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La reorganización de los sectores políticos entorno al gobierno de Abelardo de la Espriella también da evidencia de numerosas grietas que se han presentado tanto en derecha e izquierda y que protagonizan mayoritariamente el Centro Democrático y el Pacto Histórico. Las dos bancadas más grandes del Congreso buscan establecer una hoja de ruta con la que quieren acaparar el grueso del caudal político en las elecciones territoriales del 2027. La estrategia también compromete al Gobierno y varios de sus sectores aliados.
Los choques han sido constantes y se han agudizado luego de las elecciones legislativas y presidenciales de este año. Esas divisiones internas salieron a relucir de forma prematura en el uribismo desde la organización que esa colectividad surtió en la búsqueda por el poder y que arrojó a Paloma Valencia como su candidata presidencial. Sin embargo, superado ese proceso, las diferencias en la derecha parecen no haber desaparecido y tienen, casi que en todos sus frentes, a los mismos protagonistas.
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De una lado está la figura del expresidente Álvaro Uribe, quien sigue siendo objeto de señalamientos por parte de los sectores de Salvación Nacional, puntualmente de su líder político, el senador Enrique Gómez. Y es que buscando desmarcar a esta colectividad, que Gómez heredó de su tío Álvaro Gómez Hurtado, el congresista señaló al exmandatario de «socialista», asegurando que sus políticas de Estado marcan serias diferencias respecto a la apuesta que buscará implementar en su mandato el presidente De la Espriella.
Gómez dijo que «Uribe es un socialdemócrata que ha conquistado con sus hechos y el compromiso con el país el voto de la derecha. Pero creo que hay diferencias de fondo en el rol funcional del Estado, en el crecimiento desaforado del Estado y los impuestos y en visiones de país (…) esas diferencia son ideológicas y son serias. No son personales». Acto seguido le llamó «socialista», algo que no fue tolerado por el Centro Democrático, la bancada más grande ligada a la apuesta oficialista.
Sus señalamientos sobre el «crecimiento desaforado del Estado» y el manejo de los impuestos desconocen los hechos y los resultados de sus gobiernos», señaló el partido en un reciente comunicado. Ese choque representa un nuevo capítulo de las diferencias entre el uribismo y Salvación Nacional que ya se presentaron, incluso, con el círculo más cercano del actual jefe de Estado. Cabe señalar que Uribe mantuvo un choque público con Carlos Suárez Rojas, el principal estratega de De la Espriella al vincularlo a procesos en su contra con estructuras paramilitares. No obstante, fue Suárez quien sacó la bandera blanca, tratando de cerrar ese capítulo y buscando centrarse en sus labores cerca del presidente.
Incluso, la heridas de la campaña siguen latentes. En varios sectores uribistas se sigue recordando esa estrategia de campaña que catapultó a De la Espriella a la Presidencia y que incluso ha sido cuestionada en ese partido. A todo ello se suma que, por ejemplo, la exsenadora uribista Paola Holguín ahora ocupa un asiento en el gabinete como ministra de Cultura tras salir del Centro Democrático con varias diferencias en el partido, algo que también sucedió con María Fernanda Cabal, excongresista que ahora pide separarse del uribismo para formar su propio colectivo político de derecha.
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Sin embargo, la visión del Centro Democrático parece estar centrada en subsanar esas diferencias con cautela y proyectar una organización de cara a las elecciones territoriales de 2027. Pretenden no perder terreno, e incluso, ocupar espacios que en el partido Defensores de la Patria -el que impulsó a la Presidencia a De la Espriella- buscan ocupar con todo el andamiaje del Estado. Ambos pretenden tener los sectores de derecha bajo su mando, pulso que además es visto de reojo desde los sectores tradicionales.
Pero si en la derecha llueve, por los lados de la izquierda no escampa. Sus diferencias también se proyectan desde la campaña. Sectores del Pacto Histórico cuestionaron la estrategia de campaña que empleó el senador Iván Cepeda que no logró la reelección de ese proyecto político. Son varios los puntos que se acusan e incluso, que en ese bloque político se siguen reprochando casi tres meses después de la segunda vuelta.
Ahora el Pacto busca establecer su organización interna. No obstante, en ese proceso las grietas también prevalecen y, por ejemplo, mientras buscan alinear sus fuerzas para un Congreso fundacional en el que se entregue la presidencia del partido al expresidente Gustavo Petro, hay bloques políticos que piden respetar las «fracciones» que inicialmente formaron al Pacto. En síntesis, lo que piden es que se mantengan vivas las posturas de colectivos como el Polo Democrático, Colombia Humana, Unión Patriótica, Partido Comunista y Progresistas. Aún así, también hay rechazo a esa decisión, pues se busca mantener en firme la «unidad» de la izquierda.
En efecto, la propuesta ha dado muestra de diferencia en la bancada en el Congreso. Por ejemplo, la principal abanderada de esa iniciativa es la senadora Carolina Corcho, mientras que en la orilla opuesta están, entre otros, figuras como el senador Cepeda o varios de los voceros del partido como Felipe Harman, Gabriel Becerra, entre otros. Tal ha sido el nivel de la disputa que Corcho acusó la falta de «democracia» en la selección de los procesos internos.
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Y para sumar a ese pulso, en horas recientes creció el rechazo por el encuentro entre el expresidente Petro y la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López. En esa cita que tuvo lugar en Bogotá se trazó la línea de una posible alianza regional. Sin embargo, tanto algunos sectores políticos del Pacto como los que dirige López dentro de la Alianza Verde -aunque ya no sigue en ese partido- rechazaron una posible alianza al esgrimir numerosas diferencias con la contraparte. No obstante, López dijo que es tan solo «un primer café» y que tiene un propósito común: hacer frente en las regionales al gobierno de De la Espriella.
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Lola(15127)•12 de septiembre de 2026 – 09:19Por eso yo digo, no se pongan a pelear por partidos políticos y dirigentes ídem con sus familias y amigos, no valen la pena. En cuanto a esos laureanistas, estuvieron bien cómodos chupando de la teta del Estado y comiendo de la mano de los que ahora llaman socialdemócratas y nunca dijeron nada pero ahora sí. Qué asco y qué peligro de gente.
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Juan Guillermo(7rdvy)•12 de septiembre de 2026 – 07:43El país esta a la deriva en cuestión política, solo afloran los intereses económicos particulares de sus dirigentes.
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MARIO(jbw8b)•12 de septiembre de 2026 – 03:35En Colombia no hay partidos, hay cacicazgos y empresas electorales, ya sea de familia o de contubernios para caerle al presupuesto nacional. Así difícilmente estos dos «partidos» van a superar a sus dinosaurios, petro y Uribe.