La construcción de los acuerdos con los que caminará el nuevo Congreso a partir de este 20 de julio revivió una intensa puja que silenciosamente han librado el presidente electo, Abelardo de la Espriella, y el expresidente Álvaro Uribe, por el liderazgo de la derecha. Y aunque en términos ideológicos hay una coincidencia pura, la contienda supera la coyuntura del Capitolio y pone los reflectores en las regionales del 2027.
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Tal es la magnitud del choque que el expresidente Uribe ya habló de forma directa sobre lo que considera son ataques del “Tigre”. Su llamado es a “defender” el partido frente a un escenario adverso para el bloque uribista tras la victoria en las urnas de De la Espriella, a pesar de las numerosas coincidencias programáticas. Y es que el entrante mandatario acaparó solo en primera vuelta el grueso de la derecha, con 10,3 millones de votos, frente a los 1,6 millones que se llevó la entonces candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia.
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Es en ese contexto que se reviven ahora las heridas de la campaña, así como el malestar que suscita la creación de un nuevo partido en ese sector que llevaría la chapa de Defensores de la Patria, el movimiento con el que el De la Espriella impulsó su candidatura. El argumento es que, tras conseguir 12,9 millones de votos el pasado 21 de junio, se le debería dar personería jurídica.
El tema está en el Consejo Nacional Electoral (CNE) y ya hay ambiente para que se dé ese paso; otro argumento, el político, es que con ese movimiento se frenó la reelección que el saliente presidente Gustavo Petro buscaba para la izquierda. Esto generó un timbrazo en el seno uribista, por lo que podría representar un desplazamiento de su fuerza ante este colectivo que ya hay voces que identifican como el lugar natural de la “nueva derecha”.
Y aunque en el uribismo se ha buscado mitigar el impacto de esa votación y tender puentes con De la Espriella y su equipo de gobierno, los vínculos parecen lejanos. Pese a algunas llamadas y el gesto del Centro Democrático al declararse como partido de gobierno —que el propio Uribe comunicó al presidente electo antes de su oficialización—, esto no ha sido respondido de forma recíproca.
“Está bien que el ‘Tigre’ ruja para defender la patria, que ahí estamos nosotros. Pero a mí me da miedo que rujan para acabar con este partido como quieren hacerlo. Y me toca defender este partido. Si el ‘Tigre’ va a rugir contra nosotros, nos toca proceder como abejitas laboriosas”, fue el llamado del expresidente Uribe en varias entrevistas radiales.
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Todo esto ocurre en plena reorganización del Legislativo, un hecho por el que entraron directamente en disputa. Inicialmente, se proyectó al representante Daniel Briceño como la principal opción de presidir la Cámara. La postulación tenía el visto bueno tanto de Abelardo de la Espriella como del ministro del Interior designado, Rodrigo Lara Restrepo.
Aun así, en el uribismo hubo un giro y decidió aludir a sus tres millones de votos de Senado para insistir, mejor, en la máxima dignidad de esa corporación. Por ello buscan hacer respetar ese acuerdo tácito en el que, por lo general, la bancada mayoritaria que se declare de gobierno es la que obtiene ese asiento, al menos en el primer año legislativo. Su carta es el senador samario Honorio Henríquez.
Su competencia directa es el guajiro Alfredo Deluque, quien pertenece al Partido de La U. El respaldo se lo dio el jefe de Estado electo, con quien ha tenido una importante cercanía. El senador fue el único de su partido en desmarcarse de la decisión de respaldar a Paloma Valencia –junto con Antonio Correa, que se fue con Iván Cepeda– para sumarse a De la Espriella. Además, en su departamento fue de los principales promotores del hoy presidente entrante. A esto se le suma que en su intención reeleccionista al Congreso, Deluque contrató los servicios de la firma Estrategia & Poder, que pertenece a Carlos Suárez, uno de los principales cerebros en la campaña presidencial del mandatario electo.
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Eso sí, son varios puntos los que desde el uribismo expresan para oponerse a esta elección. En primera instancia subrayan que La U perdió terreno y se quedó en 1,5 millones de votos, que representan ocho curules en el actual Senado. Lo segundo es que para el 21 de junio, en La Guajira, Cepeda obtuvo 198.557 votos frente a los 126.501 de De la Espriella, una diferencia de 72.056 votos y por la que dicen que no se dio el impacto esperado en la influencia de Deluque. Pero el más importante, y en el que más hincapié se ha hecho, es que el senador fue cercano al proceso de paz de La Habana en 2016 e incluso uno de los promotores de lo que se denominó como el fast track de Santos para ese acuerdo con las Farc.
Con Henríquez, el uribismo pretende promover un discurso de impulsar la agenda del gobierno entrante, pero además, de dar garantías a todos los sectores. Ese resulta un guiño para los bloques de la futura oposición en la que se enmarca el Pacto Histórico, que es vista como la bancada bisagra con 26 escaños y que, según anunció, tomará una postura sobre esa dignidad hasta el “último minuto”. Para el gobierno entrante eso representa un “desafío político”, como lo señaló Lara, quien ya habla de una supuesta orden directa desde la actual Casa de Nariño para respaldar al senador uribista.
Incluso, para lograr el cometido, el Centro Democrático declinó impulsar a Briceño en la Presidencia de la Cámara, quien ha hablado de representar incomodidad incluso en ese partido. También dio luz verde para posicionar a Nicolás Barguil, del Partido Conservador, en esa dignidad, una alianza que fijó con esa colectividad y el Partido Liberal. Eso sí, en el uribismo remarcan que “todo va muy de la mano en cómo se resuelve Senado”.
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En términos numéricos, la elección de Deluque cuenta con los ocho votos de La U, los diez conservadores, siete de Cambio Radical y la Alianza Verde, cuatro de Salvación Nacional, tres del Mira, tres de ASI y uno del Nuevo Liberalismo, para un total de 43 votos. En tanto, la de Henríquez tiene consigo el respaldo de 17 votos uribistas, más el ya cantado apoyo del senador Jonathan Pulido “Jotape” Hernández, de la Alianza Verde. En el aire, y dependiendo de los acuerdos que se puedan lograr en la Cámara y algunos otros del Senado, quedan el Partido Liberal (13), las curules indígenas (2), el Partido Demócrata (1), Dignidad y Compromiso (1) y los 26 del Pacto Histórico, incluyendo la curul de oposición de Iván Cepeda.
Los otros pulsos de poder
En ese escenario, el uribismo también ha dado el brazo a torcer en otras disputas o, en su defecto, respalda apuestas de otros colectivos con tal de lograr su cometido. Por ejemplo, cedió en la intención de las secretarías generales, donde La U se quedará con el Senado, dando continuidad a las funciones de Diego González en ese cargo; mientras que en la Cámara, el Partido Liberal se quedaría con el puesto de Jaime Luis Lacouture, ficha conservadora que está perdiendo su carrera reeleccionista.
Otro de los cargos apetecidos era el relacionado con las direcciones administrativas, oficinas que administran los recursos del Congreso. En Senado, La U mantiene el cargo con Astrid Salamanca, que aún no termina su periodo, y en Cámara se reelegiría a John Abiud Ramírez, también del mismo partido. La puja de este último cargo estaba con sectores liberales que impulsaban el nombre de Diana Marcela Morales, actual ministra de Comercio del gobierno Petro, pero que previo a ocupar este cargo ejercía como secretaria de la Comisión Cuarta.
El tire y afloje de los partidos también trasciende a la presencia y el manejo de las comisiones constitucionales. Actualmente, las salas más apetecidas son las primeras, que abordan temas gruesos y en donde recaen actos legislativos; las terceras y cuartas, que asumen las responsabilidades económicas, especialmente asuntos presupuestales de la Nación; y las séptimas, en donde el saliente gobierno ha apostado a presentar iniciativas pensionales, laboral y de salud.
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Y en relación a la nueva bancada de oposición, esta ha pasado a un plano de “espectador” en una contienda que, proyectando también sus movimientos para las regionales, podría darles beneficios. En el gobierno se ha visto la postura como una medida para “entorpecer” los intereses de la administración entrante.
Más frentes para el Tigre
Esa postura no estará presente únicamente en el actual escenario legislativo. La bancada que liderará Iván Cepeda, pero que busca seguir al pie de la letra los mandatos de Petro, ya anunció una defensa a ultranza del legado del mandatario saliente. Su posición se remarca en su postura de “desobediencia civil pacífica” que ha invocado Cepeda y que se sustenta en el desconocimiento de la legitimidad electoral de De la Espriella.
En ese contexto, la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño será en 21 días, contados a partir de este 18 de julio, y su primer pulso legislativo lo tendrá este mismo lunes. Su intención de querer una posesión en una guarnición militar al suroccidente del país como mensaje a los grupos criminales debe ser aprobada previamente por el Congreso. Salvación Nacional llevará esa propuesta para que sea discutida en el Capitolio, en donde tendrá que obtener mayorías para cumplir el anhelo del próximo jefe de Estado.
Y aunque la disputa podría no afectar del todo esa intención en los partidos de gobierno, además de las bancadas tradicionales que poco a poco se acercan al nuevo Ejecutivo, las mayorías parecen estar listas. Ahora bien, el interrogante que presenta este escenario es su duración en los cuatro años de mandato, pero en especial los dos primeros, cuando De la Espriella busque la aprobación de su Plan Nacional de Desarrollo, un ajuste al sistema fiscal en medio del déficit que heredará de la administración Petro y el presupuesto general de 2027.
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La realización de los empalmes regionales con gobernadores y alcaldes, pero sin la presencia de congresistas, es una muestra de la distancia que tomaría el Ejecutivo con el Legislativo. A ello se suma la presentación de hasta 90 decretos presidenciales que, según dijo De la Espriella, se expedirán el mismo 7 de agosto, para regular medidas en los sectores fiscales y de seguridad, eludiendo un paso inicial por el Congreso. Algo así como los últimos mandatos con los que Petro buscó impulsar su reforma a la salud.
Y aunque parece que el Centro Democrático mantendrá su postura de respaldo a De la Espriella, los roces se mantendrían al rojo vivo, así como la cautela del expresidente Uribe ante una nueva irrupción con la que Defensores de la Patria, además del propio mandatario electo, sigan extendiendo sus lazos en las regionales del 2027 y les corran las sillas en un bloque que por años han ocupado en soledad. Ya las primeras luces se ven con la fuga de militantes uribistas al bloque de gobierno y que se personificó con el último nombramiento ministerial, pues Paola Holguín, a quien se le consideró uribista purasangre, pero que dejó esas filas para acompañar esa intención presidencial de la llamada “Patria Milagro”.
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En todo caso, mientras esto se ajusta, este fin de semana habrá otro consejo de ministros designados para definir las prioridades legislativas de la entrante administración. Si bien habrá prioridad para el plan de desarrollo, el presupuesto y un ajuste fiscal, además de las elecciones del nuevo contralor general y del próximo CNE, la prioridad estará en los diálogos regionales, lo que rezagaría al Congreso. Las cartas ya están echadas.
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