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Frente a las lluvias, “no es buscar culpables”, es anticipar mejor: Angélica Gutiérrez

La ingeniera e hidróloga explicó que la plataforma GEOGLOWS permite ver anticipadamente si un río puede crecer y qué tan serio podría ser el evento, lo cual pudo efectuarse para el caso de Colombia, pero no se llevó a cabo.

Claudia Morales

18 de febrero de 2026 - 08:00 p. m.
Angélica Gutiérrez, ingeniera civil e hidróloga, líder en ciencia del agua y política pública. /Rivercity Global Forum.
Foto: Rivercity Global Forum

Colombia es el país de las tragedias anunciadas. Eso, que parece un eslogan terrorífico, es una realidad que se evidencia, una vez más, con la emergencia invernal que empezó a comienzos de febrero como consecuencia de eventos meteorológicos inusuales para esta época del año caracterizados por lluvias intensas que saturaron suelos y elevaron los niveles de los ríos.

Hoy hay ocho departamentos en condiciones críticas por esa situación, especialmente Córdoba, y el saldo es de decenas de miles de personas damnificadas, hectáreas de cultivos totalmente perdidas y daños significativos en la infraestructura.

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Como suele ocurrir, las víctimas quedan en la mitad de las discusiones y los señalamientos que se repiten gobierno tras gobierno, mientras permanecen sin resolver los problemas de fondo que podrían dar pistas sobre cómo un país puede prepararse para afrontar, con conocimiento y recursos, las emergencias derivadas de fenómenos climáticos.

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Por lo anterior, es relevante la opinión de expertos como la Doctora Angélica Gutiérrez, una ingeniera civil e hidróloga, líder en ciencia del agua y política pública, con más de 25 años de experiencia transformando observaciones de la Tierra y modelación hidrológica en información lista para la toma de decisiones sobre inundaciones, sequías y seguridad hídrica. Es PhD. y B.S. en Ingeniería Ambiental y Civil (Universidad de Maryland) y tiene una Maestría en Política Pública y Tecnología (Universidad de Stony Brook).

La Doctora Gutiérrez es la directora de GEOGLOWS, donde orienta la estrategia y alianzas que permiten a gobiernos e instituciones pasar del pronóstico a la acción mediante servicios hidrológicos abiertos y operativos. También es miembro del Equipo de Expertos de la Organización Meteorológica Mundial en Sistemas Operacionales de Predicción Hidrológica (ET-OHPS).

La ingeniera Gutiérrez brindó en el 2019 al Gobierno de Colombia una evaluación y recomendaciones tras la emergencia hidroeléctrica de Ituango. En 2022 recibió el NOAA Administrator’s Award por su liderazgo internacional ejemplar y sus contribuciones a la aplicación de las observaciones de la Tierra a los desafíos de sostenibilidad del agua.

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El Espectador habló con ella sobre GEOGLOWS, su experiencia en el mundo con la expansión del conocimiento sobre el comportamiento de los ríos, la importancia de las políticas públicas que permitan anticipar tragedias y lo que está pasando en Colombia con la emergencia invernal.

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El Espectador: ¿Qué es GEOGLOWS?

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A.G.: GEOGLOWS es la iniciativa del Grupo de Observaciones de la Tierra (GEO, por sus siglas en inglés) dedicada a la sostenibilidad hídrica global, que lidera los avances en la ciencia hidrológica. Cuenta con un equipo dedicado al desarrollo e implementación de sistemas abiertos de pronóstico del agua y ofrece predicciones hidrológicas precisas a escala global, desempeñando un papel fundamental para abordar y mitigar los complejos desafíos de la gestión de los recursos hídricos en diversas regiones geográficas.

El Espectador: ¿Cómo nació la idea de crear la plataforma?

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A.G.: Nació de dos experiencias que me pusieron frente al mismo problema. Por un lado, durante muchos años, por mi trabajo en NOAA, empecé a participar en actividades de la Organización Meteorológica Mundial, una institución que desde los años 50 impulsa estándares y coordinación internacional. En hidrología eso es especialmente complejo, porque el agua no es solo ciencia, también es institucional y, muchas veces, política. A través de ese trabajo empecé a ver con claridad que lo que más pedían los países era información útil, comparable y accesible para anticiparse a eventos hidrológicos. A partir de ahí se dio una convergencia natural de personas que veíamos el mismo reto desde ciencia, tecnología y operación. En ese momento, yo lideraba la formación de capacidades en observación de la Tierra dentro de NOAA y nos pidieron articular una “sombrilla” para ordenar esfuerzos dispersos de agua. Cuando definimos el foco, coincidimos en algo: el reto más grande y transformador era el pronóstico hidrológico global. Por eso decidimos concentrarnos ahí y así nació GEOGLOWS.

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El Espectador: GEOGLOWS tiene siete millones de ríos en su sistema. ¿Cómo llegaron a ese número?

A.G.: Cuando empezamos, trabajábamos con cerca de un millón de ríos. Pero al avanzar vimos que, para que la herramienta fuera útil en territorio, teníamos que incluir ríos más pequeños, porque muchas decisiones locales ocurren en esas cuencas. En ese proceso, la Agencia de Inteligencia Geoespacial de Estados Unidos nos facilitó una red hidrográfica mucho más detallada, de alrededor de 16 millones de segmentos. Con esa base hicimos pruebas para asegurar que el pronóstico mantuviera su calidad. Luego aplicamos un filtro técnico que excluyó los ríos de primer orden, que son los más pequeños y numerosos. Con eso quedamos en cerca de siete millones y publicamos todo como “datos listos para análisis”.

El Espectador: ¿Eso significa que la información está ahí y que se pueden activar acciones inmediatas?

A.G.: Sí, si alguien mañana quiere entrar a la red de GEOGLOWS, está lista para ser utilizada.

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El Espectador: ¿Qué tiene que hacer un país que quiere implementar GEOGLOWS?

A.G.: Lo primero es definir el nivel de adopción. Un país puede consultar la información desde el visor web, integrar los datos a sus sistemas u operar como un servicio institucional de alerta y planificación. Para pasar a los niveles dos y tres se necesita algo básico: personal técnico con continuidad operativa, datos locales para validar y un protocolo claro para convertir pronóstico en decisiones (umbrales, boletines, alertas). La base de GEOGLOWS es abierta, pero la implementación operativa —capacitación, adaptación e integración a flujos institucionales— requiere acompañamiento. Ecuador es un buen ejemplo: empezó con la base, la fortaleció y hoy ese desarrollo alimenta mejoras que sirven también para otros países.

El Espectador: ¿En Colombia alguna institución o municipio ha implementado GEOGLOWS?

A.G.: En Colombia sólo el IDEAM la implementó, pero nunca la utilizó, los técnicos que habíamos entrenado se fueron.

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El Espectador: Varias regiones de Colombia están bajo emergencia, entre ellas Montería, Córdoba, donde usted estuvo el año pasado, por lo que el IDEAM ha llamado “frentes fríos”. Esto ha significado el desbordamiento de ríos, inmensas extensiones inundadas, pérdidas humanas y materiales y la necesidad de declarar una emergencia económica para atender la tragedia. Usted, que ha seguido de cerca la situación, ¿qué lectura hace?

A.G.: Lo primero es reconocer que estos eventos no son solo “meteorología”, son el resultado de una combinación entre amenaza, vulnerabilidad y exposición. Puede haber lluvias intensas asociadas a frentes fríos u otros patrones atmosféricos, pero la tragedia ocurre cuando comunidades e infraestructura están en zonas de alto riesgo y no se logra anticipar y actuar a tiempo. Lo preocupante es que muchas veces la información existe, pero no siempre se convierte en decisiones. GEOGLOWS puede mostrar señales con hasta 15 días de anticipación, permite ver con tiempo si un río podría crecer y qué tan serio podría ser el evento.

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El Espectador: ¿Para el caso puntual de Montería, por ejemplo, ustedes tenían esa información anticipada?

A.G.: Esa información estuvo disponible para Montería y la región con ese margen de 15 días. Ahora, yo no puedo afirmar si en ese momento la Alcaldía o las autoridades competentes estaban revisando el pronóstico de GEOGLOWS de manera constante. Lo que sí vimos es que el grupo de la Universidad Distrital le hizo un seguimiento cercano y compartió análisis en redes sociales para mantener informada a la gente.

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El Espectador: El presidente Gustavo Petro señaló a Urrá, la compañía energética con sede en Montería, y a Hidroituango, como responsables de las graves inundaciones en el departamento de Córdoba. ¿Qué piensa de eso?

A.G.: Se ha intentado atribuir responsabilidad a los operadores de la represa de Urrá y creo que en buena parte eso responde a la falta de comprensión técnica. En situaciones como esta, una represa se opera justamente para reducir riesgos; las descargas controladas permiten manejar los niveles y evitar escenarios más graves. Para darte un ejemplo, en el 2020, cuando los huracanes Eta e Iota afectaron a Centroamérica, trabajamos con los operadores de la represa El Cajón en Honduras y recomendamos descargas controladas para “hacer espacio” ante la segunda tormenta y así mitigar el riesgo de inundación en el Valle de Sula. Es el mismo principio que los operadores de Urrá aplicaron. Aquí el punto de fondo no es buscar culpables, sino fortalecer la anticipación, la coordinación y la respuesta para que las alertas lleguen claras y a tiempo.

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El Espectador: ¿En este momento usted ha hecho contacto con gobiernos municipales, departamentales o con instituciones para reiterar la importancia de desarrollar GEOGLOWS?

A.G.: Sí. Además de las conversaciones con Montería, hemos hablado con varios actores a nivel local e institucional para explorar cómo implementar GEOGLOWS de manera que responda a necesidades concretas. Por ejemplo, hemos discutido posibilidades con la Alcaldía de Socorro (Santander) y con la Alcaldía de Medellín y sus Empresas Municipales. En Risaralda también hemos venido trabajando de cerca con CARDER, el municipio de Pereira, la Universidad Tecnológica y el IDEAM y estamos desarrollando una propuesta para implementar GEOGLOWS en apoyo a la gestión del riesgo por deslizamientos, integrándolo a los flujos de monitoreo y alerta del territorio. La idea es fortalecer el rol institucional a nivel nacional y, al mismo tiempo, potenciar a los actores locales a través de la colaboración, para que el pronóstico y los datos se traduzcan en decisiones operativas y no se queden solo como información disponible en una plataforma.

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El Espectador: En una exposición que usted hizo durante el encuentro de Rivercity Global Forum en Montería el año pasado, usó un concepto: “la información hidrológica es un derecho universal”. ¿Podría ampliarlo?

A.G.: Cuando digo que la información hidrológica es un derecho universal, me refiero a algo muy básico que es el derecho a saber, con anticipación, si existe un riesgo que puede afectar la vida, la vivienda o el sustento. En gestión del riesgo, la diferencia entre una emergencia manejable y una tragedia suele ser el tiempo para prepararse y ese tiempo depende de información que sea oportuna, accesible y comprensible. Por eso, las instituciones encargadas de prevención y manejo de desastres tienen la responsabilidad de producir y comunicar esa información con claridad y de sostenerla como un servicio, no como un proyecto pasajero.

Si la información no llega a tiempo o llega de forma fragmentada, las decisiones se toman a ciegas. Y, como ciudadanía, también tenemos un rol que es exigir transparencia y continuidad y pedir que la información se use para proteger a las personas. Cuando el acceso es abierto y la cultura de anticipación se fortalece, se reduce la vulnerabilidad.

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El Espectador: Usted ha mencionado otro concepto que es la inseguridad hídrica y ha asegurado que es un desafío humano y tecnológico. ¿Cómo están enfrentando esos retos los países a los que usted les ha hecho seguimiento?

A.G.: La inseguridad hídrica está influenciada por muchos factores y no es solo un reto tecnológico, también es un reto de capacidades y de gobernanza. Hay países que pueden tener datos o modelos, pero no cuentan con equipos estables para operarlos o no tienen acuerdos para compartir información cuando el agua cruza fronteras. Un ejemplo claro es India y Bangladesh. Cuando no hay intercambio oportuno de información aguas arriba, las crecientes pueden llegar casi de un día para otro y el país aguas abajo pierde margen para prepararse. Por eso, lo que funciona en la práctica suele combinar tres cosas: sistemas de pronóstico y monitoreo, personal capacitado con continuidad y mecanismos de coordinación entre instituciones y —cuando aplica— entre países. Es un reto de nuestra época porque afecta la producción de alimentos, la economía y la estabilidad social. Cuando hay inseguridad hídrica, el desarrollo se frena.

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El Espectador: Sobre la base de la experiencia que ha tenido, ¿qué regiones del mundo están entendiendo mejor lo que nos está explicando sobre los impactos que sufren los países que no prestan atención a la inseguridad hídrica?

A.G.: En mi experiencia, Europa es la región que ha entendido mejor este tema, no porque tenga menos riesgo, sino porque ha convertido la información hidrológica en un servicio público sostenido. La clave ha sido la continuidad, la inversión de largo plazo, equipos técnicos estables y sistemas que se mantienen y mejoran con el tiempo. También ha sido fundamental la interoperabilidad, los estándares y mecanismos de intercambio de datos entre instituciones y, muchas veces, entre países. De hecho, esa capacidad europea es parte de la base de GEOGLOWS. El pronóstico fundacional sobre el que construimos se apoya en el pronóstico meteorológico de la Unión Europea a través del ECMWF (Centro Europeo de Predicción a Mediano Plazo). Tener ese insumo de alta calidad, consistente y operativo permite que GEOGLOWS escale globalmente y que muchos países puedan partir de una referencia sólida para anticipar crecientes y gestionar riesgo.

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El Espectador: ¿Podría contarnos otros casos?

A.G.: Voy a mencionar un país en Latinoamérica y otro en África. En Malawi, con apoyo de USAID, se había instalado un sistema de alerta temprana basado en estaciones y sirenas a lo largo del río, pero el margen de evacuación era muy corto, del orden de horas. En el 2021 conocieron GEOGLOWS y lo integraron a lo que ya tenían. En 2022, ante eventos ciclónicos, el sistema les permitió anticiparse con más tiempo y mejorar la preparación y las evacuaciones. Según sus evaluaciones, eso redujo de manera significativa las pérdidas y los costos asociados al desastre. El segundo caso es Ecuador. En 2020, el INAMHI enfrentó una crisis para entregar información útil y oportuna. Implementamos GEOGLOWS como base y, lo más importante, ellos no se quedaron en el piloto, siguieron desarrollando en código abierto. Hoy tienen uno de los sistemas más avanzados construidos sobre esa plataforma y con beneficios que se extienden a otros usos y actores.

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El Espectador: ¿De qué depende la sostenibilidad de GEOGLOWS?

A.G.: Depende de dos cosas: una base científica confiable y una comunidad que la sostenga. Y, sobre todo, de cerrar la “última milla” entre la información y la acción, es decir, que el pronóstico no se quede en una plataforma, sino que llegue a quienes toman decisiones en formatos útiles, incluso cuando no hay alta tecnología. Eso implica trabajar con aliados, cuidar la calidad de los datos —que sean claros, verificables y con sus límites explicados— y tener procesos que las instituciones puedan aplicar de manera consistente y con confianza. En ese ecosistema, el ECMWF aporta el pronóstico global operativo; la WMO conecta esas capacidades con los servicios hidrometeorológicos nacionales y fortalece la conexión entre alerta y acción; GEOGLOWS traduce la información global en herramientas y flujos de trabajo centrados en el usuario; Esri ayuda a llevar esa información a mapas y aplicaciones; AWS provee la base en la nube para distribuir datos a escala; SERVIR Global apoya la implementación regional; y BYU y AQUAVEO lideran investigación, validación e innovación. Un apoyo clave reciente vino de Google.org, que comprometió US$3.5 millones para acelerar la adopción y fortalecer el impacto.

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El Espectador: Hemos hablado de la importancia de GEOGLOWS para las instituciones, pero ¿por qué es importante para el ciudadano común conocer la plataforma?

A.G.: Porque la información abierta también protege. Idealmente, las instituciones deben producir y comunicar alertas claras y oportunas, pero como ciudadanos podemos complementar esa prevención informándonos. Hoy no cuesta nada entrar a la plataforma abierta (https://hydroviewer.geoglows.org/), revisar qué está pasando y aprender lo básico para interpretar una gráfica, si un río viene subiendo, si está por encima de lo normal, si hay señales tempranas de creciente. Eso permite tomar decisiones simples, estar atento, prepararse, preguntar, exigir claridad y fortalecer una cultura de anticipación. Si la tecnología está abierta, vale la pena aprovecharla, no para reemplazar a las instituciones, sino para reducir nuestra vulnerabilidad.

El Espectador: Me gustaría que defina GEOGLOWS, por ejemplo, para alumnos de colegios.

A.G.: En una palabra, es supervivencia. Y, en un concepto, es una serie de datos que te van a empoderar para sobrevivir. Si tienes información, tú vas a saber qué necesitas hacer. GEOGLOWS es como un “pronóstico del tiempo”, pero para los ríos. Te muestra si un río pudiera crecer en los próximos días y te ayuda a prepararte. En pocas palabras, es información para anticiparse y estar más seguro.

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El Espectador: Ahora quisiera pedirle que haga lo mismo pensando en los líderes de un país y para convencerlos de que es imprescindible tenerlo en cuenta en la política pública.

A.G.: Para un líder, GEOGLOWS es una inversión en prevención y en capacidad del Estado. Un mejor pronóstico y una alerta temprana reducen pérdidas humanas y materiales, mejoran la respuesta a emergencias y ayudan a planificar mejor dónde invertir y cómo proteger infraestructura crítica. Además, hace más eficiente el uso de los recursos públicos, porque anticiparse casi siempre cuesta menos que reaccionar y reconstruir. La clave es adoptarlo como un servicio sostenido con equipo técnico estable y coordinación institucional para que la información se convierta en decisiones y resultados.

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