Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
“Sí, es una realidad innegable”.
Así respondió Migración Colombia a El Espectador cuando se le preguntó si existe un riesgo de congestión estructural en El Dorado incluso después de la ampliación en la zona de procesamiento de viajeros que llegan desde el exterior a la principal terminal aérea del país.
La entidad reconoce que las congestiones drásticas son el resultado del “fenómeno de los itinerarios”: la llegada simultánea de vuelos de gran capacidad en franjas específicas.
En ciertos momentos del día, una parte sustancial de los 15.000 viajeros que ingresan en una jornada normal desemboca simultáneamente en los filtros migratorios. El sistema, entonces, enfrenta su prueba de estrés.
Ese punto es clave. Porque para Gloria Arriero, directora general de Migración, el debate no puede medirse en minutos.
“Hablar de una ‘capacidad máxima de atención por hora’ o establecer un estándar de tiempo es improcedente y poco realista”, respondió. “Prometer tiempos estandarizados es asegurar algo que, operativamente, pondría en riesgo al país”.
Mientras los aeropuertos compiten por eficiencia, tiempos de conexión y experiencia del usuario, la autoridad migratoria reivindica una lógica distinta: la del control soberano. Se trata del “primer y más importante filtro de seguridad nacional para el ingreso al país”, insiste la directora.
Esa visión explica también los límites de la automatización. En el área de ingreso, Biomig (reconocimiento por iris) es de uso exclusivo para colombianos. Los extranjeros, inevitablemente, deben pasar por filtros convencionales: revisión de visa, el tiquete de retorno, el motivo de viaje y cualquier alerta activa.
Actualmente operan 21 pasillos automáticos en inmigración y, tras la ampliación, se sumarán ocho más. Cada pasillo puede atender en promedio 1.440 viajeros cada 24 horas (cerca de 500.000 al año). A ello se agregan 22 filtros convencionales atendidos por oficiales.
La entidad subraya que la tecnología no sustituye el componente humano, especialmente en casos sensibles. “La supuesta ‘agilidad’ jamás podrá estar por encima de una entrevista rigurosa”, señala, lo que permite evitar riesgos de trata o vulneración de derechos. la entidad.
Pero incluso con personal desplegado y tecnología activa, el límite físico emerge como variable determinante en las oleadas de turistas.
“Las áreas de El Dorado tienen un límite de expansión”, reconoce la entidad. Los espacios no pueden crecer al mismo ritmo que la llegada simultánea de aeronaves. Con cada turno y cada control, la entidad exprime hasta el último recurso humano y tecnológico. El aeropuerto, mientras tanto, se estira hasta su frontera física como un cuerpo obligado a inhalar más aire del que sus pulmones pueden contener.
Esa limitación es precisamente la que intenta corregir la obra en curso. La ampliación del área de inmigración avanza en 76 % y contempla una inversión de $18.608 millones. El proyecto incrementará en un 33 % la superficie del área de control, que pasará de 1.624 a 2.162 metros cuadrados.
La intervención incluye 33 mostradores tradicionales y 29 módulos biométricos —para un total de 62 puntos de atención—, además de la reconfiguración de filas y la integración de pantallas informativas. También se habilitará una oficina de 187 metros cuadrados para el Centro Estratégico Conjunto de Análisis Migratorio (Cecam), equipada con sistemas de videovigilancia y monitoreo en tiempo real.
Sin embargo, incluso con más metros y más módulos, la pregunta de fondo persiste: ¿cómo puede la infraestructura absorber el ritmo de la demanda?
El control migratorio, agrega Arriero, “es un ecosistema complejo e interconectado; no es responsabilidad de una sola entidad”. La infraestructura pertenece al concesionario Opain, bajo supervisión de la Agencia Nacional de Infraestructura; la asignación de slots corresponde a la Aeronáutica Civil y las aerolíneas, y el presupuesto depende del Ministerio de Hacienda.
Menos dinero, más flujos migratorios
El minimalismo de Migración Colombia no responde a una apuesta propia, sino a una restricción fiscal.
Entre 2019 y 2026, el presupuesto pasó de $147.000 millones a $267.000 millones (una expansión de 80 %). Este año, sin embargo, la entidad recibió un tijerazo de $36.000 millones frente a 2025: un recorte de 11,9 % frente a los $303.000 millones, justo cuando la presión operativa por el aumento de viajeros internacionales sigue creciendo.
El contraste se vuelve más nítido al mirar el tamaño del Estado. Mientras el Presupuesto General de la Nación saltó de $207 billones en 2019 a $446 billones en 2026 (un incremento del 115 %), Migración avanzó a un ritmo menor y ahora incluso retrocede en términos nominales.
El tráfico, entretanto, no se detuvo. Los flujos migratorios pasaron de 16,6 millones de movimientos en 2019 a 21,7 millones en 2025, según cifras de la entidad. Son 5,1 millones adicionales —el equivalente a mover dos veces la población completa de Atlántico en un año—, un aumento del 30,7 % que hoy se traduce en más controles, más turnos y más horas de atención en aeropuertos como El Dorado.
Hay jornadas en las que más de 83.000 personas cruzan los controles migratorios. Solo El Dorado pasó de 4,5 millones de movimientos migratorios en 2022 a más de 6,2 millones en 2025, un aumento de 38 % en tres años.
Bogotá atendió el año pasado con 350 funcionarios. Hoy solo hay 295, afirmó el sindicato Osemco a este diario. Yeison Mesa, su presidente, explicó que se requiere doblar la cifra para lograr que el aeropuerto “funcione bien”. Pero no hay capacidad instalada; admite que “con los filtros actuales y la falta de personal, hay momentos en los que solo hay seis o siete funcionarios operando”.
La tensión es aritmética: más turismo y más carga, menos presupuesto y menos funcionarios; una ecuación que estalla en la operación como bomba de estrés contrarreloj. Entre sellos, filas y pantallas biométricas, se libra la tensión de la velocidad del mundo y la capacidad de un sistema. La ampliación busca aliviar la presión, pero el cúmulo de viajeros mueve la aguja en un sistema que crece más lento que la demanda.
Todo ese crecimiento no lo absorbe una pista ni una terminal. Lo absorben funcionarios.
¿Qué tan amable puede ser el rostro de un país exhausto?
Juliana* lleva 14 años en la entidad. Entró cuando Migración apenas comenzaba a caminar sola, desprendida del pasado del DAS. “No es que uno no quiera trabajar”, dice. “Uno ama servir”.
Lo dice con una sonrisa de beatitud que se rompe apenas habla de las jornadas laborales.
Trabaja turnos de doce horas. A veces entra a las seis de la mañana y sale a las seis de la tarde. Otras veces cruza la medianoche. Dos días de trabajo. Dos de descanso. El aeropuerto, mientras tanto, no descansa nunca.
Hay jornadas en que debe asumir funciones que corresponderían a tres personas. La fila avanza, retrocede, vuelve a crecer. Eventos internacionales, turismo, conexiones con Bogotá: el país entra y sale en oleadas. Ella permanece.
“Teníamos esperanza en que las cosas fueran distintas”, dice sobre la actual administración. “Que el cambio se manifestara”.
A veces no hay vasos para un tinto. A veces falta papel en el baño. Detalles mínimos que antes no ocurrían.
Con la fila interminable y la indignidad del salario, poco tiempo le queda a Juliana para la vida fuera de la entidad. Familia. Amigos. No sobra un minuto.
“Lo bonito sería recibir al turista con sonrisa”, explica. “Pero cuando vienes de un turno de 12 horas, sin descanso y sin poder ver nunca la sala desocupada, es difícil ser la cara amable del país”.
Los nuevos nombramientos tampoco se quedan. “Cuando las personas llegan y miran que el trabajo es fuerte, que es mala paga, muchas de las veces se arrepienten en un mes. Eso ha causado gravísimo daño porque nombrar a una persona es un proceso complejo”, detalló Mesa, de Osemco.
El líder gremial lanzó el dardo: “El estigma de haber sido funcionarios del DAS parece que causa mella en algunos sectores”. Cuando la nómina de la entidad se complete, se alcanzarán los 2.200 funcionarios.
“Para todo lo que hay que hacer se necesitan como 8.000”, dijo.
Sindicato como consecuencia
Ahí empieza el debate de fondo.
La Osemco ha advertido sobre un “riesgo de colapso institucional y financiero” y anunció la posibilidad de una huelga general. El sindicato sostiene que el Gobierno incumplió el acuerdo firmado en diciembre de 2024, que contemplaba un estudio de rediseño institucional y una reingeniería salarial que debía implementarse en enero de 2026.
“Hoy nuestra entidad se encuentra en grave peligro”, señaló la organización en un comunicado.
Las directivas de Migración y la Cancillería atribuyen los retrasos a restricciones presupuestales derivadas de la no aprobación de la Ley de Financiamiento y de la suspensión del decreto de emergencia económica.
Destacan, además, el pago de la Bonificación Migratoria desde diciembre de 2025 y la ampliación de planta con 667 nuevos empleos entre 2023 y 2024, que permitió alcanzar los 1.664.
Sin embargo, 540 contrataciones adicionales permanecen pendientes por falta de asignación presupuestal.
Mesa insistió en que la entidad requiere un estudio serio de rediseño institucional y reingeniería administrativa que certifique su estado actual y determine qué cambios estructurales deben adoptarse. “Ese compromiso quedó firmado y se nos incumplió. Después de un año y dos meses no han hecho nada”, afirmó.
El frente salarial es otro punto de fricción. Si el cúmulo de turistas aumenta y, entre tanto, la expansión del aeropuerto está en curso, ¿los salarios de los oficiales de Migración crecen al mismo ritmo? No necesariamente. “El salario de los funcionarios de Migración no es bajito. Es miserable”, sostuvo el líder sindical. Según explicó, cargos equivalentes en otras entidades del Estado pueden devengar hasta el triple o incluso el quíntuple. “Lo que estamos planteando es una nivelación salarial medianamente digna”.
Las cifras ilustran la brecha. Hoy, un auxiliar bachiller de la Policía recibe $2.614.000 mensuales. Un oficial grado 11 de Migración Colombia percibe $2.617.000. En contraste, un funcionario técnico en la Contraloría puede rondar los $6.400.000.
Los oficiales de Migración son expertos en perfilamiento. Parte de la planta proviene del antiguo Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), liquidado en 2011. Sus funciones de control migratorio pasaron a la nueva entidad junto con el personal especializado.
La labor migratoria está íntimamente relacionada con la seguridad nacional: tráfico de personas y migrantes, narcotráfico, transporte ilegal de fauna y flora. “Colombia es un país dulce para eso. Esa clase de actividades solo se pueden detectar a través del personal de Migración, no se soluciona a punta de máquinas (Biomig)”, afirmó Mesa.
Cada máquina tiene un costo de $400 millones pese al bajo uso por los turistas colombianos. Pero para los funcionarios del día a día, los recortes del Ministerio de Hacienda tienen tras las cuerdas hasta el personal básico. “Están recortando servicios de aseo y de vigilancia”, dijo, y agregó que esto comenzó desde la llegada del ministro Germán Ávila.
Las filas no siempre hablan de desorden. A veces hablan de turnos demasiado largos y de presupuestos demasiado cortos. Decisiones tomadas lejos de la ventanilla.
Impacto en la cadena
La alerta no quedó confinada al ámbito laboral. La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) pidió garantizar la continuidad de los servicios migratorios para evitar afectaciones en la operación aérea.
“La prestación de los servicios migratorios es fundamental para el normal desarrollo de las operaciones”, advirtió el gremio, que expresó preocupación por el impacto en la puntualidad de los vuelos y en la eficiencia aeroportuaria.
Avianca recordó que una situación similar en diciembre de 2024 provocó más de 65 retrasos y cancelaciones, afectando a más de 2.200 pasajeros.
Cuando el filtro migratorio se ralentiza, la cadena completa se desajusta.
Impacto económico
El fenómeno es parte de una transformación más amplia. Como ha señalado El Espectador, en 2005 el país movilizaba cerca de 12 millones de pasajeros al año. En 2025 fueron 57,5 millones. En dos décadas, el tráfico aéreo se quintuplicó. En los últimos cuatro años, más de 211 millones de personas pasaron por terminales colombianas.
El auge del turismo explica parte del dinamismo. Entre agosto de 2022 y noviembre de 2025, más de 21 millones de visitantes no residentes llegaron a Colombia, un aumento del 138 % frente al periodo anterior. El año pasado, el sector generó más de USD 11.000 millones en divisas, según el gremio Anato.
Bogotá concentra una parte importante de ese crecimiento. Entre enero y febrero de 2026, la capital recibió 321.810 visitantes extranjeros, un aumento de 3,1 % frente al mismo periodo del año anterior, según el Observatorio de Turismo de Bogotá.
Las reservas aéreas internacionales hacia la ciudad crecieron además 16,6 % para el periodo febrero-abril de 2026, una señal de que la presión sobre la principal puerta de entrada del país continuará en ascenso.
Detrás hay 115.272 empleos turísticos en Bogotá, el 2,7% del empleo total de la ciudad, con un crecimiento del 6,9% interanual.
Cada nuevo visitante atraviesa el mismo punto de control. El aeropuerto es la puerta de entrada. Pero quien administra el umbral es Migración Colombia.
Cuando el flujo crece y el presupuesto se estrecha, la presión recae en la cadena de valor económica y en los funcionarios, especialmente en aquellos que le ponen la cara al turista malhumorado por el eterno camino de la serpiente.
Saturación operativa
En 2025, El Dorado movilizó 45,4 millones de pasajeros y 810.000 toneladas de carga, a pesar de que opera con 74 movimientos por hora, cuando su diseño original fue concebido para 68.
La ampliación del antiguo Puente Aéreo, que añadió 47.000 metros cuadrados y siete nuevas posiciones de parqueo en 2025, alivió superficie, pero no resolvió el cuello de botella en aire ni en los filtros migratorios.
Cada despegue y cada aterrizaje ocupa una franja exacta, milimétrica, también conocida como slot, que se ha convertido en el nuevo campo de tensión entre Gobierno, aerolíneas, gremios y organismos internacionales.
Avianca concentra cerca del 51 % de los slots totales en El Dorado y alrededor del 50 % en las franjas de mayor demanda (entre las 5:00 y 8:00 a. m. y las 5:00 y 8:00 p. m.). La Aerocivil ha explicado que esa concentración responde a factores históricos y operativos, no a irregularidades, pero reconoce que el esquema dificulta el crecimiento de nuevos operadores.
El Ministerio de Transporte confirmó que se analizan ajustes para “equilibrar” la asignación en horarios de alta demanda, en medio de un debate que también ha tocado el precio de los tiquetes y el acceso de nuevas aerolíneas al aeropuerto.
Antes de que la presión alcance un punto crítico, ya se proyectan soluciones de mayor escala. El plan El Dorado Edmax, previsto entre 2028 y 2035, busca elevar la capacidad a 73 millones de pasajeros anuales.
Al final de todo, la pregunta queda en el aire: ¿cómo lograr una correcta operación en una institución que ya opera bajo tensiones internas?
* El nombre de la fuente se cambió por motivos de seguridad laboral.
💰📈💱 ¿Ya se enteró de las últimas noticias económicas? Lo invitamos a verlas en El Espectador.
