifras récord, y el coste económico golpea con mayor dureza a los sectores y comunidades vulnerables. Los riesgos se agravan aún más cuando se considera cómo interactúan y se acumulan los distintos peligros. No se trata de un empeoramiento gradual, sino de un cambio brusco que debe reconocerse como la emergencia sanitaria mundial que es”.
El panorama en Colombia
Aunque en diciembre se publicará un análisis más profundo sobre la situación en América Latina y el Caribe, el informe de Lancet Countdown brinda algunos detalles sobre la región, como que ha sido vulnerable y afectada desproporcionadamente por las sequías, incluyendo la Amazonia, que en 2024 vivió uno de estos fenómenos sin precedentes. Puntualmente, en Colombia, de acuerdo con los hallazgos de los investigadores, el aumento de la exposición al calor está afectando a poblaciones vulnerables, así como los trabajadores, mientras que la sequía amenaza la salud, los medios de subsistencia y la seguridad hídrica.
En particular, las condiciones ambientales se han vuelto cada vez más favorables para la transmisión del dengue en el país, lo cual representa un riesgo creciente para la salud pública. De hecho, como hemos contado en estas páginas el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud (INS) comunicaron en días recientes que intensificaron las acciones de prevención y atención frente al aumento progresivo del dengue en Colombia.
Según informaron las entidades, con corte al pasado 9 de octubre, el país registraba 88.469 casos y 193 municipios en brote, con comportamientos superiores a lo esperado en varios territorios. Santa Marta ha presentado el mayor variación de casos, del 344 %, frente al año pasado. Mientras que al 13 de octubre de 2025 había reportado 463 casos, para esa misma fecha en 2026 registraba 2.054 casos. Otros de los territorios con especial seguimiento han sido La Guajira, Meta, Magdalena, Bolívar, Huila, Atlántico, Norte de Santander, Santander, Cesar, Cartagena, Barranquilla, Córdoba y Tolima.
Desde Lancet Countdown resaltan que Colombia ha buscado integrar la salud en su política climática nacional a través de una planificación integral de la adaptación del sector salud. También destacan la vigilancia de enfermedades incorporando información climática y las evaluaciones locales de riesgo climático.
Los investigadores apuntan que la contaminación del aire sigue siendo uno de los mayores riesgos para la salud de los colombianos, mientras que los subsidios netos a los combustibles fósiles mantienen la dependencia de fuentes de energía contaminantes. “Ampliar la electrificación de los hogares y del transporte por carretera, utilizando electricidad procedente de fuentes renovables, puede proteger la salud”, plantean entre las conclusiones de sus hallazgos para Colombia.
El llamado a la transición energética
El informe de Lancet Countdown concluye que, a pesar de la necesidad de dejar atrás los combustibles fósiles “para proteger la salud y salvar vidas, los intereses creados siguen obstaculizando el progreso”. En otras palabras, los esfuerzos por lograr una transición energética siguen siendo insuficientes y los planes de producción de combustibles fósiles se alejan cada vez más del objetivo del Acuerdo de París.
“En marzo de 2026, se proyectaba que las 100 mayores empresas de petróleo y gas superarían en un 150% para 2040 los niveles de producción compatibles con limitar el calentamiento a 1,5°C, frente al 138 % de marzo de 2025”, se lee en el documento.
Del mismo modo, los investigadores advierten que, aunque ha aumentado la evidencia científica sobre la relación entre el cambio climático y la salud, el apoyo a la acción climática se ha debilitado. Los gobiernos nacionales, así como organizaciones y el sector privado, señalan, están menos involucrados en la discusión, revirtiendo los avances alcanzados en años anteriores.
No todo son malas noticias. El análisis arrojó que en 2025 la inversión mundial en energías limpias aumentó un 7,2 %, alcanzando una cifra récord de USD 2,1 billones: un 82 % más que los 1,16 billones invertidos en combustibles fósiles. Esta inyección de recursos ha servido para que la electricidad proveniente de fuentes renovables pasara de representar el 5,5% de la generación total en 2016 al 13,5% en 2023.
A ojos de los investigadores, esto ha traído beneficios evidentes para la salud de las personas, como la mejora en la calidad del aire, que ha evitado, según estiman, 323.000 muertes al año en al menos 77 países en los que la contaminación atmosférica por combustibles fósiles ha disminuido desde 2016. Sin embargo, los cambios en el sistema han sido muy lentos, mientras que los combustibles fósiles siguen suministrando más del 80 % de la energía mundial y las emisiones que aumentan la temperatura del planeta alcanzaron un máximo histórico en 2024.
“Este informe es una advertencia contundente de que el cambio climático es una emergencia sanitaria. Lo que falta no son pruebas, sino voluntad política para actuar en consecuencia”, afirmó Helen Clarexprimera ministra de Nueva Zelanda y presidenta del consejo de Lancet Countdown. “Los gobiernos deben redoblar sus compromisos de acción sobre el clima y recuperar el impulso de la cooperación internacional. Esto debe ir de la mano de una rápida reducción de emisiones y de un apoyo mucho mayor a la adaptación, especialmente para las comunidades menos responsables del cambio climático y más vulnerables a sus efectos”.
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