Julieta Lemaitre Ripoll es, tal vez, la funcionaria judicial que más ha investigado en Colombia a las Farc. Es magistrada de la Sala de Reconocimiento de Verdad de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y desde 2018 se ha dedicado a seguirle la pista a los crímenes más atroces cometidos en el marco de políticas como el secuestro. Fue a partir de sus investigaciones que en septiembre de 2025 el Tribunal para la Paz condenó a siete de sus exintegrantes por 21.936 secuestros cometidos en el marco del conflicto armado. Hoy, la togada está en medio de la tormenta por la que pasa la justicia transicional, por cuenta de videos en los que se cuestiona su rol como una de las investigadoras de las antiguas Farc.
En diálogo con El Espectador, la magistrada Lemaitre Ripoll dio explicaciones sobre las primeras audiencias reservadas en las que Rodrigo Londoño, conocido en su momento como “Timochenko”, negó que los secuestrados hayan sido torturados. También habló sobre otro clip en el que se le ve sonreír en medio de un interrogatorio al exjefe de las Farc y aseguró que se trata de un video fuera de contexto. Esto, en medio de las discusiones que adelanta el Congreso sobre el presupuesto de la JEP para 2027 y dos proyectos que buscan cambiar su tiempo de mandato y someter a revisión sus sentencias contra exintegrantes de la fuerza pública. Para la togada, los principales efectos de estos señalamientos son contra las víctimas.
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La senadora María Clara Posada (Centro Democrático) publicó unos videos de audiencias reservadas presididas por usted en las que Rodrigo Londoño niega las torturas a los secuestrados y habla de su seguridad de no ir a la cárcel. ¿Qué fue lo que realmente pasó en esas diligencias judiciales?
Es difícil de explicar. Eso ocurrió en 2019 y fue la primera diligencia que se hizo en la JEP. En ese momento ni siquiera teníamos un salón para hacerla. Estábamos bajo una enorme presión, porque nadie nunca había hecho esto antes. Estábamos haciendo interrogatorios en un contexto de alta tensión. Todavía no se habían ido a las disidencias “Iván Márquez” ni “Romaña”. La Fiscalía había capturado a “Jesús Santrich” y estaba en la cárcel, a donde fuimos a hacer la versión en un momento de una tensión muy alta en el proceso de paz. Decidimos en la Sala de Reconocimiento de Verdad que arrancábamos a hacer diligencias. Pero, ¿cómo se hace una versión libre cuando son una ley y unos procesos que nunca habían existido?
Yo soy muy estudiosa y analicé las diferentes formas del interrogatorio policial. Existen dos escuelas. Una es más vieja, que se llama el método Reid, y lo que se busca, como en todos los interrogatorios policiales, es la confesión a través de la intimidación del interrogado. Incluso el espacio físico está hecho para que la persona se asuste y confiese. La otra escuela empieza a desarrollarse en los años 80 en Gran Bretaña, porque el método Reid resultó en muchas confesiones falsas de personas que después demandaron al Estado por tortura. Este nuevo método se llama Peace y requiere una investigación muy profunda, porque el caso no depende del interrogatorio.
Yo aplico el método Peace y uno construye el caso con toda la evidencia, con otras pruebas y los testimonios de las víctimas, que en el caso de la JEP son piezas muy importantes. En el interrogatorio, lo primero que hay que hacer es que el interrogado se sienta en confianza. Las diligencias duran mucho tiempo, días o semanas, en las que la persona es interrogada en varias ocasiones. Uno la escucha y le presenta la evidencia que tiene en diferentes momentos. Generalmente, en las primeras sesiones la persona niega la responsabilidad. El rol del investigador es escuchar e ir contrastando. Lo que sacaron son 30 segundos de un interrogatorio que duró dos días completos, pero después hay muchos otros momentos.
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¿Qué ocurrió después?
Tenemos muchas horas de video en la aplicación del método. Luego incluimos la participación de las víctimas, pero en un espacio seguro. Uno de los retos enormes que tiene el trabajo que nosotros hacemos es que, si bien el mandato legal es la publicidad desde el inicio, esa primera parte es muy victimizante. Uno sabe que en las primeras sesiones la persona que está interrogada se justifica, más cuando se cometieron crímenes de guerra y de lesa humanidad. Y la aplicación del método requiere dejarlo hablar. Luego empieza el diálogo para contrastar la información. Para las víctimas es muy revictimizante oír esa justificación y esa es la razón por la cual acepté dar esta entrevista.
¿Por qué las audiencias eran reservadas?
La única razón por la cual le puse reserva a esas primeras sesiones es porque con el equipo, que incluye a psicólogas, habíamos estudiado el efecto que podía tener sobre las víctimas la aplicación de este método.
En uno de esos videos, durante un par de segundos, se le ve a usted reírse en la conversación con los exjefes de las Farc. ¿En qué contexto ocurrió eso?
Era la primera versión libre que se practicaba y yo era una persona más feliz en el 2019 de lo que soy ahora. Había mucho temor de que le hicieran un atentado a Rodrigo Londoño por una venganza o en el contexto de que no se sabía si la guerra había parado o qué iba a pasar. Teníamos unas medidas de seguridad muy estrictas. Incluso había policía antidisturbios y varios cinturones de seguridad. Y la señora de los tintos entró como Pedro por su casa a la sala de audiencia, de repente. A mí me dio risa el absurdo de haber preparado tanto la logística y que ella entrara. Fue un error que no volvimos a cometer. No usé el humor de manera deliberada. Pero, si se ve todo el video, una parte muy importante del método es el respeto.
¿Se arrepiente de haber tenido ese gesto?
Pues si hubiera sabido que iba a pasar esto… Además, no fue deliberado. Fue espontáneo. Recuerdo que hubo otro momento en el que me provocó risa, pero no sé si me reí. Parte del método de reconstruir la vida de la persona es escuchar al interrogado durante mucho tiempo. Rodrigo Londoño contó que en su infancia se escondía para leer a José María Vargas Vila, que era como la pornografía de la época. Yo pensé que leía cosas políticas, porque era el jefe de la guerrilla. Imaginé que iba a hablar de algo comunista. Me pareció cómico.
Ahora, esta explicación la estoy dando aunque me dicen que, si lo hago, eso anima a todos los robots, que van a volver a sacar cosas horribles de mí, que van a hacer videos de inteligencia artificial, diga lo que yo diga. Que en un contexto de propaganda política, la verdad no importa; que lo que importa es que sea verosímil lo que se muestra y que se muestre lo suficiente hasta que parezca verdad. Que yo aparezca como uno de los enemigos. Pero a mí me parte el alma y me hace llorar lo que esto les hace a las víctimas.
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Su risa ha incomodado a muchas de las víctimas de las Farc. ¿Qué decirles a esas personas que hoy sienten dolor por ese gesto?
Durante todo el proceso estudiamos y protegimos mucho a las víctimas de las Farc, sobre todo a las de secuestro. Entendemos el cuadro de afectación, lo documentamos y es parte de la imputación. Yo me pasé casi dos años oyendo a víctimas de todo tipo de secuestros, documentando las torturas, los casos de las personas a las que violaron, hombres y mujeres. El secuestro genera un estado de alerta y de miedo que vuelve. Me acuerdo de un señor que me decía que hoy en día, después de 20 años de su secuestro, si a él lo tocaban de sorpresa, le daba un ataque de pánico. Parte de la afectación es esa alerta y angustia que en cualquier momento se dispara.
Yo he recibido mensajes y mi despacho está intentando hacer contención de las personas que, viendo la negación que hace Rodrigo Londoño de la tortura el primer día de este proceso, entraron en estados de pánico y reviven todo el episodio y el horror. Y lo que es aún más dañino es que la confianza que yo me gané oyéndolos durante tanto tiempo, retomando sus palabras, imputando esos crímenes, poniéndoles nombres como tortura, violencia sexual y trabajos forzados, se deshace con 30 segundos de un video del primer día. Yo sé el daño que eso hace. Un efecto del trauma es que una parte del cerebro de uno se queda reviviendo lo que pasó y luego hay otras partes de la vida que se van recuperando.
Explíqueme eso, por favor.
Es como si una parte de ti no estuviera aquí, ahora. Está en el horror y en cualquier momento vuelve. Nosotros hicimos un esfuerzo deliberado de que, si se le mostraba esto a las víctimas, se haría con acompañamiento. Las organizaciones que las representan también han tomado metodologías para acompañar a las personas. Cuando las víctimas participan, siempre hacemos una claridad de que el apoyo está disponible y estructuramos la escucha y la manera en la que presentan el relato en el tiempo. De forma que, incluso si la persona nos cuenta lo que le sucedió durante el secuestro, si uno ve que la persona está afectada, pueda traerla al día de hoy, cuando no les está pasando nada y están seguras.
Lo que hacen con la circulación de este video es un daño enorme a las víctimas, porque al ver a Rodrigo Londoño decir que no hay tortura, vuelven al pasado. Es como si la JEP y yo nunca hubiéramos hecho nada. El daño emocional y mental que esto causa es tremendo. Hay víctimas a las que les he dado mi teléfono personal y recibí un mensaje de una de ellas que claramente estaba sufriendo. Yo no he podido dormir. Me parece bajo y cruel lo que están haciendo. Por eso estoy aquí: por si ayuda decirles de nuevo que todo su sufrimiento lo recogimos, lo escribimos, es parte del caso, lo escuchamos con atención, se imputó la tortura porque sí la hubo. Eso no lo pueden negar, lo aceptaron frente a las víctimas. Todo eso sí pasó.
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Este linchamiento en redes sociales contra usted, en parte, viene de una herida muy profunda que tiene el país y que la JEP no ha logrado sanar. ¿Qué pueden hacer para tratar de mediar y no ignorar ese dolor?
No sé. Si supiera, lo haría. Personalmente, he intentado todo lo que está en mi poder. Me piden que haga cosas que serían ilegales si las hiciera, porque yo me rijo por la Constitución y la ley. Si el Congreso quiere cambiar las leyes, que las cambie. No entiendo por qué tienen que destruirme o hacerle daño a las víctimas para cambiar una ley. Si son la Rama Legislativa, pues que presenten un proyecto, consigan los votos, cambien la ley y la Corte Constitucional que decida si es inconstitucional o no. Yo realmente no sé qué hacer y no entiendo por qué para lograr el cambio de ley que quieren tienen que destruirme a mí.
Usted documentó hechos de tortura y esclavitud por parte de la guerrilla que quedaron imputados, en contraste con lo que no aceptó Londoño en los videos que están circulando. ¿Cómo explicarles a las víctimas ese abismo entre lo que Londoño aceptaba en ese momento y lo que quedó plasmado en las imputaciones?
Yo lo que sé hacer es investigar. Yo soy un juez de instrucción. Yo no tomo la decisión final. Soy la persona en este país que más ha investigado los crímenes cometidos por la guerrilla. No todo lo que pasó en el conflicto armado, pero sí los crímenes cometidos por las Farc. Soy la persona en este país que más los conoce al detalle, que más les ha preguntado a las víctimas qué les pasó. Las víctimas de secuestro son unas, pero he tenido muchas víctimas de otros crímenes y ya he sacado nueve imputaciones muy detalladas de distintas regiones. He documentado la afectación a las personas, a las familias, a las regiones. Los hemos calificado como crímenes de guerra y de lesa humanidad.
Todo eso se ha imputado y se le ha entregado al Tribunal de Paz para que tome las decisiones. Y eso es lo que yo puedo hacer. Yo no sé cómo aliviar el dolor de una persona cuando llega a ese nivel de afectación emocional. Yo no sé hacer propaganda política. Yo sé hacer una investigación, mirar las pruebas, los expedientes y los archivos. Conozco la ley, sé cómo calificar jurídicamente un delito. Y, honestamente, lo hago muy bien. Me he ganado varios reconocimientos de la Corporación Excelencia en la Justicia por varias imputaciones. He tenido gente que viene de las universidades más prestigiosas del mundo a estudiar cómo lo hago o que me invitan a que se los cuente.
Y tengo un equipo maravilloso, con el que hemos aprendido juntos y en el que tengo gente que sabe hacer la atención y el acompañamiento psicosocial. Pero eso no es lo que yo hago ni es lo que yo sé hacer. Yo sé investigar, imputar y hacerlo con unos estándares de respeto por los derechos humanos.
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En una de las publicaciones, la senadora Posada cuestionaba la razón por la que esas audiencias eran reservadas…
Hoy en día no tienen reserva. Ese de pronto fue un error. Yo les puse reserva al inicio por su potencial victimizante. Solo las víctimas tenían acceso, pero no el público en general. Incluso en las primeras audiencias, que son las más duras en ese sentido, se daba traslado a las víctimas con apoyo psicosocial. Pero hicimos la imputación, ya hay sentencia, los comparecientes reconocieron en público y no tienen reserva hoy en día. Eso es parte de la historia de este país y, además, algo que se estudia es la diferencia entre ese momento del 2019 y cómo en el 2022 los tenemos públicamente reconociendo que sí hubo tortura y su responsabilidad.
Es un proceso que se hizo además de la mano de las víctimas, porque una de las cosas que más convence a los perpetradores de reconocer su responsabilidad es el rostro y la humanidad de las víctimas. Lo hicimos con ellas, se logró y lo que se difunde son 30 segundos de un proceso que duró varios años, porque ya terminamos la investigación de secuestro, que incluyó a todo el país, que terminamos también incluyendo la imputación a muchos de los mandos medios como máximos responsables que lo han venido reconociendo y a los cuales la ley les dio una segunda oportunidad.
Opositores de la JEP dicen que la justicia transicional ha sido condescendiente con las Farc y ha tenido mano dura contra los militares. ¿Usted cree que eso es cierto?
No hemos sido condescendientes con la guerrilla. Sí ha habido un trato ético, respetuoso de los derechos humanos y en el marco de la Constitución y la ley, que parte de un proceso de reincorporación que no contemplaba cárcel, sino el reconocimiento cara a cara y unos trabajos que debían tener un sentido reparador. Eso es lo que está en la norma, en la ley, y eso es lo que hace y puede hacer la JEP. Yo creo que la gente se confunde o se deja confundir, porque una vez más estamos en un régimen de propaganda política que está aumentado por la tecnología del teléfono, donde la verdad no importa.
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¿Entonces por qué los ataques?
Yo no quiero personalizar de dónde vienen los ataques. Creo que el secuestro fue un fenómeno que afectó a mucha gente y de muchas maneras. Y creo que mucha gente no se identifica como víctima o no quiere hablar de eso, pero está dolida, se sintió humillada, maltratada y quiere ser respetada. Por eso cree que este proceso es un irrespeto con su dolor, sobre todo si no han participado en él, pero incluso algunos que han participado se sienten irrespetados. Se mezcla, por un lado, este río de la política, en la cual se utiliza la propaganda para acabar con el opositor y con su carácter moral. Eso no es nuevo. Hay antecedentes históricos de lo que es acabar con el carácter moral de una persona buscando un fin político. Lo que es nuevo es hacerlo a través del teléfono y con vídeos o imágenes falsas.
Generalmente, lo hacen unos políticos contra los otros. Acá lo están haciendo contra un juez investigador, contra un fiscal o contra los periodistas. Está todo ese río y uno queda atrapado en un juego que no es el de uno, que es el de la política y sus odios. Por otro lado, hay una realidad: el enorme dolor del conflicto que se carga hoy y que para muchas personas es por la herida del secuestro. Nosotros podemos documentar cuánta gente le contó al Estado que la habían secuestrado, porque mucha gente no contó. Pero por cada persona secuestrada hay decenas afectadas: la familia, los amigos, el barrio y gente que, para que no la secuestraran, cambió su vida y sufrió. Y todo ese sufrimiento está allí.
Son cerca de 22.000 casos los que usted ha documentado…
Hay dos niveles de documentación. Uno es el de las listas de la gente que le dijo a la Fiscalía o a alguna organización no gubernamental que la habían secuestrado y son casi 22.000. Otras personas vinieron a que las escucháramos en la JEP, que son más de 4.000.
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Muchas de las víctimas aún no se sienten reparadas. ¿Qué decirles?
Hay diferentes niveles para contestar eso. Una parte es la reparación monetaria que la JEP no da ni puede ordenar. Si yo ordenara darle plata a alguien, terminaría en la cárcel, porque no tengo esa capacidad. La tiene el gobierno. Incluso allí hay diferencias entre las víctimas, porque para algunas COP 20 millones o COP 10 millones les resolvería su vida. Pero hay otras que me dicen: “Eso es plata de bolsillo”. Entonces es algo económico que yo no puedo manejar y en el que hay diferencias entre las víctimas. Otro tema es el de la reparación emocional.
En Argentina me invitaron a dar una clase y allá han sido muy duros con los militares de la dictadura. El dictador Jorge Rafael Videla se murió en la cárcel a sus más de 80 años, en unas condiciones muy humillantes. Luego de su muerte, les hicieron a las víctimas una entrevista macabra sobre si estaban contentas de que se hubiera muerto. Y no estaban satisfechas. No hay reparación posible. Pero la búsqueda en sí misma posterga el momento de saber que hay cosas que son irreparables. Y yo no sé quién o cómo repara lo irreparable.
Usted es una de las personas que mejor conoce cómo operaron las Farc. Y ha dicho también en varias oportunidades que el objetivo de entender cómo funcionaba la guerra es ver cómo detenerla. ¿Qué ha podido entender desde las investigaciones que ha hecho?
Ha pasado mucho tiempo. A hoy, en octubre de 2026, he podido entenderlo en diferentes niveles. Primero, he comprendido cómo funciona la ideología para deshumanizar al otro y permitir la violencia. Hacerle daño a alguien va en contra de la naturaleza humana. Yo sí creo que nosotros somos naturalmente compasivos. Y los colombianos somos sociables, nos miramos a la cara y queremos hablar. Una de las cosas paradójicas del secuestro es que la guerrilla tiene que prohibirles a los guerrilleros que les hablen a los secuestrados. Cuando yo les preguntaba en el interrogatorio por qué lo hacían, decían que era porque se empezaba a crear un vínculo afectivo.
¿Cómo puede uno trabajar en contra de la naturaleza para que la gente se mate y que crea que está bien hacerlo? Es el mecanismo de la ideología, que tiene un paso a paso. Y yo lo he visto en toda la documentación judicial del conflicto. Si tú quieres que la gente se mate, el primer paso es convencer a las personas de que hay la posibilidad de un mundo mejor y que está por llegar. Tú le pones el contenido que te parezca: el fin de la pobreza, el reino de Dios en la tierra, cualquier cosa. El siguiente paso es convencer a la gente de que, si no hay un mundo mejor, es porque hay un solo enemigo que no permite que se materialice lo que la gente quiere. La única solución es eliminarlo.
Luego, para que la violencia realmente coja vuelo, tienes que entrenar especialistas. Hay que convencer a todo el mundo de que está bien acabar con este grupo porque es el que impide el mundo mejor. Tienes que entrenar gente que se especialice en matar, torturar y hacer la guerra y que acepte hacer eso. Por ejemplo, el entrenamiento de un torturador es muy complejo porque hay que convencerlo de que esto es necesario, que hay que acabar con el enemigo, que aunque le den escrúpulos ver el sufrimiento, hay que acabarlo. Y suelta eso. Es una máquina de guerra que no tiene fin.
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La aplicación de eso en Colombia pasa por todas las maneras como puedes formular cuál es el mundo mejor, quién es el enemigo al que hay que acabar y la necesidad heroica de superar los propios escrúpulos para lograr ese mundo mejor. Siempre hay gente, que es una minoría, que está en eso para sacar ventaja personal, que dice: “Yo voy a jugar este juego para ganar porque voy a ser muy rico o voy a tener mucho poder y eso me va a hacer feliz, eso va a calmar todas las veces que me han humillado o maltratado”.
Lo que he aprendido es que la mayoría de la gente que entra a la guerra y hace mucho daño, o la mayoría de la gente que tolera la violencia contra los demás, que acepta que se humille, se maltrate, se destruya física y moralmente, es porque piensa que eso es necesario, que es un enemigo al que hay que eliminar. Y todo el discurso va en ese sentido. Eso lo he aprendido en abstracto. Y luego también he aprendido por qué cañones pasan los ejércitos, cuáles son los ríos que dividen los territorios, cuáles son los pueblos más afectados, cuáles son los lugares cocaleros, toda la geografía humana y física del horror.
¿Y qué le ha enseñado el dolor de las víctimas?
Eso es algo que te puede destruir, por oír tantas historias de dolor. Pero también aprendes, a través de la compasión y de la empatía, a ser mejor persona. Hay un aprendizaje que para mí ha sido increíble y que me ha transformado: la resiliencia y la fortaleza de las víctimas. De alguna manera, todo se pega, como el sufrimiento y la angustia de la persona a la que oyes volver a ese momento de horror. Pero también se te pega la admiración por la generosidad y el valor de toda la gente que ha optado por el camino del perdón. Eso me ha hecho crecer como persona.
Yo espero que la explicación técnica y poco interesante para la inteligencia artificial, las redes y los bots les llegue a las víctimas. Que sepan que los videos que circulan son de un momento en el interrogatorio, que es una técnica y que fue algo de 2019. Si están sufriendo en este momento, busquen ayuda también en la JEP, porque la circulación y la manipulación de ese video es enormemente victimizante y por eso estoy aquí, arriesgándome a que vuelvan a sacar todas las porquerías que sacan y se inventan.
Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.
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Brayan Tibocha(jbw8b)•Hace 8 minutosArrodillada de Timochenko. Daba vergüenza ver como le rendía pleitesía. La jep una entidad para perdonar a las criminales farc y condenar a los militares. La jep se debe acabar en 2028 como establece la ley. Ni un segundo más.
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JORGE DANILO(m63ys)•Hace 43 minutosExcelente y dura entrevista en que la magistrada JULIETA LEMAITRE RIPOLL no se descompuso y sacó su sapiencia para responder a los bastardos de la guerra, de los bots, de los mensajes de X que por 30 segundos pretenden destruir una vida. 30 segundo que no son realidad de lo que piensan los "dueños del poder" ansiosos de muerte. ¡Felicitaciones magistrada JULIETA!
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Brayan Tibocha(jbw8b)•Hace 4 minutosLos bastardos dr la guerra fueron el tusi cocaíno borrachín y jeta podrida, que permitieron que los grupos narcoterroristas subieran de 15 mil a 35 mil efectivos y permitieron que asesinaran, masacraran y torturaran colombianos decentes a diferencia de Jorge Danilo m63ys
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