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La historia de La Manuela, la lujosa finca de Pablo Escobar que terminó subastada por la SAE

La propiedad fue adquirida por el jefe del cartel de Medellín en los años 80 y ordenó la construcción de una imponente mansión a la orilla de la represa de Guatapé, en el oriente de Antioquia. La guerra del narcotráfico borró de un plumazo la otrora grandeza de la propiedad y, 32 años después de la muerte del capo Escobar, el Estado decidió vender la propiedad por COP 7.700 millones.

Redacción Judicial

10 de enero de 2026 - 02:43 p. m.
La propiedad, según la SAE, tiene 7.826 metros cuadrados construidos y alcanza en total las 14 hectáreas.
Foto: Archivo Particular
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Coronada por un gallinazo en su cúspide, una estructura blanca y en evidente deterioro de un viejo edificio se levanta en medio de los islotes y el color verdoso de las aguas de la represa de Guatapé, en el oriente de Antioquia. Se trata de la finca La Manuela, una de las propiedades que hizo parte de la fortuna de Pablo Escobar, exjefe del cartel de Medellín, recientemente subastada por la Sociedad de Activos Especiales (SAE).

La presidenta de la SAE, Amelia Pérez Parra, confirmó recientemente que la entidad a su cargo vendió la propiedad a un privado, cuyo nombre aún no se conoce, en una reñida subasta. El inmueble de 7.826 metros construidos y 14 hectáreas de terreno sembradas con árboles traídos de países de África y Europa, ubicado en uno de los islotes de la represa de Guatapé y abandonado desde inicios de los años 90, tuvo un costo de más de COP 7.700 millones.

La finca La Manuela es una de las antiguas propiedades de Pablo Escobar más conocidas entre los turistas. ¿La razón? Su ubicación privilegiada, con vista directa a la represa de Guatapé, la ha hecho durante años parte de los atractivos turísticos del oriente del departamento de Antioquia. Incluso, muchas personas iban hasta allí hasta el año 2019, cuando la SAE la quitó de manos de quien la administraba y se puso al frente de su gestión.

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Para la propia SAE, la finca La Manuela “fue durante años un símbolo del poder criminal del narcotráfico y un centro de operaciones ilícitas” que atrajo a miles de visitantes. “En sus espacios se concentraron episodios de la vida íntima y familiar del capo, así como hechos asociados a la violencia y al crimen que marcaron la historia reciente del país”, indicó la entidad por medio de un comunicado en el que confirmó la venta del otrora lujoso inmueble.

“Cada bien que logramos recuperar y comercializar representa una victoria del Estado sobre el crimen. Lo que antes fue adquirido con dinero del narcotráfico, hoy se transforma en recursos legales que benefician a las y los colombianos y permiten cerrar ciclos de violencia con dignidad y transparencia”, señaló la presidenta de la SAE, Amelia Pérez Parra. Además, destacó las razones por las que este inmueble tiene un valor especial.

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No se trata solamente de una de las propiedades más queridas por Pablo Escobar; según, lo dicen personas como William Duque, quien trabajó como administrador de la propiedad y durante años ofreció recorridos guiados para turistas, hasta la recuperación del inmueble por parte de la SAE. También es una propiedad valiosa por la gran diversidad de especies vegetales traídas por el capo del cartel de Medellín desde distintos lugares del mundo.

“Este valor patrimonial y ambiental fue clave para atraer el interés de oferentes en una subasta pública altamente competitiva, liderada por la SAE bajo estrictos principios de transparencia”, señalaron desde la entidad. Y agregaron: “La SAE reafirma su compromiso con la administración responsable de los bienes incautados al crimen organizado, impulsando su aprovechamiento legal y simbólico como una forma de reparación colectiva y memoria histórica”.

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La historia detrás de la finca La Manuela

La finca La Manuela, propiedad de Pablo Escobar, fue construida a mediados de los años 80 por orden del capo del cartel de Medellín. La versión entregada por guías turísticos y personas que trabajaron con el exjefe narcotraficante, como William Duque, y que durante años se ha expandido de forma amplia, indica que la propiedad fue construida para Manuela Escobar, su hija menor. Se dice que iba a ser su regalo para cuando cumpliera los 15 años.

A la finca se puede llegar en lancha desde el malecón de Guatapé o por tierra, en un trayecto de aproximadamente cuatro kilómetros desde el vecino municipio de El Peñol. Tenía, entre otros lujos, una piscina con vista directa a la represa de Guatapé y una caballeriza en la que, según narran los guías turísticos de la región, cuidaban a algunos de los caballos más costosos del país.

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Las narraciones en la zona indican que por las caballerizas de la finca La Manuela alcanzaron a pasar Tupac Amarú, un caballo que fue propiedad de Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”, y Terremoto de Manizales, que fue propiedad de Roberto Escobar, hermano de Pablo Escobar y conocido como alias “El Osito”. La historia de Terremoto fue bien sonada en su momento por ser el primer caso de un caballo “secuestrado” en Colombia.

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El caso está relacionado con la disputa a sangre y fuego en los años 90 entre el cartel de Medellín y otra organización ilegal autodenominada Perseguidos por Pablo Escobar (Los Pepes). Ese grupo funcionaba como un clan de vengadores en contra del narcotraficante, aliados con la fuerza pública. Según las autoridades, la disputa entre ambos grupos dejó al menos 12.000 víctimas de bombas, masacres y torturas en la capital antioqueña.

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La mayoría de la construcción de la finca La Manuela muestra un evidente deterioro por el paso de los años y el abandono de la propiedad.
Foto: Archivo Particular

El caballo Terremoto era uno de los más famosos dentro de la caballería de paso fino en Colombia. Su nombre era tan conocido como el de su dueño, el hermano de Pablo Escobar. El 28 de agosto de 1993, Los Pepes ordenaron secuestrar a Terremoto y asesinar a su montador. No contentos con el rapto del equino, avaluado en USD 1 millón de la época y padre de unas 170 crías de pura sangre, lo castraron y lo dejaron abandonado en una calle de Medellín.

La afrenta contra Terremoto de Manizales ofendió a los hermanos Escobar y fue solo el pico de una guerra sostenida que marcó el final de la finca La Manuela. En febrero de 1993, Los Pepes instalaron una carga de dinamita en la propiedad construida a orillas de la represa de Guatapé y de ella dejaron solo ruinas. La casa aún no estaba completa; los guías turísticos narran que aún faltaba parte del mobiliario y que Pablo Escobar no alcanzó a hospedarse allí.

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Pocos meses después, el 2 de diciembre de 2023, Pablo Escobar, jefe del cartel de Medellín y temido narcotraficante pedido en extradición por Estados Unidos, murió en un operativo policial en la capital antioqueña. La finca La Manuela, igual que las demás propiedades del capo del narcotráfico, se sumó a la narrativa que durante décadas se ha construido en torno a Escobar y que convirtió su imagen en objeto de múltiples productos en el mercado turístico.

Lo que quedó de la Manuela fue administrado durante años por William Duque, el antiguo trabajador de Pablo Escobar en su lujosa finca. El lugar se convirtió con los años en un punto de interés turístico por la presencia de árboles exóticos importados desde países de África y Europa, de Chile y Estados Unidos. Allí también se encuentran ejemplares de magnolias y tulipanes, que no son comunes en la región.

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En 2019, cuando la SAE tomó el control sobre la propiedad, Duque fue desalojado, a pesar de que el trabajo guiando a turistas por las ruinas de parte del otrora emporio criminal de Pablo Escobar le sirvió durante años para sacar adelante a su familia. La entidad le entregó el manejo de la propiedad de forma temporal al municipio de El Peñol. La administración no le prestó atención y la maleza creció con rapidez sobre las ruinas de La Manuela, hasta que en enero se volvió a mover el poder sobre ella.

La finca fue entregada a la empresa D´Group para que la convirtiera en algo similar a un parque de diversiones. Un contrato celebrado a 25 años. Sin embargo, la venta de la propiedad por parte de la SAE, en una jugosa suma de COP 7.700 millones, le abre la puerta a la construcción de un proyecto turístico privado, desligado por completo de la vieja historia de narcotráfico que esconden las paredes blancas de La Manuela, hoy cubiertas por maleza y plantas exóticas, florecidas de hongos y coronadas por aves de rapiña.

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