Por: Cecilia Orozco Tascón

Pretelt en la pluma de su alma gemela

“El honorable magistrado Jorge Pretelt os invita al lanzamiento de la excelsa publicación escrita en defensa de su honra, buen nombre y altísima dignidad por el benemérito representante de la literatura de ficción, Don Ernesto Yamhure”.

Con esa frase sencilla, tal cual es la vida del homenajeado Pretelt, podrían timbrarse las tarjetas de invitación al magno evento en que se lanzará el texto empastado que firma el segundo personaje. Yamhure, para quienes no lo recuerdan puesto que desapareció de la escena física hace por lo menos cinco años, es el que fungía como periodista de algunos medios en los años dorados del uribismo, no para informar u opinar limpiamente sobre los asuntos públicos, sino para cumplir, mediante una buena fachada, las tareas políticas que le imponía el obdulismo de las chuzadas del DAS.

Gracias al caricaturista Vladdo que publicó el hallazgo, y a la periodista Claudia Julieta Duque que estudió el contenido de una USB con archivos del criminal Carlos Castaño, se develaron las amistades secretas de quien había logrado colarse como columnista en El Espectador y como comentarista en Caracol Radio: Yamhure era un asiduo corresponsal de Castaño con el que se cruzaba correos electrónicos para buscar el aval del paramilitar a sus columnas. Las pruebas de los dos comunicadores eran incontrovertibles puesto que consistían en los mensajes cruzados entre el paramilitar y el uribista, expuestos ante los ojos de cualquiera que abriera la memoria digital. No cupo ninguna duda y el asunto se zanjó pronto. En efecto, horas después de las revelaciones de Vladdo y Claudia Julieta, Yamhure “renunció” a sus actividades encubiertas en la prensa, pero, aun cuando había sido puesto en evidencia, no aceptó su verdadera cara. Maquilló el escándalo de su cercanía con uno de los paramilitares más sanguinarios de Córdoba y departamentos aledaños, llamándola “renuncia por razones personales” con el fin de justificar su retiro obligado de los medios que lo iban a expulsar, de todos modos, porque mantener su presencia era un imposible ético.

Antes y durante sus labores de apariencia periodística, Yamhure había hecho otros encargos como oficial del gobierno Uribe en Suecia, adonde lo llevó el embajador Carlos Holmes Trujillo. En Estocolmo fue fotografiado por un corresponsal de periódicos comunistas al que Yamhure y el DAS de las chuzadas tacharon de guerrillero, en mitad de una manifestación contra el Gobierno colombiano. En la fotografía del sueco se ve al subalterno del embajador Trujillo mientras accionaba una cámara que registraba la identidad de los participantes de la protesta. El sueco aseguró que Yamhure hacía las veces de corresponsal, en esta ocasión, de los agentes de la inteligencia estatal que no eran, entonces, tan lejanos a Castaño.

Yamhure se ha defendido de su brillante hoja de vida asegurando que la Fiscalía se inhibió de investigarlo y que Estados Unidos le dio asilo. Como es usual en él, no nos cuenta los pormenores que desnudan los hechos: ¿Quiénes fueron los testigos de su “buena conducta” y quiénes influyeron en la embajada norteamericana para que le dieran estatus —no me consta que sea cierto— de exilado político? ¿No serán los poderosos congresistas que hoy campean en el Capitolio como miembros de la oposición de ultraderecha?

Pues bien, este señor es quien reaparece, no ya a través de sus habituales calumnias trinadas por la vía digital, sino en su doble condición de defensor y juez absolvedor de Jorge Pretelt. No hace falta comentar el pasquín. Lo interesante de esta historia no es el autodenominado libro, sino cómo se unen las almas en este mundo: siempre buscando a su gemela o, al menos, a la que más se le asimile.

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2016-02-23T21:00:51-05:00

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Pretelt en la pluma de su alma gemela

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