
En medio de la grasa, el aceite y la gasolina, a las cuadras enteras de talleres de reparación de carros se está insertando otra imagen: la de talleres de mecánica eléctrica. Algunos prestan servicios a domicilio con mecánicos certificados para reparar los nuevos vehículos eléctricos que, a más de cinco años del ‘boom’, ya comienzan a necesitar reparación. Sería mentira decir que la combustión está dejando de existir, pero la realidad de los vehículos eléctricos, solo en Bogotá, ya han provocado un revolcón en los talleres e, incluso, en las aulas de clase donde se preparan los mecánicos del futuro.
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Boom de la movilidad eléctrica
Es la discusión que, en un viaje a China, impulsó a Hugo Hilarion, director de asuntos internacionales de Ciencia y Tecnología de la Universidad ECCI: desarrollar el primer laboratorio que cubre todo el espectro de la electromovilidad en el país. “China empezó una transición a la movilidad eléctrica, dejando sistemas a gasolina para incorporar vehículos eléctricos de toda clase, incluyendo patinetas, motos, carros. Como se ve aquí, más que un asunto de transición, es un ‘boom’ que responde más a la practicidad y a la necesidad de movilidad en la ciudad. No obstante, ese fenómeno abre otras necesidades si hablamos de reparaciones y tecnología alrededor de estos equipos”, señaló Hilarion a El Espectador.

Hoy en día la historia gira en torno a baterías y sistemas de alta tensión representados en cables naranjas. Los datos que demuestran ese ‘boom’ son cada vez más impresionantes: el último informe de Fenalco sobre la matrícula de vehículos eléctricos indica que, por primera vez en Colombia, prácticamente uno de cada dos vehículos nuevos matriculados en un mes fue híbrido o eléctrico. En ese contexto, Bogotá concentra buena parte de la transformación que viene dateándose desde hace varios años.
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En los primeros siete meses de 2026 se matricularon en la ciudad 15.505 vehículos eléctricos, un crecimiento de 234,4 % frente a los 4.636 del mismo periodo de 2025. A estos se suman 22.667 híbridos, 71,5 % más que hace un año. Así, solo en la capital se matricularon 38.172 vehículos híbridos o eléctricos entre enero y julio, un enorme volumen que, sin duda, impactará la mecánica actual, pues esos vehículos que circulan por las calles requieren cada vez más conocimientos de electrónica, baterías y sistemas de alta tensión.

De combustión a potencia y energía
Durante más de un siglo, desde que a Medellín llegó el primer carro, un modelo Dio Bouton, en 1899, los vehículos a combustión dominaron la movilidad. Con él también llegó la figura del mecánico. Los registros cuentan que fue un empírico, Roberto Tisnés, quien terminó arreglando el primer carro que pisó el país, luego de que el mecánico francés, que vino con el carro, no lo logró.
Precisamente, esa característica empírica, que aún se percibe en la mecánica actual, es la que resalta Andrea del Pilar Rodríguez, directora del programa de ingeniería mecánica de la ECCI, quien señala: “tenemos en Colombia una cultura del quehacer técnico, que se ha desarrollado de manera muy artesanal. Contamos todavía con mucha gente que está en algunos talleres sin formación técnica certificada. Aprendieron, porque alguien les enseñó. Pero desde los ministerios y los diferentes gobiernos se ha buscado estandarizar para generar una calidad del servicio, porque existe una responsabilidad social cuando una persona manda arreglar el vehículo a través de un CDA (Centro de Diagnóstico Automotriz)”, indicó a este diario.
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Si en la era el vehículo a combustión se percibió como una máquina más simple y ligera de lo que eran las locomotoras y barcos, que necesitaban calderas y una caja de fuego, actualmente sucede lo mismo con los eléctricos: prescinden de sistemas clásicos como el escape, la caja de cambios convencional y engranajes que requieren de lubricación. Incluso, recientes reportes indican que esa simplificación mecánica, no solo reduce los puntos de falla, también reduce el mantenimiento requerido y es atractiva para las empresas de carga, que las traen de otros países, particularmente China. “Ya no basta con abrir el capó y escuchar el motor: en un vehículo eléctrico, el mecánico necesita un escáner, interpretar datos y saber dónde está la falla electrónica”, señaló Hugo Hilarion.
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El rol de la academia
El auge de los vehículos eléctricos también está obligando a transformar la formación de los mecánicos. En la ECCI, que durante 50 años la ingeniería mecánica ha sido el "corazón" del plantel, la enseñanza busca alejarse del modelo tradicional. Por ello, se ha instalado un laboratorio dotado de sistemas traídos de China, para que los estudiantes trabajen con vehículos eléctricos e híbridos seccionados por módulos, donde pueden identificar componentes como motores, sensores, relés y sistemas de control.
Y es que reparar vehículos eléctricos tiene sus particularidades. La directora del programa de ingeniería explica que no cualquier técnico puede realizar este tipo de trabajos sin una formación específica. “La llegada de los vehículos eléctricos e híbridos también implica nuevos protocolos de seguridad para quienes trabajan en su mantenimiento, no todas las personas pueden hacerlo: personas con marcapasos, elementos de metal en sus cuerpos, problemas cardiacos…”.

Y agregó: “las baterías operan bajo condiciones diferentes a las de los vehículos de combustión y una manipulación inadecuada puede exponer a los técnicos a descargas eléctricas. Por eso, la capacitación no consiste únicamente en aprender a diagnosticar o reparar estos vehículos. Se requieren herramientas y elementos de protección certificados, indumentaria adecuada y controles sobre el espacio donde se realizan las capacitaciones, además de protocolos para reducir los riesgos asociados a la alta tensión”.
Para Mariana Rosario, de 20 años, estudiante de ingeniería, la preparación frente a las nuevas tecnologías es fundamental para quienes llegarán al mercado laboral: “Como futuros ingenieros, es realmente vital que estemos preparados para todos los tipos de vehículos y motores que puedan llegar a existir. Lo importante es tener el conocimiento, y qué mejor que la universidad nos dé estos espacios”.

En la misma línea, Simón destaca que la formación académica debe avanzar al mismo ritmo que la industria. “Me parece muy provechoso que la universidad nos brinde este tipo de espacios. Es una tecnología emergente que ya está en el mercado y no podemos quedarnos simplemente con el pensum de siempre. A medida que el mercado se va adaptando, la universidad también debe adaptarse a lo que nosotros podemos llegar a enfrentar”, señala.
En una ciudad en la que, en promedio, unos 180 vehículos híbridos o eléctricos fueron matriculados cada día en 2026, las necesidades mecánicas también deberán virar hacia la movilidad eléctrica, como hace más de un siglo cuando el primer mecánico reparó el primer vehículo, creando una cultura de la grasa y el aceite, los días actuales están engendrando un nuevo mecánico en la era de los cables naranjas y las baterías de alta tensión.
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