
La seguridad en Kennedy enfrenta retos que involucran tanto a ciudadanos como a autoridades. La falta de comunicación y denuncia dificulta la convivencia. “La misma ciudadanía hace al policía y el mismo policía hace la ciudadanía”, declaró Jorman Delgado, patrullero de la Policía Nacional.
Las cifras de la Policía muestran una disminución en el hurto a personas. En 2025 se registró un promedio mensual de 917 denuncias, mientras que hasta julio de 2026 se contabilizaron en promedio 843 casos mensuales. La violencia intrafamiliar fue la excepción, con un promedio mensual mayor este año. A pesar de esta reducción, habitantes consultados consideran que todavía existen situaciones que afectan su percepción de seguridad.
“El microtráfico es de los temas que más nos causan preocupación”, afirmó Sergio Andrés Calderón, referente de seguridad de la Alcaldía Local de Kennedy, quien señaló que el corredor occidental de la localidad presenta zonas más complejas. También identificó como delitos de mayor impacto las lesiones personales, el homicidio, las distintas modalidades de hurto y la violencia intrafamiliar.
Por su parte, John Ospina, intendente jefe de la Policía Nacional, añadió que a estas problemáticas se suman los robos a establecimientos comerciales y las riñas asociadas al consumo de alcohol y sustancias psicoactivas. También mencionó el microtráfico y la presencia de grupos delincuenciales como situaciones que requieren atención en diferentes sectores de la localidad.
Kennedy insegura: así lo ven sus habitantes
Más allá de los registros oficiales, estas problemáticas también hacen parte de las experiencias cotidianas de los habitantes. Michael García, exestudiante de dos instituciones educativas ubicadas en los barrios El Socorro y Castilla, recordó situaciones que presenció durante su permanencia en la zona:
“Cuando vivía por El Socorro era normal cada fin de semana escuchar gritos, escuchar que a alguien lo robaron. Allá, por la cultura y por la zona, como eso era invasión, era muy frecuente ver los fines de semana a la gente que reparte los periódicos anunciando en las noticias que alguien había matado a otra persona, que habían encontrado un cuerpo en el caño o situaciones de ese estilo”, relató García.
Una experiencia distinta, aunque relacionada con los cambios en la seguridad del sector, fue descrita por Miguel Ángel Rodríguez, residente de Castilla desde hace 14 años. Aunque sostuvo que las riñas y los conflictos relacionados con pandillas que presenciaba frente a los colegios cuando era menor han disminuido, considera que el delito común ha aumentado.
“Cuando era más pequeño había muchas riñas y muchas peleas afuera de los colegios, como temas relacionados con pandillas. Sin embargo, esas problemáticas ahora ya no se encuentran, ya no están tan presentes, han disminuido. Siento que el crimen común, como robos de celulares, motos y maletas, usando objetos cortopunzantes o algún otro tipo de armas, sí ha ido incrementando con el paso del tiempo”, manifestó Rodríguez.
Rodríguez agregó que esta percepción también está relacionada con situaciones que presencia mientras realiza actividades cotidianas. “Voy a salir a comer a algún lado y escucho: ‘Cójalo, cójalo, agárrenlo, agárrenlo’. Y es cada vez más frecuente que alguien esté corriendo porque se robó algo o hay una moto que arranca a toda velocidad por la misma razón”.
También recordó un caso ocurrido en un lugar que frecuenta: “El gimnasio al que yo voy, StrongFit, lo robaron con armas de fuego y robaron a varias personas que estaban haciendo ejercicio. Cada vez veo más ejemplos de gente cercana y que vive por acá que ve o que le han pasado cosas”.
Reto para las autoridades
Desde la perspectiva de la Policía, la inseguridad en Kennedy también representa un reto por la cantidad de habitantes y la extensión territorial de la localidad. El intendente John Ospina lleva 20 años prestando servicio en diferentes zonas de Bogotá y gran parte de su trayectoria ha transcurrido en Kennedy.
Para él, estos problemas persisten por factores como el desempleo, la desigualdad social, el consumo de sustancias psicoactivas y la presencia de economías ilegales. Además, advirtió que la baja denuncia de algunos delitos dificulta la identificación y judicialización de los responsables.
Una percepción similar tiene Sandra Sepúlveda, dueña de una papelería en Castilla, quien relacionó la inseguridad con la falta de oportunidades laborales y educativas. “Hay un factor importante en las oportunidades de la gente, porque si tuvieran la oportunidad de trabajar no tendrían necesidad de robar. Entonces creo que va más enlazado no tanto a la cultura, sino más bien a la educación y las oportunidades que tienen las personas respecto a la seguridad”.
Sin embargo, su percepción de inseguridad también está relacionada con las condiciones del sector donde trabaja. Sepúlveda comentó que la presencia de recicladores que ingresan a su establecimiento le genera temor, especialmente porque permanece sola en el lugar. “Me da pánico porque básicamente entran los recicladores hasta aquí a pedir cajas o plata y pues yo aquí sola”, indicó.
La comerciante también considera que la falta de iluminación aumenta la sensación de inseguridad. Debido a la cercanía de un humedal y a la ausencia de viviendas frente al establecimiento, el sector queda solo y oscuro durante la noche. Por esta razón, los comerciantes tuvieron que instalar reflectores para iluminar el lugar durante el horario de atención.
Esta situación se relaciona con una distinción que planteó Sergio Andrés Calderón, referente de seguridad de la Alcaldía Local de Kennedy. Para él, existen situaciones que generan percepción de inseguridad aunque no estén directamente relacionadas con hechos delictivos. Entre ellas mencionó la presencia de habitantes de calle, los cambuches, el desorden, el parqueo en vía pública, las basuras y la falta de iluminación.
Según Calderón, estas condiciones son problemas estructurales que pueden afectar la percepción de seguridad de los habitantes, pero también están relacionadas con la falta de cultura ciudadana. La inseguridad no se limita a los delitos registrados, sino que también está relacionada con las condiciones del espacio público.
Para Jorman Delgado, patrullero de la Policía, los problemas de convivencia también se reflejan en el trato que reciben los uniformados durante los procedimientos. “Me he visto envuelto en muchos casos en los que me han irrespetado, me han tratado mal, incluso me han escupido la cara”, expresó. Aun frente a estas situaciones, aseguró que intenta mantener el diálogo como primera opción.
Esta relación entre ciudadanía y autoridades también está atravesada por las dificultades para denunciar. Delgado recalcó que algunos ciudadanos tienen miedo de ser señalados como “sapos”, aunque considera que su colaboración resulta importante para las investigaciones. Para él, mejorar la convivencia requiere comunicación entre ambas partes. “Es la misma ciudadanía la que hace al policía y es el mismo policía el que hace la ciudadanía”, afirmó.
Andrea Carolina Olivares – CrossmediaLab Utadeo
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