
En pleno centro de Bogotá existe un lugar del que pocos han escuchado y casi nadie ha visitado. Bajo la Avenida Jiménez se encuentra una red de túneles, que estuvo olvidada por décadas y que hoy cobra vida de nuevo gracias a la Universidad Distrital y su Facultad de Artes. Decidimos recorrelos, con la guía del profesor Carlos Arturo Reina, historiador y actual director del Instituto de Pedagogía para la Paz y el Conflicto Urbano, quien nos ayuda a entender la historia, el presente y los mitos que rodean este espacio subterráneo.
Historia de los túneles bajo la Jiménez
Los túneles bajo la Avenida Jiménez tienen casi 80 años, pero su historia se remonta a 1910 cuando se construyó el edificio Rufino Cuervo, sede de los telégrafos nacionales. En 1936, el Distrito adquirió el predio por COP 36.120 de la época y demolió el edificio, con lo que comenzó la transformación subterránea. En la década de los 40 se construyeron los túneles, originalmente diseñados como galerías culturales y comerciales. “Había restaurantes, un salón de baile, espacios para eventos y venta de productos. Era un lugar con mucha vida social”, explica el profesor Reina.
La idea de crear un espacio subterráneo se inspiró en los corredores comerciales de Europa, donde las ciudades no solo crecía hacia arriba, sino también en sus profundidades. Uno de los detalles más sorprendentes es el panel de control eléctrico que aún se conserva en el lugar, el cual servía para controlar la iluminación de varios edificios del centro. “Durante el Bogotazo, se usó para cortar la electricidad en lugares estratégicos como la Gobernación, el antiguo Hotel Regina y la sede de El Espectador, que estaba justo arriba del túnel”, agrega.

¿Para qué se usan hoy los túneles?
Con el paso del tiempo, se dejaron de usar y, como muchos lugares de la ciudad, la red de túneles cayó en el olvido. Sin embargo, la Universidad Distrital la retomó y la convirtió en un espacio para la Facultad de Artes – ASAB. Actualmente, se usa para dictar clases y esporádicamente para presentar obras de teatro y realizar eventos culturales abiertos al público. “Los estudiantes los utilizan como escenarios creativos”, explica Reina. Algunas de las conexiones originales han sido modificadas o cerradas. En su momento, había salidas directas hacia diferentes puntos de la Avenida Jiménez. “Ahora, varios de esos accesos se utilizan para almacenamiento o fueron clausurados por seguridad”, dice el profesor.
Sin embargo, aún se conserva buena parte de la estructura original. Las paredes húmedas, los techos bajos y la sensación de encierro hacen que el lugar tenga una vibra especial, que ha dado pie a rumores y mitos. “Se cuenta, por ejemplo, que alguna vez se intentó hacer un robo a la Caja Agraria, hoy Banco Agrario, a través de estos túneles, lo cual habría motivado el cierre de algunos accesos”, relata el profesor. Otra historia curiosa es que el río San Francisco, que antes corría a cielo abierto por la avenida, se cubrió como parte de las reformas urbanísticas a mediados del siglo XX. La Avenida Jiménez literalmente se construyó sobre el río y los túneles ocupan lo que antes fueron sus riberas. Esto explica los olores fuertes y la alta humedad en algunos sectores.

¿Aún hay túneles sin explorar?
Aunque muchas conexiones las han clausurado, el profesor Reina sugiere que es posible que aún existan otras rutas subterráneas ocultas bajo el centro de la ciudad. “La Bogotá que conocemos apenas revela una parte de su historia. Hay mucho más bajo nuestros pies”. Lo que me lleva a decir que este espacio es una muestra de cómo la historia no siempre está en los museos. En ocasiones, se puede encontrar debajo de las calles que pisamos a diario.
Para el profesor, estos túneles representan más que una simple huella del pasado. Son una forma de ver la ciudad desde otra perspectiva. “Este lugar demuestra cómo Bogotá esconde muchas cosas. A veces creemos que conocemos el pasado, pero aún hay mucho por descubrir. Aquí hay arte, historia y resistencia”. Invita a la gente en Bogotá a redescubrir su ciudad con una mirada más curiosa: “Muchos pasan toda su vida por la Avenida Jiménez sin imaginar lo que hay debajo. A ellos les diría que vengan, que se dejen sorprender. Siempre serán bienvenidos”, comenta el profesor.

¿Se pueden visitar los túneles?
Sí. Aunque no están abiertos todos los días, la Universidad Distrital realiza temporadas de eventos y recorridos culturales que permiten acceder. Las fechas y horarios se publican a través de los canales oficiales de la institución, su página web y redes sociales. Es importante tener en cuenta que el ingreso depende de la programación académica y cultural, ya que los túneles son parte activa de la Facultad de Artes.
Después de recorrer este lugar, es imposible volver a caminar por la Avenida Jiménez sin pensar en lo que hay debajo. Los túneles no solo conservan la historia de una ciudad que está en constante transformación, sino también la creatividad, la memoria y la identidad de quienes aún los usan.
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