Con una ruta ya definida para atender la crisis derivada por el terremoto del pasado 10 de agosto y a punto de cumplir su primer mes en la jefatura del Estado, el presidente Abelardo de la Espriella potenció la estrategia con la que quiere extender su gobernabilidad más allá del Congreso y de Bogotá. Si bien la mayoría de los desplazamientos se dieron por tras la emergencia natural, el mandatario instruyó a su equipo de gobierno para que alcaldes y gobernadores se vinculen de forma directa a la configuración de lo que bautizó como “patria milagro”.
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Tan solo el viernes se reunió en Mompox (Bolívar) con los gobernadores y así completó un recorrido por 12 de los 32 departamentos durante su primer mes de gestión, que se cumple este 7 de septiembre. De hecho, ese mismo lunes tiene programado estar en Quibdó (Chocó) con los “cacaos” empresariales para finiquitar una ruta de reconstrucción que se calcula requiere de COP 30 billones en su primera fase. Esta sería su tercera visita a una región que, según el Dane, tiene los principales índices de pobreza multidimensional, desempleo y otras necesidades históricamente desatendidas.
Es en este contexto que De la Espriella ya completa 43 viajes, incluyendo sus desplazamientos a Bogotá y Barranquilla, las dos sedes principales de la Presidencia. Incluso, en esa segunda ciudad –la capital del Atlántico– donde el martes recibirá a Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, el primer funcionario de más alto nivel del gobierno del republicano en pisar suelo colombiano durante la actual administración.
Solo ese país le ha donado a Colombia USD 27 millones para atender la crisis del terremoto, tema que estará entre la agenda de la cita de ese 8 de septiembre. Si bien la seguridad es un eje central, al punto que se analizará el destino de los USD 1.000 millones del denominado “plan patriota”, la urgencia de solventar las necesidades humanitarias son una prioridad en lo que ya se conoce como “la empresa de la reactivación”.
De la Espriella ha reiterado que “la nación tiene el deber de ayudar desde su capacidad financiera, técnica e institucional, pero las soluciones urbanas no pueden ni deben diseñarse desde el centro del país. Debe ser en los territorios, con los alcaldes, con los gobernadores. Quiero llevar esa misión lógica a la relación con la banca multilateral”.
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Para ese fin también ha delegado ciertas funciones a parte de su círculo más cercano. La primera dama, Ana Lucía Pineda, ha tenido una participación directa al liderar la estrategia humanitaria y de víctimas que ha dispuesto el Gobierno. El vicepresidente José Manuel Restrepo tiene un papel esencial como parte de la avanzada del Ejecutivo para coordinar ayudas en territorio y los planes que se implementarán para la reconstrucción.
Un papel similar ha jugado el ministro del Interior, Rodrigo Lara, quien además se ha encargado de coordinar los diálogos entre el presidente y algunos de los gobernadores. Además, Nicolás Gómez, jefe de Despacho, y Valerie Lafaurie, Consejera para las Regiones, se encargan de materializar la estrategia territorial del jefe de Estado y articular los diálogos para una atención más eficaz de las necesidades expuestas por los mandatarios regionales.
La descentralización que está implementando De la Espriella lo llevó a que durante la cumbre con los gobernadores les dejara claro que seguirá moviendo al Estado de la capital hacia las regiones, y que eso incluye, una mayor participación presupuestal. Ahora el reto es articular todas las agendas.
“La unidad de la nación no exige que las decisiones se tomen en Bogotá. Como candidato lo dije y como presidente lo reafirmo: no gobernaré encerrado en un despacho, gobernaré desde las regiones. No habrá rincón de la patria donde no se sienta la presencia del Gobierno. Para cumplir ese propósito, debemos fortalecer el poder de los departamentos, darles mayor capacidad de decisión y acercar el Estado a la vida cotidiana de los ciudadanos”, dijo en la cita de Mompox.
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Esta la ruta la comenzó en sus primeras horas como jefe de Estado, las cuales se vieron atravesadas por el terremoto; tan solo habían pasado dos días y 15 horas de su posesión y tuvo que sortear su primera crisis de orden nacional. El sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar (Chocó) obligó a un despliegue inmediato del Ejecutivo. El mandatario viajó desde Barranquilla, sede alterna de la Presidencia, a Bogotá y de allí delegó funciones al grueso del gabinete para evaluar las principales afectaciones. Por ello la mayoría de ministros han tenido que cumplir funciones desde los departamentos.
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Eso explica por qué el ministro Lara estuvo constantemente en el Eje Cafetero durante este primer mes de gobierno; la jefa de la cartera de Transporte, Elsa Noguera, apadrinó al Valle y otras regiones; y la líder del sector Salud, Ana María Vesga, hizo lo propio en Chocó. Mientras tanto, Jaime Andrés Beltrán, cabeza del ministerio de Vivienda y en su condición de coordinador de la reconstrucción ha estado recorriendo el país para canalizar los recursos. En una primera radiografía ya dijo que se necesitan al menos otros COP 4 billones para la reconstrucción en las zonas más afectadas.
Así son las gerencias regionales
Otro punto que se ha adaptado para un canal directo entre la Presidencia y los mandatarios es el establecimiento de las denominadas “gerencias regionales”. A la fecha, tres nombres ya se encuentran en cumplimiento de esas funciones. El primero es Jaime Andrés Uribe, a quien se le delegó la figura de gerente para la reconstrucción. Sus funciones están encaminadas a direccionar y vigilar los recursos con los que se emprenderá la reedificación y rehabilitación de estructuras. Sería, además, un puente para rendir cuentas entre las gobernaciones y la jefatura del Estado.
El segundo es Juan Manuel Muñoz, quien tiene un rol similar enfocado exclusivamente al Valle. Esa misma figura fue anunciada por el presidente para el Chocó, y aunque aún no se conoce el nombre de quien desempeñará esas funciones, lo que ya se sabe es que deberá implementar lo que De la Espriella denominó “plan Marshall” para la reconstrucción del departamento.
La tercera gerencia regional, que ya se encuentra en funciones, está encabezada por Clara Lucía Sandoval. Su posesión se dio el 25 de agosto y coordina acciones entre los ministerios y el distrito capital y debe destrabar proyectos estratégicos; ahí se suman las nuevas líneas para el Metro y el proyecto llamado Regiotram. Eso sí, el exconcejala no sería bajo ningún concepto el reemplazo del alcalde mayor, Carlos Fernando Galán. Igualmente, todas estas gerencias tendrían que rendir cuentas a la Consejería para las Regiones de Valiere Lafaurie.
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Todo esto se ha ido tejiendo en la medida que la agenda territorial estuvo marcado por las acciones de atención al terremoto. Con este condicionante, pero con las directrices marcadas –muchas de ellas que ya se conocían desde antes de su posesión–, es que el presidente intensificó su contacto regional. El día del terremoto emprendió su primer viaje para la evaluación de daños a Quibdó y Cali, dos de las ciudades con mayores afectaciones. El día anterior visitó Medellín en el marco de la Feria de las Flores.
Aunque tuvo que reagendar el consejo de ministros que tenía previsto en La Guajira para el 13 de agosto, el grueso de sus directivas las sigue impartiendo desde las regiones. Por eso, su primera alocución y reunión formal con el gabinete fue en Barranquilla. Durante su primer mes de gobierno ha estado hasta en 11 oportunidades en esa ciudad.
El presidente, en Bogotá, inició despachando en el Palacio de San Carlos –sede natural de la Cancillería–, pero por recomendaciones de seguridad retornó a la Casa de Nariño. En la capital ha tenido 10 paradas para el cumplimiento de su agenda. El grueso de esos compromisos comprendieron citas con diversos sectores sociales, políticos, económicos y de la institucionalidad colombiana. Incluso, finalizando la semana pasada hizo un recorrido por las obras del Metro y prometió un respaldo para desarrollar nuevas líneas.
En contraste, el pasado 25 de agosto posesionó a Jorge Eliécer Laverde como contralor General, en un evento que lideró en La Dorada (Caldas). Y a los nuevos magistrados del Consejo Nacional Electoral les tomó juramento en Barranquilla el miércoles de esta semana.
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Esas directrices ya se marcaban cuando traslada la posesión presidencial al suroccidente colombiano. Aunque el presidente había marcado al departamento del Cauca como el favorito para recibir la banda, este tuvo que realizarse en el Valle por cuestiones logísticas. Su mandato inició en Cali, 72 horas antes del terremoto; en esa ciudad dictó sus primeras órdenes en materia seguridad: trasladar a capos criminales y ponerle punto final a la estancada paz total de la anterior administración.
Y es precisamente Cali la tercera ciudad que más ha frecuentado el mandatario. Además de ese 7 de agosto, De la Espriella ha visitado cuatro veces más esa capital y en otras dos oportunidades (16 y 24 de agosto) estuvo en Buenaventura.
En el componente regional, Pereira (Risaralda) y Quibdó (Chocó) también han recibido tres veces al jefe de Estado, mientras que Dosquebradas (Risaralda), Valledupar (Cesar), Armenia (Quindío), Medellín (Antioquia) fueron destino presidencial por una sola vez. Ahora bien, el presidente también coordinó un puesto de mando unificado en Ibagué (Tolima) para atender la crisis por los incendios.
En la estrategia de seguridad presidencial, De la Espriella demarcó la directriz que los principales resultados serán anunciados por él mismo. Esa decisión le llevó a cumplir agenda con componentes de orden público en San José del Guaviare, cuando el 1 de septiembre recibió de la mano de su ministro de Defensa, el general (r ) Jorge Mora, el balance de una operación de dejó más de 20 muertos que harían parte de las disidencias de alias Calarcá.
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Algo similar sucedió el pasado viernes con la baja de Naín Andrés Pérez Toncel, alias Bendito Menor, que solo se hizo oficial hasta el anuncio desde Riohacha (La Guajira) que dio el presidente. En el mismo sentido, también lideró un consejo de seguridad en Cúcuta (Norte de Santander) por el ataque terrorista a una estación de policía en Los Patios, área metropolitana de esa ciudad, perpetrado el pasado 2 de septiembre.
Congreso: un libro aparte de descentralización
Si bien la estrategia ha sido clara desde campaña y el mandatario ha establecido una agenda con incidencia directa de gobernadores y alcaldes, desde el Legislativo se ha cuestionado el papel secundario que han jugado senadores y representantes en medio de este escenario. Incluso, han llegado a hablar de una “exclusión” desde el Ejecutivo. Es más, durante el cumplimiento de su agenda en regiones en medio de la crisis por el terremoto, De la Espriella no permitió ser fotografiado con congresistas salvo en cuatro oportunidades.
La primera fue en sus dos visitas a Pereira, donde aparece la senadora María Irma Noreña (La U), esposa del alcalde Mauricio Salazar; en La Dorada (Caldas), durante la posesión del contralor General apareció el representante liberal José Octavio Cardona; y en la toma de juramento de los magistrados del Consejo Nacional Electoral (CNE) en Barranquilla le acompañó el senador Alfredo Deluque (La U).
Sin embargo, en algunos sectores del Capitolio se han tenido que ejercer funciones de “mediadores” para el diálogo con las regiones. Por ejemplo, algunos mandatarios de líneas políticas opuestas a las de De la Espriella han acudido al Legislativo para presentar los requerimientos de sus regiones. Eso ha pasado en al menos dos oportunidades, con Carlos Amaya (Boyacá).
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Y una postura similar, como puente entre Ejecutivo y Legislativo, ha tenido que tomar el presidente del Senado, Honorio Henríquez (Centro Democrático), quien les dijo a reporteros de este diario que ha intercedido para comunicar algunas emergencias que se presentan en varias regiones y se las ha comunicado al ministro del Interior. El jefe del Legislativo estimó que la respuesta ha sido inmediata.
Y es que el discurso del mandatario ha sido de negociaciones transparentes y sobre la mesa con el Congreso. Ello implicaría, en plata blanca, que no se tranzarán cargos burocráticos para la aprobación de proyectos como sucedió en administraciones anteriores. Ahora bien, uno de los ruidos que se expresa en el Congreso es que esa posición de entregar mayor participación a las regiones ve un contraste en el retiro de uno de los principales proyectos que entrega mayor poder fiscal, y paralelamente mayores responsabilidades, a gobernaciones y alcaldías: la ley de competencias.
El ministro Lara dijo, previo a la posesión del 7 de agosto, que ese proyecto que dejó su antecesor, Armando Benedetti, representaba una propuesta “antitécnica”. Sin embargo, pese a asegurar que no daría impulso a ese texto, tampoco habló de la posibilidad de reglamentar una iniciativa similar. Las prioridades de la cartera política para el Congreso están en el presupuesto de 2027, un estatuto antiterrorista y la ley de sometimiento. Estos dos últimos proyectos se encuentran en fase de construcción.
Con la estrategia de descentralización presidencial puesta en marcha, y con el grueso de los puntos en las crisis por el terremoto e incendios, el presidente De la Espriella pondrá un foco prioritario a seguir con su recorrido por los departamentos, en un plan que también tiene un componente político fundamental: establecer una imagen favorable para competir de lleno en las elecciones regionales del 2027, que son una suerte de medidor sobre su primer año de mandato. Ahora bien, en los círculos políticos se habla de una necesidad de elección por parte del presidente, si gobierna o hace política, poniendo el retrovisor de Gustavo Petro, quien finalmente perdió terreno en su gobernabilidad.
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