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“Árbol Ávido”: el homenaje a Julio Daniel Chaparro que recuerda una deuda con la justicia

Una ceiba y una placa con un poema mantienen viva la memoria de Julio Daniel Chaparro, el periodista asesinado junto con el fotógrafo Jorge Enrique Torres en 1991. Aunque el homenaje en Villavicencio reconoce su legado, aún hay medidas de reparación pendientes y, 35 años después del crimen, los asesinatos de ambos periodistas continúan sin resolverse.

La placa “Árbol Ávido” es un homenaje a la vida y obra del poeta y periodista Julio Daniel Chaparro Hurtado. El homenaje se enmarcó en la quinta edición del Festival del Cuarto Mosquetero, medio de comunicación de Meta.
Foto: Simón Zapata Álzate

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En la misma tierra en la que se encuentra sembrada una robusta ceiba de más de cinco metros, a la que alguna vez le escribió un poema, reposa ahora la placa “Árbol Ávido”, un homenaje a la vida y obra del poeta y periodista Julio Daniel Chaparro Hurtado. La conmemoración tuvo lugar el 16 de octubre, en el Parque Infantil de Villavicencio (Meta), ciudad en la que Chaparro se inició en los gajes del periodismo para, años más tarde, llegar a escribir en las páginas de El Espectador.

La placa es también una de las medidas de reparación ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), instancia internacional a la que llegó el caso del asesinato del periodista, ocurrido el 24 de abril de 1991. Chaparro viajó ese día, junto con el fotógrafo Jorge Enrique Torres Navas, a Segovia (Antioquia), para escribir una crónica para este diario. La misma noche en que llegaron al pueblo, ambos fueron asesinados a tiros por hombres que pertenecerían al Ejército de Liberación Nacional (Eln).

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A 35 años del doble homicidio, el caso continúa sin resolverse y los responsables no han sido llevados ante la justicia. Han sido las familias de ambos reporteros, en especial sus hijos, Daniel Chaparro y Diana Torres, quienes han mantenido vivo el legado de sus padres. Su lucha llevó al Estado colombiano a reconocer, el 23 de abril de 2025, su responsabilidad por no proteger la vida de los periodistas y por no hacer lo necesario para esclarecer la verdad del crimen, una deuda que permanece sin saldar desde hace décadas. En este largo camino por la dignidad y la memoria, Daniel Chaparro Díaz observa ahora la placa que contiene las palabras del poema de su padre:

en este tiempo de novicios que naufragan

intactos en la espuma, tal árbol ávido

el viento susurra hojas para un jardín sobre la brisa.

su rumor descubre el rutaje de la sangre

e inunda de sándalo mi casa

abandonada de semillas.

de todo esto partiré

se de mi palabra inútil

triste instrumento de las horas

soy otro guijarro que alguien ha botado al manantial

con ruido de cristales.

es mi vecindad el habla cotidiana de la muerte

y sigo naciendo en este nuevo día.

***

El evento comenzó a las 5:45 de la tarde, con un público de más de 100 personas sentadas en las gradas de cemento del parque o de pie. El homenaje se enmarcó en la quinta edición del Festival del Cuarto Mosquetero, medio de comunicación de Meta. Además de su hijo Daniel Chaparro, asistió Marisol Cano, periodista que lo ayudó con la tesis sobre la historia de su padre. También estuvieron D’Mar Córdoba Salamanca, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, y Sofía Jaramillo, directora ejecutiva de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip).

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Entre el público de más de 100 personas, se encontraba Daniel Chaparro Díaz (de camisa blanca, pantalón café y periódico en mano), hijo del periodista Julio Daniel Chaparro Hurtado.
Foto: Simón Zapata Álzate

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Entre el público, algunas personas señalaron haber conocido al periodista Julio Daniel Chaparro, a quien escucharon muchas veces en Radio 5, donde ponía canciones y daba la hora; cuando estuvo en la Cadena Súper, al frente del Noticiero del Llano; o en la Cadena Todelar, con el informativo Macarena. Asimismo, el periodista fue subdirector de la revista Oriente y coordinador de la revista cultural Entreletras.

El primero en abrir el homenaje fue el director D’Mar Córdoba, quien resaltó los peligros que enfrentan los periodistas en Colombia: “Uno no se sube a un carro con un rumbo desconocido sin hacer cuentas sobre lo que puede ocurrir. Uno sabe que el forastero con una cámara, con una grabadora en aquel momento, despierta muchas preguntas en quienes lo ven transitar y que en ciertas regiones las preguntas se responden con violencia”.

Esto era algo que “Julio Daniel lo sabía y Jorge Enrique, con 20 años de reportería encima, lo sabía de sobra. Fueron a Segovia a contar lo que la violencia se había llevado. Ese era el nombre de la serie que querían contar y lo que había quedado después de dos años y medio de la masacre de 1988. No repetir el número de muertos. Ese es el periodismo que vale la pena. El periodismo que llega cuando ya se fueron las cámaras de la primicia, el periodismo que pregunta lo que nadie quiere oír. El periodismo que incomoda. El periodismo que hace lo que corresponde”.

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Sobre ese fatídico viaje a Segovia, Sofía Jaramillo, directora de la Flip, relató que “Julio Daniel llevaba sus palabras y Jorge su cámara. Querían mostrar lo que estaban viendo y acercar esa realidad a quienes no la conocían, y allí los asesinaron. Durante más de tres décadas sus familias han luchado para que sus asesinatos no queden en el olvido. Con la Sociedad Interamericana de Prensa llevaron el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y en la Flip los hemos acompañado en todo ese proceso”.

Aunque la Flip reconoció que la placa “permitirá que su legado tenga un lugar permanente en la ciudad y que nuevas generaciones se acerquen a su escritura”, advirtió que la reparación debe continuar más allá de este acto. “Cada medida acordada responde a los daños que causaron el asesinato de ambos periodistas y compromete una respuesta del Estado frente a las familias y la sociedad. Por eso, la develación de la placa debe estar acompañada de avances verificables en las demás obligaciones adquiridas, con acciones y plazos claros para su ejecución”.

La Fundación se mantuvo firme en que el acuerdo de solución amistosa, mediado por la CIDH entre el Estado y las familias, "es innegociable". Además de este acto conmemorativo, siguen pendientes otras medidas de reparación, entre ellas la elaboración de un mural en memoria de las víctimas, a cargo de la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos; el pago de indemnizaciones por daños materiales e inmateriales; la producción de un videopódcast sobre Chaparro y Torres, y la realización de un documental sobre periodistas asesinados durante el conflicto armado.

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“El videopódcast y el documental están a cargo de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado (Andje), a la que solicitamos disposición y acciones concretas para cumplir los compromisos adquiridos con las familias y contribuir a preservar la memoria del país”, sostuvo la Flip en su comunicado. Además, agregó que a estas medidas pendientes se suma la suspensión, por parte del Ministerio de las Culturas, del pago de los estímulos culturales a los ganadores del premio previsto en el acuerdo, quienes aún no han recibido los recursos. Según advirtió, esta decisión afecta el cumplimiento de la medida y debilita su alcance reparador para las familias de los periodistas.

Antes de que comenzara el conversatorio sobre la vigencia de la obra de Chaparro y las consecuencias de la violencia contra la prensa, el último en tomar la palabra fue su hijo Daniel Chaparro Díaz. “Un día que se repite en mi memoria. 35 años nos separan de la última tarde que Julio Daniel y Jorge Torres estuvieron sobre la tierra, pero los dos, de maneras distintas y asombrosas, han logrado durante este tiempo atravesar el silencio obstinado que nos separa”.

Sincerándose ante el público, Daniel Chaparro confesó que le gustaría hablarle a su padre, “escribirle una carta, describirle el feliz asombro que sus nietos nos producen. Me gustaría volver a caminar por las calles que las pisadas del poeta hicieron suyas. Reír, cuestionar, debatir. Me gustaría compartir unas cervezas y enseñarte, querido padre, cómo es que de verdad se baila salsa. Me gustaría contarles a todos ustedes el resultado de nuestras andanzas, pero es inútil. Ese diálogo imposible es una nostalgia que mastico, pero no alimenta. Un recuerdo enmohecido que sigue persistiendo en la mitad del pecho y que duele, aunque cada día duele menos”.

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Volviendo una vez más a su asesinato, su hijo afirmó que esa tarde en Segovia “también nos arrebataron un poeta, una manera de asumir la poesía que se encontraba en el follaje de los árboles, en los diálogos de los parques, en la risa de niños entre los cementerios, una noticia que podía ser publicada en los diarios, pero era digna de ser poema”.

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En el largo camino que ha significado buscar justicia y mantener a flote la memoria del poeta y periodista, Daniel Chaparro reconoce que este homenaje, esta placa, este “retorno del poeta con su poesía no es solo una invitación a recordarlo, sino a seguir cosechando miradas y palabras en ese terreno fértil que es la vida para la poesía”. Para cerrar, citó un fragmento del poema de su padre, Noticia para los hijos, con una pequeña intervención para la ciudad que vio nacer las palabras de Julio Daniel Chaparro Hurtado:

asumí la decisión de reinventar a los dioses

y perdí mi vida tras un sueño.

por eso me condeno.

fui un hombre común, como cualquier

otro.

pero los hombres nada somos.

somos instantes, pasajeros infelices,

invenciones que nunca se devuelven.

somos derrotados, y sufrimos.

Villavicencio,

sueña siempre conmigo.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

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