La conformación de las mesas directivas del Congreso que se posesionará el próximo 20 de julio desató un sigiloso pulso de poder, el cual se libra entre diversas fuerzas y que toca directamente a la administración del presidente electo, Abelardo de la Espriella.
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La puja detrás de las presidencias de Senado y Cámara, incluso, rompió con la tradición de que entre las colectividades más votadas y que estén del lado del oficialismo entrante se elija a quienes estarán en esas dignidades. De hecho, es ahí en donde comenzó la pelea que tiene a los partidos en negociaciones y al Ejecutivo que llega expectante.
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El Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe logró en las legislativas del 8 de marzo pasado más de 3 millones de votos, lo que le permitió hacerse con 17 curules en el Senado. Además, fue la primera fuerza en declararse partido de gobierno de cara a la administración de De la Espriella. Y, por eso, reclamó la jefatura del Congreso desde el comienzo.
La ficha que postuló para ese cargo es el senador samario Honorio Henríquez, quien tiene diálogos con varias bancadas y está en una campaña que hasta ahora le pinta adversa. La razón es que tiene el apoyo de Uribe y el director de su partido, Gabriel Vallejo, le notificó al ministro del Interior designado, Rodrigo Lara Restrepo, que lo quieren en esa dignidad, pero el jefe de Estado electo apuesta por otra carta.
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En efecto, el guiño de De la Espriella lo recibió de forma directa el senador guajiro Alfredo Deluque, de La U. Además, los partidos Conservador, Cambio Radical, Salvación Nacional y su propia colectividad ya le dieron su apoyo oficialmente. Eso quiere decir que, al menos en el papel, tiene asegurados 29 votos.
Esos apoyos salen de los 10 senadores conservadores, los 8 de La U, los 7 de Cambio y los 4 de Salvación. Pero en una corporación de 103 curules tiene que llegar a un mínimo de 52 votos para quedarse con la presidencia. Y ahí es donde aún le falta.
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Y Henríquez –quien arrancó con el apoyo de los 17 legisladores de su colectividad– está en la tarea de buscar otros respaldos. La pelea de estos dos senadores por liderar el Senado, y de paso ser quien le imponga la banda presidencial a De la Espriella el próximo 7 de agosto, es un pulso que sí implica al mandatario entrante y a Uribe.
Si bien desde el Centro Democrático aseguraron que es un tema de independencia legislativa y tradición partidista liderar el primer año por ser la bancada de gobierno con más escaños, lo cierto es que hay un interés en mostrar relevancia frente a una administración que de entrada dijo que poco necesitará del Congreso. Incluso, hay algunas voces en el propio Capitolio que aseguran que desde Defensores de la Patria, movimiento que agrupa a quienes están con De la Espriella, hay interés de “jubilar” al exmandatario de la política electoral.
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En la campaña se abrieron heridas entre ambos sectores, al punto que el propio Uribe cuestionó a Carlos Suárez, el principal estratega de De la Espriella, por supuestamente buscar perjudicarlo judicialmente por presuntas relaciones con sectores ilegales. El asesor se defendió y lo calificó de “dinosaurio”.
Lo cierto es que las diferencias sí escalaron hasta el mandatario electo y ahora hay una suerte de diálogo frío, que por cuenta de estas movidas en el Congreso está entrando en otra fase. Incluso, el Centro Democrático dijo que prefería irse “a voto limpio” para proyectar a Henríquez sobre Deluque en la plenaria el próximo 20 de julio.
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“El nombre del doctor Alfredo Deluque nos gusta y nos encantaría que todos aquellos que quieran acompañar este proyecto de Abelardo de la Espriella, quien fue elegido por 13 millones de colombianos, pues nos ayuden en la tarea y se haga esto más fácil”, aseguró el ministro Lara Restrepo.
Y a renglón seguido, con pulla incluida, aseguró que irse en otra vía sería darle viabilidad al Pacto Histórico del saliente presidente Petro. “Yo, francamente, no creo, me resisto a pensar, que sea cierta la versión en el sentido en que el Centro Democrático se va a ir a voto limpio el 20 de julio; y yo no me atrevo a pensar eso porque implica, inexorablemente, impajaritablemente, una alianza con el gobierno de Petro y con el Pacto Histórico, porque no puede haber otro cálculo y no puede haber otra racionalidad. Si un partido se va a voto limpio, es porque tiene que ir a buscar los votos y los votos disponibles son los del gobierno Petro”.
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La razón de este dardo es que el Pacto, sumando la curul que asumirá Iván Cepeda tras perder la segunda vuelta presidencial, contará con 26 escaños en el Senado. Una fuerza que perfectamente puede convertirse en una suerte de bisagra para definir cargas en esa corporación.
“Honorio Henríquez, candidato a la presidencia del Senado por el Centro Democrático, es una persona de diálogo, con una carrera probada en coherencia, transparencia y garantías para los demás. Ha sido primero y segundo vicepresidente del Senado, presidente y vicepresidente de la Comisión Séptima, sin que contra él haya quejas. Además, ha sido coherente en sus convicciones”, dijo Uribe para defender a su ficha.
El jefe del Partido Conservador, Efraín Cepeda, intentó mediar y advirtió que la colectividad del exmandatario debería sumarse a las mayorías de De la Espriella y dejar de lado la aspiración de Henríquez, pero eso no ha surtido efecto. Incluso, en bloque, varios de sus legisladores salieron a defender esta aspiración y a rechazar las declaraciones de Lara en torno a las supuestas cercanías con el Pacto Histórico de Petro.
Tan jugados están desde el uribismo por esa dignidad que decidieron sacrificar la presidencia de la Cámara. En esta corporación tenían fijo ese cargo con Daniel Briceño, el congresista más votado del país en las pasadas legislativas con 262.104 sufragios. Él, como se lo contó a El Espectador, estaba listo para dar esa batalla, pero perdió el apoyo de su partido y de paso de otras fuerzas.
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El Centro Democrático, junto a los partidos Conservador y Liberal, definieron que sean los conservadores quienes presidan la Cámara el primer año legislativo. Y aunque Briceño tenía el guiño de De la Espriella para ese cargo, con este nuevo acuerdo de fuerzas quien quedará al frente será Nicolás Barguil, un monteriano que repitió curul y es familiar del también electo senador David Barguil.
Lara, tras ver esa alianza, admitió que desde la administración entrante no pueden frenarla y que la decisión es dejarla quieta mientras se está a la expectativa del Senado. El Centro Democrático (30) y los partidos Liberal (26) y Conservador (20) suman 76 escaños en la Cámara, una fuerza amplia en una corporación de 182 sillas. El Pacto de Petro tiene 43 cupos sumando el de la oposición que se le dará a Aida Quilcué.
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Todas estas fuerzas están analizando qué decisiones toman oficialmente los liberales y la Alianza Verde en el Senado, al igual que otros sectores minoritarios entre los que está el Mira, y cómo será recibido el mensaje por De la Espriella. El mandatario electo en todo caso mantiene sus empalmes regionales –este viernes tiene el cuarto en Neiva (Huila)–, con los que está esquivando la intermediación de los legisladores en sus diálogos con alcaldes y gobernadores.
De fondo, el pulso que se libra por la presidencia del Senado implica directamente a De la Espriella y a Uribe. Por eso, de acuerdo con lo que se decida, se decantará la fuerza legislativa de la derecha y cuál de las dos vertientes tiene más peso en este espacio. La polémica se mantiene.
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