Muchas veces creemos que debemos pedir una cita médica o acudir a un especialista únicamente cuando presentamos un dolor o aparece un síntoma que altera nuestra rutina. Sin embargo, como recuerda Erwin Hernández, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana, muchas de las enfermedades crónicas más frecuentes pueden desarrollarse durante años de forma silenciosa, sin causar molestias evidentes de inmediato, lo que retrasa su diagnóstico y limita las posibilidades de un tratamiento oportuno. La hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, la enfermedad renal crónica, el cáncer o las enfermedades cardiovasculares son algunas de ellas, pues, agrega, “se van desarrollando lentamente durante los años sin producir ninguna molestia y, cuando aparecen los síntomas, con frecuencia ya el daño está avanzado”.
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Es por esta razón que el autocuidado se convierte en un aliado clave. Aunque es importante apostarle a una alimentación sana, a dormir bien o a hacer ejercicio, el autocuidado no se limita únicamente a estas prácticas; también implica acudir periódicamente a controles médicos, mantener al día el esquema de vacunación, conocer los riesgos de cada etapa de la vida y detectar oportunamente cualquier alteración que permita prevenir enfermedades o tratarlas antes de que produzcan complicaciones. “El autocuidado va más allá de reaccionar cuando el paciente tiene una enfermedad (...) el poder radica en la prevención primaria, que es evitar que la enfermedad aparezca”, resume Ana Cristina Montenegro, jefe del Departamento de Medicina Interna de la Fundación Santa Fe de Bogotá.
La prevención, explica Hernández, debe iniciar desde el momento en que nacemos y mantenerla durante toda la vida, pues, agrega José Manuel Santacruz, director del Instituto de Envejecimiento de la Pontificia Universidad Javeriana, establecer el cuidado a lo largo de la vida “es la mejor forma de tener una vejez saludable”.
Pero ¿qué debería priorizar una persona para cuidar su salud? Si bien las recomendaciones varían según la edad, los antecedentes y las condiciones de cada paciente, Hernández plantea tener en cuenta tres factores importantes: adoptar hábitos saludables, asistir periódicamente a controles preventivos y mantener actualizado el esquema de vacunación. A estos aspectos clave, Fernando Marín, director médico y cardiólogo de LaCardio, añade un elemento que no debería subestimarse: el sueño. “Dormir bien es una intervención preventiva tan importante como hacer ejercicio”, señala.
Teniendo en cuenta estas recomendaciones, entonces, surge una pregunta inevitable: ¿qué controles médicos no deberían postergarse?, ¿qué vacunas siguen siendo necesarias en la vida adulta?, ¿qué especialistas conviene consultar según la edad? Estos son algunos hábitos, controles médicos, vacunas y especialistas que es importante priorizar para cuidar la salud en cada etapa de la vida.
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🌿 El autocuidado empieza antes de la primera cita médica
Aunque acudir a controles médicos y realizarse los tamizajes recomendados es importante, la prevención también depende de las decisiones que tomamos a diario. Comer hamburguesas todos los días, por ejemplo, no sería una buena idea. Tampoco lo es consumir gaseosas con frecuencia, basar la alimentación en productos ultraprocesados o llevar una vida sedentaria. Por eso, para Diana Patricia Atencio, líder de Geriatría de LaCardio, el bienestar no depende de una única acción, sino de un conjunto de hábitos sostenidos en el tiempo.
Entre las recomendaciones que ofrece Atencio están la reducción del consumo de alimentos ultraprocesados, mantenerse físicamente activo y fortalecer la salud mental y los vínculos sociales. A su juicio, estas medidas ayudan a disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, demencias y cáncer. A estas recomendaciones, Marín, de LaCardio, añade un hábito que muchas veces pasa desapercibido en el día a día: el sueño, pues la falta de este “aumenta la presión arterial, favorece la diabetes, incrementa el riesgo cardiovascular y se relaciona con problemas de salud mental y deterioro cognitivo”.
El bienestar emocional también hace parte del autocuidado. Yors García, profesor del Departamento de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana, dice que todos estos factores, sumados a unas adecuadas relaciones sociales, ayudan a proteger la salud mental. Cuando estos hábitos se deterioran, advierte, aumenta el riesgo de ansiedad, depresión, aislamiento y otras dificultades psicológicas.
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Al final, ninguno de estos hábitos tiene un efecto inmediato, pero sí pueden marcar una diferencia con el paso de los años. Como señala Ana Carolina Gama, geriatra y profesora del Instituto de Envejecimiento de la Pontificia Universidad Javeriana, el objetivo no es únicamente prevenir enfermedades, sino lograr que las personas lleguen a la vejez “lo más saludables, autónomas e independientes posible”. Esa construcción empieza mucho antes de la vejez y depende, en buena medida, de las decisiones que tomamos a diario.
👨🏼⚕️El médico general es el punto de partida
Después de incorporar una serie de hábitos saludables, muchas personas creen que, si quieren prevenir enfermedades, el siguiente paso es pedir una cita médica con un especialista, como un cardiólogo o un endocrinólogo. Hernández, de la Universidad de La Sabana, sin embargo, sugiere no iniciar por ese camino y recuerda que los controles preventivos hacen parte de la atención primaria y deberían comenzar con el médico general o el médico de familia. “Colombia en este momento tiene alrededor de 135.000 médicos, de los cuales 35.000 son especialistas para alrededor de 55 millones de habitantes”, comenta y asegura que “pensar que los controles preventivos deberían ser manejados por especialistas no es una recomendación y podría incrementar las barreras de acceso”.
Esa primera valoración es clave porque, durante la consulta, el médico revisa los antecedentes personales y familiares, identifica factores de riesgo y, con esa información, determina qué chequeos son necesarios y con qué frecuencia deben realizarse.
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Montenegro, de la Fundación Santa Fe, señala que esos controles también deben ajustarse a la historia clínica, los antecedentes familiares y las condiciones de cada paciente. En otras palabras, no todas las personas necesitan los mismos exámenes ni con la misma frecuencia.
A partir de esa valoración inicial, el médico puede definir qué exámenes de tamizaje, vacunas o remisiones a otros especialistas requiere cada persona. Entonces, el médico general no reemplaza al especialista, sino que lo ayuda a determinar en qué momento conviene acudir a él. “El objetivo es identificar las enfermedades en sus etapas más tempranas para iniciar un tratamiento oportuno y reducir el riesgo de complicaciones”, anota Hernández.
🩺 Los controles cambian con la edad
En este punto surge una duda importante: ¿cuáles son los médicos y los controles a los que debo ir en cada etapa de la vida? La respuesta depende de la edad y de los factores de riesgo de cada persona.
Durante la infancia, por ejemplo, el objetivo es acompañar el crecimiento y el desarrollo, completar los esquemas de vacunación y detectar a tiempo factores que puedan afectar la salud en el futuro, como indica Jaime Céspedes, líder médico de Pediatría de LaCardio. Entre los 12 y los 17 años aparecen nuevas necesidades, añade, y los doctores empiezan a incluir en sus consultas charlas sobre el desarrollo sexual, planificación, prevención de infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados, a orientar sobre salud mental y el manejo de las emociones.
También les ofrecen una serie de tips que los ayudan a reconocer cambios en las mamas, para las mujeres, y en los testículos, en los hombres, y a consultar ante cualquier alteración. En este punto, recuerda que la vacunación contra el virus del papiloma humano, que comienza desde los 9 años, es una de las estrategias más efectivas para prevenir el cáncer de cuello uterino.
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La prevención en la adolescencia, agrega Ana María Bertolotto, profesora del Departamento de Pediatría de la Pontificia Universidad Javeriana, también implica acompañar los cambios físicos, hormonales y emocionales. Recomienda que las niñas comiencen los controles con ginecología desde la preadolescencia, cuando aparecen la menstruación y otros cambios de la pubertad, con el objetivo de tener una adecuada educación sobre salud sexual. Además, considera que, siempre que sea posible, los adolescentes deberían continuar siendo atendidos por pediatría hasta los 18 años o, en su defecto, por un médico de familia.
Hernández, de La Sabana, recuerda que entre los 18 y los 39 años empiezan a acumularse de forma silenciosa muchos de los factores de riesgo que años después derivan en enfermedades crónicas y por eso sugiere incorporar a los controles la medición de la presión arterial, el índice de masa corporal y el perímetro abdominal, además de la evaluación del riesgo de diabetes, colesterol elevado y enfermedad cardiovascular. En las mujeres también comienzan los tamizajes, como la citología para detectar de manera temprana el cáncer de cuello uterino.
A partir de los 40 años, los controles se vuelven más específicos, porque, a los ojos de Hernández, es la etapa en la que aumenta considerablemente el riesgo de hipertensión, diabetes, enfermedad renal, obesidad y distintos tipos de cáncer. Entonces, en este punto es de mayor importancia los estudios como la mamografía para la detección temprana del cáncer de mama y los tamizajes para cáncer colorrectal. En este período, añade Atencio, de LaCardio, deben incluirse el examen de la próstata y otras alteraciones metabólicas, como enfermedades de la tiroides y la diabetes, cuando existan factores de riesgo.
En los adultos mayores, la prevención adquiere otro enfoque, pues, como señala Gama, de la Javeriana, más que detectar una enfermedad específica, el objetivo es conservar la funcionalidad y la independencia. Explica que la valoración geriátrica integral permite evaluar el estado físico, nutricional, mental, emocional y social de cada persona para diseñar estrategias que le permitan envejecer con mayor autonomía. “Lo más importante es permitir que las personas sigan siendo autónomas”, resume.
💉 ¿Y la vacunación?
En nuestro imaginario está, en la mayoría de los casos, que la vacunación finaliza con la infancia. Pero, contrario a lo que creemos, el esquema de vacunación continúa a lo largo de la vida. Céspedes, de LaCardio, cuenta que las vacunas no solo previenen enfermedades como el sarampión o la tosferina, sino que también reducen el riesgo de algunos tipos de cáncer, como ocurre con la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), recomendada principalmente en la adolescencia. En este sentido, Hernández, de la Sabana, recuerda que mantener al día el esquema de vacunación hace parte de cualquier estrategia integral de prevención.
En la adultez y la vejez, agrega Marín, de LaCardio, la vacunación sigue siendo fundamental porque ayuda a disminuir el riesgo de complicaciones, hospitalizaciones y muerte por enfermedades como la influenza, el neumococo o el herpes zóster, especialmente en personas mayores o con enfermedades crónicas.
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