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El Aeropuerto Internacional El Dorado atraviesa una paradoja. Mientras sindicatos de Migración Colombia mantienen un plan tortuga que ha generado filas y retrasos en los controles, la infraestructura física del área de inmigración avanza 76 % en su proceso de ampliación.
La obra, liderada por la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) junto con Migración Colombia y la concesionaria OPAIN, implica una inversión de COP 18.608 millones y aumentará en 33 % la superficie del área de control, que pasará de 1.624 m² a 2.162 m². El objetivo es absorber un flujo migratorio que no deja de crecer.
Las piezas del proyecto y del problema
Más metros, más tecnología. La intervención incluye:
- 33 mostradores tradicionales de inmigración.
- 29 módulos biométricos (Biomig), para un total de 62 puntos de atención.
- Reconfiguración de filas y pantallas informativas integradas.
- Una nueva oficina de 187 m² para el Centro Estratégico Conjunto de Análisis Migratorio (Cecam), dotada con CCTV, video wall y sistemas contra incendios.
La apuesta combina expansión física con modernización tecnológica, “sin entorpecer la operación normal del aeropuerto”, dijo Mauricio Vélez, gerente de Infraestructura de Opaín. Aun así, falta adopción. Para el directivo, una de las limitaciones es que las personas todavía no tienen claro el funcionamiento.
El sistema biométrico valida la identidad mediante el reconocimiento de iris y cruce con bases de datos oficiales. El registro es voluntario, gratuito y toma menos de 30 segundos. En el caso de querer inscribir a un menor de edad, debe estar acompañado de uno de sus padres o su representante legal.
Por ahora está habilitado solo para colombianos, una limitación en un aeropuerto donde crece la llegada de extranjeros.
El crecimiento del flujo explica la urgencia en su adopción. En 2025, el país cerró con 21,7 millones de flujos migratorios —entradas y salidas registradas por la autoridad—, el mayor registro histórico tras un aumento de 6 % frente al año anterior.
Hubo días en que más de 83.000 personas cruzaron controles migratorios en una sola jornada. Eso equivale a llenar dos veces el Campín y vaciarlo el mismo día.
Por su parte, El Dorado pasó de registrar 4,5 millones de movimientos migratorios en 2022 a más de 6,2 millones en 2025, un aumento del 38 %.
Un aeropuerto bajo presión
Este lunes, ese mismo nodo mostró su fragilidad. El plan tortuga adelantado por sindicatos ralentizó deliberadamente la atención en los filtros. Las filas se extendieron más allá de las zonas habituales y la Aeronáutica Civil recomendó llegar con cuatro horas de anticipación para vuelos internacionales.
Migración Colombia activó un plan de choque con 50 funcionarios adicionales y priorizó el uso de Biomig. Sin embargo, incluso los sistemas automatizados registraron congestión por la alta afluencia.
La principal causa del descontento es una traba presupuestal que frena el rediseño institucional, un reclamo histórico para mejorar estructura y condiciones laborales. Según el comunicado oficial, la no aprobación de la Ley de Financiamiento y la suspensión del Decreto de Emergencia Económica limitaron los recursos esperados por los sindicatos UNASEMIGC-MRE, OSEMCO y SINTRAMICOL.
Apenas en diciembre se efectuó el primer pago de bonificación para reconocer la labor del personal técnico, asistencial y profesional; el próximo está previsto para marzo de 2026.
A día de hoy, la nómina nacional de Migración ronda los 1.700 trabajadores. Aunque entre 2023 y 2024 se crearon 667 nuevos empleos para aliviar la carga operativa, las contrataciones adicionales (540) están pendientes por la falta de asignación presupuestal por el Ministerio de Hacienda y la Cancillería.
Al contrario de lo necesitado, el Presupuesto General de la Nación 2026 le pasó tijera a la entidad: de 283.000 millones en 2025 a 267.500 millones este año, una reducción de 5,5 %. “Han aumentado los viajeros, pero no en igual medida los funcionarios y las máquinas”, explicó a El Espectador Jorge Enrique Tirado, director regional de Migración en El Dorado.
En esto coincidió una fuente reservada de alto cargo, quien le dijo a este diario que “si tenemos 33 módulos y solamente diez personas de Migración, no se hace nada. El compromiso es de Migración”.
Pero ¿de dónde provienen estos funcionarios? Parte de la planta proviene del antiguo Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), liquidado en 2011. Sus funciones de control migratorio pasaron a la nueva entidad junto con el personal especializado. “Son expertos en perfilamiento que conocen el comportamiento de las personas y por eso la importancia de la entrevista: ¿a qué vienes?, ¿cuánto tiempo te vas a demorar?, ¿a dónde te vas a ubicar?”, detalló.
La labor migratoria está íntimamente relacionada con la seguridad nacional. “No podemos llegar a un punto en que solo haya máquinas, porque si no podemos identificar a las personas que generan riesgo, estaríamos perdiendo la misión de control migratorio. Hay que conciliar las dos cosas: máquinas y personas”, afirmó.
El planteamiento de los sindicatos es que los funcionarios que venían del DAS están vinculados a nivel técnico (más del 50 % de la entidad tiene este grado) y, por ende, su sueldo suele ser más bajo frente a otras entidades públicas.
“La bonificación ayudó, en parte, a eso. Recibirán cada tres meses un dinero que busca compensar ese sueldo y mejorarles las condiciones de la carga laboral”, agregó Tirado.
¿Qué pasa con la capacidad de los aeropuertos?
Mientras la infraestructura promete mayor capacidad futura, la operación presente depende de recursos humanos y decisiones presupuestales.
Lo que ocurre en El Dorado es el reflejo de un país que se mueve más que nunca. En 2005, Colombia movilizaba cerca de 12 millones de pasajeros al año. En 2025 fueron 57,5 millones. Solo en el año pasado, El Dorado concentró más de 12,5 millones de flujos migratorios.
Medellín y Cartagena completaron el triángulo. José María Córdova acumuló un crecimiento del 32 % entre 2023 y 2025. Rafael Núñez, en Cartagena, registró 1,66 millones de flujos.
Ese dinamismo ha sido impulsado por el turismo, la conectividad internacional y la promoción estatal. Entre agosto de 2022 y noviembre de 2025 llegaron más de 21 millones de visitantes no residentes. El aeropuerto funciona como la puerta principal de ese flujo.
Pero la dependencia es alta. Cuando El Dorado se congestiona, el país entero siente el impacto. Aerolíneas reportan demoras, pasajeros pierden conexiones y el sector turístico enfrenta incertidumbre.
En 2024, El Dorado movilizó 45,8 millones de pasajeros y 809.000 toneladas de carga, con 74 operaciones por hora cuando su infraestructura fue diseñada para soportar 68.
En julio de 2025, la expansión del antiguo Puente Aéreo —47.000 metros cuadrados adicionales y siete nuevas posiciones de parqueo— alivió parte de la superficie, pero no resolvió el cuello de botella en aire y en filtros migratorios. Como advirtió la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), el número de pasajeros crece más rápido que el concreto.
La ampliación del área migratoria es, en ese sentido, una respuesta estructural. Sin embargo, la protesta sindical evidencia que la capacidad no es solo cuestión de metros cuadrados y tecnología, sino también de condiciones laborales, presupuesto y gobernanza con transparencia.
La obra, que avanza sin contratiempos técnicos, busca reducir tiempos de espera y preparar a El Dorado para una década de mayor tráfico. Es un paso necesario en un aeropuerto que ya opera cerca de sus límites.
Antes de alcanzar un punto crítico, ya hay propuestas sobre la mesa: El Dorado Edmax —una expansión proyectada entre 2028 y 2035 que elevaría la capacidad a 73 millones de pasajeros—, además de intervenciones en Cartagena y Riohacha.
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