Colombia inició este año su mandato como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un asiento que ocupará durante 2026 y 2027 y que la ubica en el principal escenario global donde se toman decisiones sobre conflictos armados, misiones de paz y procesos de transición.
Más allá del peso diplomático, la llegada al Consejo ocurre en un momento decisivo para el futuro del Acuerdo de Paz de 2016 y para la relación del país con la comunidad internacional que lo acompaña.
El Consejo de Seguridad no es un foro lejano para Colombia. Desde hace casi una década es la instancia que define y renueva el mandato de la Misión de Verificación de la ONU, encargada de acompañar la implementación del Acuerdo firmado con las extintas FARC-EP y de otros mandatos como hacer seguimiento a la ejecución de la reforma rural integral, la protección de los firmantes de paz, entre otras funciones.
Justamente la misión le rinde cuentas de manera periódica al Consejo de Seguridad de la ONU a través de informes trimestrales que se convierten en el principal termómetro internacional sobre el estado de la paz en el país.
De hecho, Colombia+20 conoció que el próximo 23 de enero la Misión de Verificación presentará su informe trimestral ante el Consejo de Seguridad.
Aunque el país no vota en los asuntos que lo involucran directamente, su presencia le permite participar en las discusiones, aportar contexto político y responder a cuestionamientos en un escenario donde existen posiciones encontradas sobre la implementación del Acuerdo.
Un puesto estratégico para la diplomacia de paz
La presencia de Colombia en el Consejo adquiere especial relevancia porque esos informes no solo describen avances y rezagos en la reincorporación de excombatientes, la seguridad en los territorios o las garantías para líderes sociales, sino que inciden directamente en el respaldo político internacional al proceso de paz. Cada debate en el Consejo contribuye a definir qué se acompaña, qué se prioriza y qué se deja por fuera del seguimiento internacional.
Ese respaldo, sin embargo, atraviesa un momento de tensión y por eso podría ser aún más relevante la llegada de Colombia. En la más reciente renovación del mandato de la Misión de Verificación, Estados Unidos logró una reducción de sus tareas, al oponerse a que la ONU verificara las sanciones impuestas por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y el capítulo étnico del Acuerdo de Paz.
Washington planteó que esperará al próximo gobierno colombiano para evaluar el rumbo del proceso, una postura que evidenció diferencias con la administración de Gustavo Petro y abrió un debate dentro del Consejo sobre los límites del acompañamiento internacional.
Esto también tiene especial relevancia pues aunque Colombia tendrá el puesto por un año, el gobierno Petro terminará el próximo 7 de agosto. La implementación del Acuerdo será un medidor sobre qué tan importante es o no esta tarea para el o la próxima presidenta de Colombia.
Mientras tanto, para el Gobierno actual, este puesto representa una oportunidad de incidir en la narrativa internacional sobre la paz en Colombia en un momento en que el proceso enfrenta rezagos, debates sobre justicia transicional y un panorama de seguridad complejo en varias regiones. También le permite al país pasar de ser solo objeto de seguimiento a tener una voz directa en el foro que evalúa y condiciona ese acompañamiento.
Así, el ingreso de Colombia al Consejo de Seguridad no es únicamente un logro diplomático, sino que podría ser una herramienta estratégica para defender una visión integral del Acuerdo de Paz, en medio de tensiones con aliados clave y cuando el respaldo internacional vuelve a ser determinante para el futuro de la implementación.
¿Cómo funciona el Consejo de Seguridad de la ONU?
El Consejo, órgano de las Naciones Unidas encargado del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, está integrado por 15 miembros: cinco permanentes y diez no permanentes.
Los miembros permanentes tienen asiento fijo y derecho de veto sobre las decisiones sustantivas y son China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos.
Los miembros no permanentes ocupan 10 asientos rotatorios, elegidos por la Asamblea General por períodos de dos años, con renovación parcial anual para asegurar continuidad y representación regional. Y son: Argelia, Guyana, República de Corea, Sierra Leona y Eslovenia (mandato hasta 2025), así como Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá y Somalia (mandato hasta 2026).
Con Colombia, también entró Bahréin, la República Democrática del Congo, Letonia y Liberia.
Cada mes, cada país asume la presidencia del Consejo de Seguridad. El turno de Colombia empezará el 1 de junio de 2026.
✉️ Si le interesan los temas de paz, conflicto y derechos humanos o tiene información que quiera compartirnos, puede escribirnos a: cmorales@elespectador.com, nortega@elespectador.com o aosorio@elespectador.com.