Cristian Hernando Herrera Mariño tenía 50 años y la mitad de su vida la dedicó a hacer periodismo en Cúcuta (Norte de Santander), su ciudad natal. Durante 23 años recibió amenazas de grupos armados, bandas delincuenciales y hasta de funcionarios públicos, por hacer con rigor y cuidado su trabajo de investigar las movidas del poder en ese departamento. Incluso, estuvo exiliado en Chile y se vio obligado a hacer periodismo acompañado por un robusto esquema de seguridad que resultó insuficiente. Fue asesinado el 6 de junio de 2026, cuando llegaba a un almuerzo familiar. Un crimen que aumentó a 171 la lista de periodistas asesinados en Colombia desde 1924, según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP).
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El panorama es alarmente. Cristian Herrera es el segundo periodista asesinado en Colombia en apenas un mes, tras el crimen contra el comunicador Mateo Pérez Rueda, de 25 años, ocurrido el el pasado 6 de mayo en Briceño (Antioquia) por las disidencias de las Farc al mando de alias “Calarcá”. Estos casos se suman a una larga lista de constreñimientos a la prensa que hacen del periodismo una profesión de alto riesgo en Colombia. Datos de la FLIP señalan que, solo entre el 1 de enero y el 15 de mayo de 2026, 150 periodistas han sido agredidos en Colombia. De esos hechos, 44 estuvieron relacionados directamente con el cubrimiento electoral. El 36 % de los ataques fueron de actores institucionales o figuras públicas y el 19 % de grupos armados.
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César Paredes, subdirector programático de la FLIP, le dijo a este diario que hay regiones como Arauca, Antioquia, Guaviare, Nariño y Norte de Santander, en las que las agresiones a la prensa generan mayor preocupación porque no hay garantías suficientes para el ejercicio de la profesión. “En Colombia los riesgos están por todos lados (...) Llevamos haciendo llamados al Gobierno para la protección de la prensa y la libertad de expresión, pero consideramos que no se ha hecho lo suficiente desde la Unidad Nacional de Protección (UNP), tampoco desde las declaraciones oficiales de los entes gubernamentales. El llamado es a la protección, prevención de los riesgos, al cuidado y atender los esquemas de protección según cada necesidad”, expresó.
En la misma línea se pronunció Carlos Eduardo Huertas, director Connectas, una plataforma que reúne a varios periodistas de América Latina. “La muerte de un periodista no es un problema de un gremio, es un problema que afecta directamente a la sociedad y que golpea a los pilares de la democracia. El periodismo busca recoger información, investigar y contrastar para llevarla a la sociedad y para que esta tenga elementos ciertos para tomar decisiones informadas. Por eso, la sociedad tiene que reunirse y demandar de las autoridades que haya justicia”, señaló. Ante este panorama, El Espectador recogió las voces de ocho periodistas en algunos de las zonas más complejos del país. Sus voces son testimonio de la autocensura, del miedo a salir de la calle e, incluso, de informar sobre la muerte de sus propios colegas.
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*Por seguridad, algunos de los periodistas pidieron ser anonimizados.
Néstor López López
Red de Corresponsales de la FLIP/El Colombiano
Medellín (Antioquia)
“Medellín todavía conserva condiciones similares a las de Bogotá, pero entre más nos alejamos de esa centralidad, más difícil se vuelve ejercer el periodismo. Hemos visto casos en los que un alcalde o un concejal desacredita a un medio simplemente porque cuestiona o contradice determinados intereses de poder. En Medellín hay fenómenos asociados a bandas criminales y estructuras delincuenciales con mucho poder, que probablemente generan silenciamiento dentro del periodismo cuando se trata de hacer ciertas denuncias. En Antioquia hay actores armados de todo tipo. Pese a esto, lo que me mantiene en el periodismo es la convicción y el compromiso de seguir contando lo que pasa en la región. Pero también me mantiene el reto de estar a la altura de la confianza que mis oyentes depositan en mí”.
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Carmen Rosa Pabón
Calor Stereo
Arauca (Arauca)
“Yo hago periodismo en Arauca en medio del conflicto. Informo en medio de las agresiones permanentes de los grupos armados contra la población civil, en medio de la vendetta que libran desde 2022 las disidencias de las Farc y el Eln. Para mí, los riesgos son muchos: las amenazas, la estigmatización y el temor de perder la vida. Porque cuando hay amenazas y estigmatización, es lógico que uno como periodista sienta miedo. A mí me preocupa que las agresiones contra la población civil van en aumento. Y con ello también aumentan los riesgos para quienes cubrimos el conflicto, investigamos y contamos la verdad. Pero lo que me mantiene es el deseo de visibilizar las historias de los campesinos que viven en esta región”.
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Óscar Solarte
Periodista independiente
Popayán (Cauca)
“Hacer periodismo en Cauca mezcla el riesgo con una gran responsabilidad ante el escenario en el que se encuentra el departamento por el conflicto armado. El principal reto para nosotros es escuchar las voces de las comunidades, sorteando obstáculos como actores armados, restricciones de movilidad y el ingreso a los territorios. Un gran riesgo es el accionar de los grupos ilegales, especialmente las disidencias de ‘Iván Mordisco’, que a veces nos impide la libre movilidad y llegar a determinadas zonas. Me preocupa el riesgo que corren nuestras vidas al momento de cubrir sucesos en territorios complejos o de amplio dominio de actores ilegales. Pero me mantiene vivo la convicción el ser la voz de la comunidad, escuchar a los caucanos, mostrarles a los colombianos que el Cauca no es solo guerra, sino biodiversidad, turismo, gastronomía y resiliencia”.
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Javier Jules Acosta
Corresponsal de la FLIP en Bogotá y Cundinamarca
Bogotá
“En el caso de Bogotá, considero que uno de los principales problemas que enfrentamos los periodistas tiene que ver con la actuación de las redes sociales. Existe un ambiente de estigmatización constante y, en algunos casos, colegas se han visto afectados por ataques directos de personas que ni siquiera se identifican. También es evidente que en Bogotá existen economías ilícitas y estructuras delincuenciales. Frente a ciertas coberturas, algunos periodistas optan por no ingresar a determinadas zonas o prefieren tomar medidas especiales de protección. Cuando una investigación involucra organizaciones dedicadas a la delincuencia urbana, es normal que uno evalúe los riesgos y, en algunos casos, decida no exponerse. A pesar de todo, sigo manteniendo la convicción de que el periodismo puede generar cambios”.
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Anónimo*
San José del Guaviare (Guaviare)
“En Guaviare es difícil confrontar la información y recogerla en el área rural, porque hay demasiado control armado. Es tan difícil hacer periodismo que, en mi caso y el de mis colegas de la emisora, nos tocó autocensurarnos debido a la presión de los grupos irregulares. No informamos sobre temas relacionados ni con ningún grupo armado ilegal, ni con la fuerza pública. La amenaza es latente. Estamos en medio de la confranción de ellos y no vamos a arriesgar la vida para darle importancia a sus acciones. Me preocupa la desigualdad en estas regiones y la cantidad de familias vulnerables. Son muy frágiles y quedan en manos de los irregulares, quienes los manipulan, y ante los grupos políticos que hacen lo mismo, que ejercen poder sobre ellos por medio de regalos que dan a las comunidades a través de favores y no de la garantía de sus derechos. Me mantiene la convicción el luchar por estas personas, orientarlas y fortalecerlos por medio de la información sobre sus derechos”.
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Camilo Picón
Frontera Roja/Caracol Radio
Cúcuta (Norte de Santander)
“Hacer periodismo en Norte de Santander es como caminar por un campo minado. Es muy difícil porque tenemos grupos armados: Eln, Epl, disidencias de las Farc, Autodefensas de la Sierra y grupos binacionales en la frontera. Solo en Cúcuta hay más de 20 bandas de delincuencia común, hay narcotráfico y ciertos sectores de política local que también nos afectan el trabajo porque, de cierta manera, nos amenazan. Para los que hacemos periodismo judicial, es de lo más complicado que existe por las amenazas de las bandas de delincuencia común y los hechos de corrupción, de lo que ya es muy difícil hablar y hay que autocensurarse. Desde que me levanto y salgo de la casa, voy asustado. Ya hasta hablar del asesinato de Cristian Herrera nos genera miedo. Pero el periodismo no es solo un oficio, es la herramienta para que los problemas de nuestras comunidades sean escuchados y es la pasión lo que nos hace seguir adelante”
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Adrián Trejos
Caracol Radio Armenia
Armenia (Quindío)
“A diferencia de otras zonas del país, considero que en el Quindío y en Armenia todavía es posible ejercer un periodismo libre e imparcial. Sin embargo, eso no significa que no existan riesgos. Nuestra región ha tenido episodios de amenazas contra colegas y también asesinatos de comunicadores y periodistas reconocidos a lo largo de la historia. Considero que los principales riesgos de la labor periodística en esta región están relacionados con la corrupción. Los actores armados no ejercen una presión directa sobre nuestro trabajo porque, afortunadamente, no están instalados de manera permanente en el territorio. Lo que me mantiene en el periodismo, particularmente en la radio, son las ganas y el compromiso de sacar adelante una profesión que amo”.
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Anónima*
Buenaventura (Valle del Cauca)
“Ejercer el periodismo de Buenaventura es apasionante. No sabemos el día a día qué nos puede traer. Dos de los principales retos aquí son los recursos y que no nos podemos meter en cualquier lado. Aquí hay barrios vedados, a los que no podemos entrar para salvarnos la vida. Los grupos conocidos como Los Shottas y Los Espartanos no interfieren en nuestro trabajo, pero son grupos con los que uno no puede meterse. Lo que más me preocupa es que tenemos que callar, aún conociendo muchas situaciones. Tenemos que cambiar la mirada hacia otro lado, porque está en riesgo nuestra vida. Pero lo que me mantiene la convicción de ser periodista es que trabajo para la comunidad, puedo ayudar a las personas, educar, transmitir esperanza a esta población que tanto lo necesita. Trabajamos para salir adelante y para ver la sonrisa de los niños, porque me encantaría que ellos salgan adelante y que no queden inmersos en el conflicto”.
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