Las lanchas que se convirtieron en la más reciente discordia del sistema de salud en Colombia permanecían parqueadas, al menos hasta el pasado fin de semana, en un puerto seco de Riohacha. Son de color blanco y están identificadas como ambulancias fluviales, con los logos de la Misión Médica, el Ministerio de Salud, el Gobierno de Colombia y la ESE Hospital San José de Maicao, un municipio ubicado a unos 80 kilómetros del mar Caribe. “Pero que Maicao no tenga mar es lo de menos”, dice, desde la capital de La Guajira, César Arismendi, de la Fundación Caminos de Identidad, una organización que ha recorrido algunos de los territorios más apartados de la Alta Guajira. “Esa crítica demuestra más bien un gran desconocimiento de la región. Hay otras preguntas mucho más importantes”.
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Las lanchas, que costaron poco más de COP 1.600 millones, según el Ministerio de Salud, saltaron a las páginas de los periódicos del país después de que alguien hiciera hincapié en que, aparentemente en contra de toda lógica, el Gobierno Nacional las había entregado al hospital de un municipio sin océano.
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Lo cierto es que “Maicao se volvió el nodo funcional para resolver una parte importante de las urgencias y casos que la red local de la Alta Guajira no puede manejar”, precisa Iliana Curiel Arismendy, pediatra, magíster en Salud Pública y en Políticas Sociales, y experta en modelos de salud interculturales. “Maicao es clave por necesidad, no por diseño: concentra decisiones, referencias y evacuaciones porque la red local no resuelve. Que Maicao sea tan central habla menos de su fortaleza y más de la fragilidad de la red de salud en la Alta Guajira”.
Arismendy se refiere a que, para los llamados “casos complejos” (de alta complejidad y nivel III), no existen hoy opciones de atención en la Alta Guajira. En esa región, el centro de referencia es la ESE Hospital de Nazareth, ubicada en jurisdicción de Uribia y principal punto de atención para las comunidades wayuu del extremo norte del país. Sin embargo, el hospital funciona hoy como una unidad de campaña, en carpas, con médicos y especialistas, contratados y administrativamente dependientes del hospital de Maicao. Ese centro, según le dijo a El Espectador Larry Laza, gerente interventor de la ESE (que cuenta con esa medida de la Supersalud desde el año 2016), ha realizado alrededor de 8.000 atenciones solo durante el último año. La infraestructura definitiva de la ESE Nazareth avanza en más del 90 % y se espera que sea entregada hacia el mes de marzo. (Vea: Esto es lo que debe saber sobre el brote del virus Nipah en India)
Por eso, y para quienes conocen la región, es lamentablemente habitual que muchos pacientes terminen atravesando buena parte de La Guajira, bajando desde Nazareth o Uribia hasta Maicao, e incluso hasta Riohacha. Pero ese no es cualquier viaje. Arcesio Romero, oriundo de La Guajira y consultor ambiental en la zona, describe trochas que pocos vehículos pueden superar y trayectos que pueden tomar entre siete y ocho horas.
“Y en invierno, simplemente es imposible. No se puede atravesar y quedan comunidades aisladas de todo”, explica Romero. En contextos de urgencias obstétricas o pediátricas, añade Curiel, esa dificultad de acceso puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. En ese escenario, la única alternativa termina siendo cruzar hacia Venezuela para luego descender nuevamente hacia Maicao, un recorrido un poco informal y sin muchas garantías.
En La Guajira, las lluvias (época “invernal”) suelen concentrarse en dos periodos del año: de abril a mediados de junio, generalmente con impactos limitados, y de finales de septiembre a mediados de diciembre, cuando las precipitaciones son más frecuentes y el acceso terrestre se complica mucho más. A esto habría que sumar la temporada de huracanes del Caribe, entre junio y noviembre, durante la cual la actividad de tormentas tropicales puede intensificar las lluvias y agravar el aislamiento de las comunidades más apartadas.
En todo caso, ese transporte entre la Alta Guajira y Maicao ya ocurre, con o sin lanchas. A finales de diciembre, la ESE Hospital San José de Maicao firmó un contrato para garantizar el traslado de su personal médico desde y hacia la sede Nazareth. En los estudios previos, el hospital reconoce que “el desplazamiento hacia la Sede Nazareth implica recorridos por vías no pavimentadas, trayectos de difícil acceso y condiciones climáticas variables que pueden dificultar el traslado del personal”. La institución no cuenta con vehículos propios, ni mucho menos con flotas adaptadas a ese terreno, por lo que suscribió un contrato cercano a COP 700 millones para asegurar el transporte terrestre durante apenas seis meses.
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Además, cuando se presentan pacientes en condición de urgencia en esa zona de la Alta Guajira en invierno, los traslados se “resuelven” hoy de distintas maneras, todas precarias y contingentes. En algunos casos, mujeres gestantes o niños con desnutrición severa son movilizados en lanchas de pescadores hasta alcanzar una ruta terrestre más transitable. En otros, se solicita evacuación aérea, con apoyo de entidades como el Ejército o la Armada.
“En ese contexto, la discusión de las lanchas no es si Maicao tiene mar o si el Hospital de Maicao es importante para las poblaciones más al norte, porque lo es”, concluye Arismendi, “las preguntas son más bien de operación y de si esa es una solución definitiva”.
Las preguntas que sí son
Weildler Guerra, un antropólogo y político, quien se desempeñó como gobernador de La Guajira, hace énfasis en una de esas preguntas que sí es importante hacer alrededor de las lanchas: los muelles. “No hay muchos en esa zona, lo que abre la pregunta de cómo van a recoger a los pacientes en la costa, que es en donde más se podrían usar las lanchas”.
Según seis personas consultadas en la región, en la Alta Guajira no existen muchos puertos ni muelles dotados que permitan una operación marítima sanitaria segura y sostenida. Puerto Bolívar, el principal puerto marítimo del departamento, está diseñado casi solo para la exportación de carbón del complejo minero Cerrejón: es una infraestructura industrial, en concesión privada, pensada para carga pesada y no para el transporte sanitario regular. Otros puntos de embarque como Puerto Estrella, Poportín o Portete, entre otros, son muelles menores que en el pasado se usaron para desembarcar mercancías o pequeñas embarcaciones pesqueras, pero que hoy tienen un uso limitado o condiciones precarias.
Sin rampas estables, protocolos claros de embarque y desembarque en escenarios sanitarios, ni garantías de seguridad, iluminación y mantenimiento, personas como Guerra advierten que la estrategia de las lanchas corre el riesgo de ser discontinua, dependiente del clima e incluso, en algunos casos, hasta eventualmente riesgosa para pacientes en condiciones críticas, como mujeres gestantes, recién nacidos o niños con desnutrición.
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Laza, gerente interventor de la ESE de Maicao, explica que la logística del proyecto no contempla que las lanchas recojan pacientes en cualquier punto de la costa guajira. Según el funcionario, las embarcaciones estarán ubicadas en dos lugares específicos. Uno es Puerto Estrella, un muelle que él mismo reconoce como “artesanal”, pero en el que, asegura, la “lancha puede atracar sin problema”. Allí, además, funciona un puesto de salud adscrito a la ESE Hospital de Nazareth.
El segundo punto es una zona conocida como Bahía Honda, en los alrededores de un centro asistencial llamado Paraíso. En el diseño previsto, los pacientes de la Alta Guajira serían trasladados primero a estos puestos de salud y, desde allí, llevados hasta la lancha ambulancia. El recorrido continuaría por mar hasta Puerto Bolívar y luego por tierra, desde Uribia, donde ya existe vía pavimentada, hacia Maicao o Riohacha, en un recorrido que podría durar entre 45 minutos y una hora.
En todo caso, el gerente interventor reconoce que están “analizando las condiciones del territorio, porque si eventualmente no hay un puerto específico, pues me toca usar un bote pequeño y subirlo a la lancha ambulancia, pero tengo que tener la lancha funcionando, porque lo que importa es la vida del paciente. Y se tiene que facilitar e ir construyendo esas capacidades que hoy no tiene el territorio”.
A Curiel le preocupa especialmente ese punto. “Existen protocolos internacionales para evacuación marítima, pero todos parten de una condición básica: puntos de atraque seguros, personal entrenado y control del movimiento durante la carga y descarga del paciente. Cuando esa infraestructura no existe, el mayor riesgo no es el trayecto en mar, sino el transbordo”. Por ejemplo, explica, caídas o golpes al mover camillas entre embarcaciones que se balancean con las olas, descompensaciones clínicas por el movimiento, como mareo, vómito, inestabilidad hemodinámica, y riesgos elevados para gestantes, recién nacidos y pacientes críticos. “Si no hay un punto fijo y seguro, cada evacuación depende del ‘día’: marea, oleaje, luz, disponibilidad de vehículo terrestre, etc.”
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Además de esos retos operativos, Arismendi, de la Fundación Caminos de Identidad, plantea dudas sobre la sostenibilidad financiera del proyecto. “Sería bueno conocer los análisis de impacto y de costo-eficiencia que tuvo esta iniciativa”, dice, sobre todo si se tiene en cuenta que la principal ventaja de las lanchas se concentraría en la segunda temporada de lluvias, que suele durar alrededor de cuatro meses, y en algunos años, incluso menos.
Laza, interventor de la ESE de Maicao, responde que el cálculo financiero no puede anteponerse a la urgencia de salvar, así sea, una sola vida. Añade que las EPS que operan en el territorio conocían la iniciativa, están de acuerdo con su necesidad y con pagarla, y que, en promedio, se presentan unas 30 remisiones mensuales desde la Alta Guajira hacia hospitales como el de Maicao.
¿Es una solución estructural?
Hay otras dudas de corte más político y de seguridad que tampoco pueden pasar desapercibidas. Una exsecretaria de Salud de la región, que trabajó con el Ministerio de Salud y que por esa razón pidió reserva de su nombre, se pregunta por los mecanismos de control que tendrán las lanchas cuando no estén siendo utilizadas para emergencias médicas. Varias de las personas consultadas coinciden en que en el pasado se han documentado casos en los que a este tipo de embarcaciones se les cambian las matrículas y terminan siendo usadas para turismo, pesca comercial o incluso para el transporte de mercancías ilegales, en una zona marcada por economías informales y contrabando.
Finalmente, a personas como Diana Vargas, una trabajadora social que camina en La Guajira hace más de diez años, le queda una especie de sinsabor con este tipo de estrategias. “Más allá de si pueden funcionar o no, en determinados casos, esto son paños de agua tibia para una región que necesita impactos más estructurales. ¿Por qué, por ejemplo, no se le pregunta al Ministerio de Salud por qué no ha avanzado en la consulta previa para comenzar a cumplir la sentencia T-302 de 2017 de la Corte Constitucional?”.
Se refiere a una histórica decisión del alto tribunal que concluyó que existe una vulneración generalizada, injustificada y desproporcionada de los derechos fundamentales al agua potable, a la alimentación, a la seguridad alimentaria y a la salud de los niños y niñas del pueblo Wayúu en los municipios de Uribia, Manaure, Riohacha y Maicao. La Corte Constitucional ordenó realizar un proceso de consulta previa para acordar políticas públicas que, según Vargas, “no ha avanzado. Y ya vamos para casi diez años de esa sentencia”.
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Curiel tiene una opinión similar: “En el corto plazo, mejorar el transporte asistencial es clave para salvar vidas: las distancias son enormes, las vías son trochas y en temporada de lluvias comunidades enteras quedan aisladas. Pero eso no es suficiente ni sostenible si no se fortalece la red local”, dice. “La Alta Guajira no necesita soluciones importadas ni parches de emergencia: necesita un modelo de atención primaria intercultural, con red hospitalaria local fuerte, transporte asistencial como soporte y un régimen laboral que reconozca que este es un territorio extremo. Sin eso, seguiremos evacuando pacientes en lugar de garantizar el derecho a la salud”.
Por ahora, y hasta que eso se logre, en la ESE de Maicao esperan que las lanchas estén operando en, máximo, mes y medio.
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