Pues qué más nos queda, mi gente, si ya se acabó el Mundial, ya no quedan días que nos hagan sentir que estamos en otra cosa, en otro momento de la vida. Retomemos porque siempre es bueno ponerse al día.
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Llevamos tres semanas hablando de política y seguramente continuaremos por la coyuntura. Ahora hablaremos del nuevo Congreso, que se posesionó el pasado 20 de julio. Que el Pacto Histórico se unió con el Centro Democrático para elegir a Honorio Henríquez como presidente del Senado; que el gobierno de Abelardo de la Espriella tiene respaldo en el Congreso, pero hay sectores que pueden hacer oposición y complicar sus apuestas; que los retos económicos… En fin, hay mucha tela por cortar, entonces empecemos.
Los 285 congresistas que legislarán durante los próximos cuatro años asumieron oficialmente sus curules el lunes 20 de julio. El Capitolio llegó a esa fecha con una renovación cercana al 60 % y una composición en la que el Pacto Histórico y el Centro Democrático aparecen como las bancadas más grandes, y eso lo vimos justamente con la elección del presidente del Senado, pero ya llegaremos a ese punto. Desde ahora, este Congreso tendrá que definir hasta dónde avanzan las promesas de la llamada “Patria Milagro” de De la Espriella y qué ocurrirá con las reformas y los programas aprobados durante el gobierno de Gustavo Petro, que incluso antes de irse volvió a dejar la propuesta de una nueva reforma tributaria.
Ese tránsito entre dos gobiernos con proyectos políticos opuestos quedó representado durante la instalación. Petro pronunció su último discurso ante el Legislativo, mientras los partidos negociaban quiénes controlarían las presidencias del Senado y de la Cámara. Después del 7 de agosto, el Pacto Histórico pasará a la oposición y el nuevo gobierno intentará convertir los apoyos obtenidos después de las elecciones en una coalición capaz de tramitar sus principales iniciativas. El primer día, sin embargo, dejó claro que esa relación no será tan sencilla.
¿Cómo quedó conformado el nuevo Congreso?
La renovación del Legislativo no produjo una mayoría absoluta para una sola fuerza política. El Pacto Histórico, que durante el gobierno de Petro encabezó la coalición oficialista, quedó como una de las bancadas más numerosas y se prepara para asumir la oposición. En el Senado cuenta con 26 integrantes, incluida la curul que le correspondió a Iván Cepeda por haber obtenido el segundo lugar en las elecciones presidenciales.
En el otro extremo está el Centro Democrático. La colectividad dirigida por el expresidente Álvaro Uribe llegó al nuevo periodo con 47 congresistas entre Senado y Cámara y se declaró partido de gobierno. En el Senado tiene 17 integrantes, con lo cual se convirtió en la bancada oficialista más numerosa de esa corporación. Salvación Nacional, el movimiento que avaló la candidatura de De la Espriella, también anunció que acompañará al Ejecutivo.
A esos apoyos se suman las colectividades tradicionales que se han acercado al nuevo presidente. Cambio Radical y el Centro Democrático ya formalizaron su posición como partidos de gobierno, mientras liberales, conservadores y miembros del Partido de la U han dado señales de que transitarán por un camino similar. Los movimientos cristianos y otras bancadas minoritarias también serán importantes para completar las votaciones.
Ese mapa le permite a De la Espriella comenzar su mandato con mejores perspectivas legislativas que las que mostraban los resultados inmediatamente posteriores a las elecciones. Solo con Salvación Nacional y el Centro Democrático, sus respaldos iniciales eran insuficientes para controlar el Senado. La suma de los partidos tradicionales cambió el panorama y le dio al presidente electo la posibilidad de construir mayorías.
Pero una cosa es declararse partido de gobierno y otra actuar como una bancada disciplinada. La instalación del Congreso mostró que, dentro de la derecha y de los sectores que acompañarán al Ejecutivo, existen disputas por el liderazgo, por la distribución del poder legislativo y por el grado de autonomía que tendrán frente a la Casa de Nariño. La política, la política…
Y un asunto no menor antes de pasar al siguiente punto: este nuevo Congreso quedó una materia pendiente: la equidad de género. Apenas el 29 % de las curules son ocupadas por mujeres, para un total de 84 congresistas elegidas.
Las mujeres, en el caso del Senado, ocupan aproximadamente el 31,4 % y el 29,7 % en la Cámara de Representantes, una cifra similar a la del cuatrienio anterior, según un informe de la Defensoría del Pueblo.
La primera derrota del gobierno De la Espriella
La principal disputa del 20 de julio ocurrió en el Senado. Abelardo de la Espriella respaldaba al senador Alfredo Deluque, del Partido de la U, mientras el expresidente Álvaro Uribe y el Centro Democrático defendían la candidatura de Honorio Henríquez.
Detrás de esa competencia había algo más que la dirección administrativa de la corporación. El equipo de De la Espriella buscaba reducir su eventual dependencia del Centro Democrático y construir una coalición propia con los partidos tradicionales. Uribe, por su parte, defendía el derecho de su colectividad, como bancada oficialista más grande del Senado, a ocupar la presidencia durante el primer año. La confrontación también puso en evidencia el pulso entre ambos dirigentes por el liderazgo de la derecha y por la reorganización política de cara a las elecciones regionales de 2027. Aunque De la Espriella en varias ocasiones ha manifestado su admiración y respaldo a Uribe, lo cierto es que el presidente electo es la cara de lo que algunos analistas han llamado el posuribismo y el surgimiento de una nueva derecha en el país, que se desmarca de lo que representó el expresidente Uribe en las últimas décadas.
Pero no me dejen irme tan lejos, volvamos al Congreso. Antes de la votación, Deluque parecía tener ventaja. Contaba con los 13 votos liberales, ocho del Partido de la U, diez conservadores, siete de Cambio Radical y la Alianza Verde, cuatro de Salvación Nacional, tres del Mira, tres de la Alianza Social Independiente y uno del Nuevo Liberalismo. Esa cuenta sumaba 43 respaldos. Henríquez tenía asegurados inicialmente los 17 votos del Centro Democrático y el apoyo de Jonathan Pulido, conocido como “Jotape” Hernández. Las decisiones del Pacto Histórico y de otras bancadas minoritarias permanecían abiertas.
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El resultado contradijo las cuentas previas. Henríquez obtuvo 56 votos y fue elegido presidente del Senado. El apoyo de sectores del Pacto Histórico resultó determinante para que el candidato del Centro Democrático derrotara al aspirante respaldado por De la Espriella. El episodio fue leído como la primera derrota política del presidente electo en el Congreso, incluso antes de su posesión.
Henríquez tendrá, además, una función simbólica: será el encargado de entregarle la banda presidencial a De la Espriella el próximo 7 de agosto. Tras su victoria, aseguró que el Centro Democrático trabajará bajo el principio de colaboración entre poderes, pero dejó una advertencia sobre la autonomía del Legislativo: “No somos un apéndice del gobierno”, dijo en entrevista con este diario.
El nuevo presidente del Senado dijo que su bancada apoyará las iniciativas que considere beneficiosas para los colombianos y que el Ejecutivo tendrá garantías para discutir sus proyectos. También afirmó que brindará espacios tanto a los partidos de gobierno como a las bancadas independientes y de oposición. Su intención es reunir a los distintos sectores para acordar la agenda y establecer qué iniciativas llegarán a las plenarias y a las comisiones.
El resultado no significa que el Centro Democrático pase a la oposición, o que el Pacto Histórico se haya acercado al Gobierno, no. El primero se mantiene dentro de la coalición gubernamental y el segundo se mantiene como oposición. Sin embargo, esto sí demuestra que Uribe y su bancada pretenden conservar una voz propia y que la relación con la Casa de Nariño estará marcada por negociaciones, no por una subordinación automática. Incluso en la posesión del 20 de julio estuvieron con carteles que decían que trabajarían como abejas, en alusión a lo que dijo el expresidente de que se defenderían así de eventuales ataques del “Tigre”.
“Está bien que el ‘Tigre’ ruja para defender la patria, que ahí estamos nosotros. Pero a mí me da miedo que rujan para acabar con este partido como quieren hacerlo. Y me toca defender este partido. Si el ‘Tigre’ va a rugir contra nosotros, nos toca proceder como abejitas laboriosas”, fue el mensaje del expresidente Uribe.
Una elección distinta en la Cámara
En la Cámara de Representantes, la elección de la mesa directiva fue menos traumática. Nicolás Barguil, del Partido Conservador, llegó a la presidencia con 181 votos y el respaldo de todas las bancadas.
El primer año de la Cámara le correspondía inicialmente al Centro Democrático por el número de representantes que obtuvo. Sin embargo, esa colectividad manifestó desde las primeras conversaciones que no tenía interés en ocupar la dignidad durante este periodo. Esa decisión abrió la puerta al Partido Conservador, que construyó un acuerdo con liberales, miembros de La U y la bancada uribista.
El representante Barguil es profesional en Marketing y Negocios Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda y tiene una especialización en Gerencia Pública de la Universidad Pontificia Bolivariana y un magíster en Administración de Empresas. Hace parte de la Cámara desde 2022, cuando también fue elegido por la circunscripción de Córdoba y como fórmula de Liliana Bitar, hoy salpicada por el escándalo de corrupción en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd).
Barguil ha señalado que la relación con el gobierno de De la Espriella será de respeto institucional y diálogo permanente, pero insistió en que la Cámara debe conservar su independencia. Según el nuevo presidente de la corporación, esa autonomía será uno de los principales aportes que el Legislativo puede hacerle tanto al país como al próximo gobierno.
También planteó la necesidad de recuperar la confianza ciudadana en el Congreso. Para ello, pidió mayor presencia de los representantes, continuidad en los debates y compromiso con las sesiones. Su diagnóstico parte de una práctica frecuente en el Legislativo: plenarias que comienzan con una asistencia considerable y terminan casi vacías cuando avanza la noche.
Barguil afirmó que la mesa directiva garantizará los derechos de todas las bancadas y permitirá los debates de control político. Aunque la elección en la Cámara fue producto de un acuerdo amplio, la corporación tampoco pretende presentarse como una extensión del Ejecutivo.
En esta elección también fueron elegidos como primer vicepresidente Simón Molina (Creemos), quien fue postulado por la representante Carol Borda de Salvación Nacional, el primer partido que avaló al presidente electo Abelardo De la Espriella, y como segunda vicepresidencia quedó Erick Velasco (Pacto Histórico), representante de Nariño desde 2022, antes de lanzarse a la Cámara se desempeñó como concejal de la ciudad de Pasto durante el periodo de 2015-2021.
Por otro lado, también debemos mencionar a John Abiud Ramírez (Partido de la U), quien quedó nuevamente con la dirección administrativa de esa corporación que mueve cerca de COP 400 mil millones.
Además, en la Secretaría General de la Cámara quedó en manos del partido Liberal quién postuló a Miguel Ángel Sánchez, y desterró así al secretario Luis Lacouture, quién ocupó este cargo los últimos cuatro años. La subsecretaría de la Cámara la ocupará el postulado del Centro Democrático, James Canizales Serrano.
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Pero volviendo a los líderes de cada corporación, tanto Henríquez como Barguil inauguraron sus presidencias con un mensaje parecido: habrá diálogo con De la Espriella, pero las dos cámaras reivindicarán la separación entre los poderes públicos.
¿Qué le espera al gobierno de De la Espriella con el nuevo congreso?
El presidente electo tiene tres prioridades inmediatas en el Congreso: un programa de ajuste fiscal, el Plan Nacional de Desarrollo y el Presupuesto General de la Nación para 2027. Estas iniciativas concentrarán buena parte del trabajo del Legislativo durante los primeros meses del nuevo gobierno.
Para conducir esa relación, recordemos que De la Espriella escogió a Rodrigo Lara como ministro del Interior. Su nombramiento fue una de las primeras decisiones confirmadas del nuevo gabinete y responde, entre otras razones, a su experiencia partidista y a su trayectoria en el Congreso. Lara será el principal encargado de convertir los respaldos anunciados por las colectividades en votos efectivos para los proyectos del Ejecutivo.
El reto no será solamente sumar congresistas. El Ejecutivo tendrá que conciliar agendas diferentes: la del Centro Democrático, la de Salvación Nacional, la de los partidos tradicionales y la de los sectores minoritarios que decidan apoyar determinadas reformas. La derrota de Deluque mostró que una suma de adhesiones públicas no garantiza que las bancadas voten de manera uniforme cuando entran en juego sus intereses internos.
La discusión sobre los decretos también marcará esa relación. Durante la campaña y la transición, De la Espriella habló de utilizar herramientas ejecutivas para poner en marcha parte de su programa. Henríquez señaló que el Senado esperará a conocer el contenido de cada decreto y recordó que esas decisiones pueden ser revisadas por la Corte Constitucional. Al mismo tiempo, aseguró que cualquier proyecto presentado formalmente por el gobierno tendrá garantías para ser debatido.
En otras palabras, De la Espriella llegará con mayorías potenciales, pero tendrá que administrarlas y no confiarse tanto, porque la vida y la política son cambiantes y dinámicas. El respaldo de los partidos tradicionales dependerá de los acuerdos que construya el Ministerio del Interior, mientras el Centro Democrático buscará defender su peso electoral y legislativo.
La agenda que heredará el nuevo Congreso
El Legislativo no se ocupará únicamente de las promesas del nuevo gobierno. También tendrá que decidir qué sucede con parte del legado de Gustavo Petro.
Entre los asuntos centrales está el futuro de la salud. El Congreso deberá discutir las propuestas de modificación del sistema y las iniciativas presentadas por las distintas bancadas. El Centro Democrático anunció un proyecto de modernización y Henríquez señaló que esa será una de las prioridades de su partido.
La seguridad también ocupará un lugar importante. Las promesas de De la Espriella en esa materia tendrán que traducirse en normas, recursos y decisiones presupuestales. El nuevo Congreso deberá estudiar las iniciativas del Ejecutivo, pero también ejercer control político sobre su ejecución.
A esto se suman asuntos que tienen una fuerte carga política: el lugar en el que se realizará la posesión presidencial del 7 de agosto y la creación de la comisión que podría investigar al presidente saliente por diferentes casos. La propuesta de celebrar la posesión en una guarnición militar deberá tramitarse mediante una proposición y someterse a votación. Tanto Henríquez como Barguil han señalado que será el pleno del Congreso el que tome esa decisión, y que será entonces otro episodio en el que se medirá el pulso de la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo.
El Pacto Histórico, por su parte, llegará a la oposición con una bancada numerosa y con Iván Cepeda como una de sus principales figuras. Su papel estará concentrado en el control político, la defensa de las reformas aprobadas durante el gobierno Petro y la vigilancia de las decisiones que tome la nueva administración.
El Congreso será, por tanto, el escenario en el que se enfrenten dos agendas. De un lado, De la Espriella intentará desarrollar su programa y modificar las políticas que cuestionó durante la campaña. Del otro, el petrismo buscará preservar los cambios impulsados desde 2022 y evitar que sean desmontados por la nueva mayoría. ¿Retrato de país por las pulsiones y tensiones entre dos bandos grandes en el que hay varios grises en medio? Claro que sí.
El debate económico que no puede aplazarse
Más allá de la disputa partidista, el nuevo Congreso comienza su periodo en medio de una situación fiscal compleja. Según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal, el déficit podría llegar al 7,4 % del producto interno bruto durante 2026 y la deuda alcanzaría un nivel histórico.
Este panorama obligará al Legislativo a estudiar una reforma tributaria y a tomar decisiones sobre los beneficios fiscales, la descentralización, la ley de competencias y el tamaño del Estado. Son discusiones que requerirán conocimiento técnico y acuerdos políticos que superen los intereses sectoriales.
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El programa de ajuste fiscal anunciado por De la Espriella será su primera respuesta a ese escenario. A ello se sumarán la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo, que fijará las prioridades del cuatrienio, y el presupuesto de 2027, que mostrará cómo piensa financiar el gobierno sus promesas.
El Congreso saliente ya había enfrentado disputas por la reforma tributaria y por el financiamiento de los programas del gobierno Petro. El Congreso entrante tendrá un último episodio con la nueva reforma tributaria que propuse el gobierno saliente esta semana.
“Proponemos una reforma tributaria progresiva. La idea es que los que tienen más y los que ganan más aporten más, y los que tienen menos y ganan menos aporten menos. La idea es recaudar COP 21,9 billones en 2027, COP 32,7 billones en 2028, COP 34,9 billones en 2029 y COP 37 billones en 2030”, dijo Carlos Emilio Betancourt, director de la DIAN.
Asimismo, Germán Ávila, ministro de Hacienda, dijo que este era “mensaje” para la administración de Abelardo de la Espriella de que si bien es necesario aumentar los ingresos, hay caminos para hacerlo sin afectar a las personas de menores ingresos ni tocar la canasta básica.
El equipo económico de El Espectador nos explicaba que: “La propuesta recoge varios elementos que estaban en las leyes de financiamiento que se hundieron. La reducción del gasto tributario, es decir, de las deducciones, exenciones, tarifas preferenciales y otros beneficios fiscales, es uno de los ejes centrales de la reforma”.
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El caso es que el Congreso entrante recibirá esas cuentas pendientes, pero bajo una orientación política diferente. Aunque la nueva coalición podría facilitar la aprobación inicial de las medidas económicas, los recortes, la revisión de exenciones y los cambios en la distribución de recursos entre la Nación y las regiones pueden generar divisiones dentro de los mismos partidos que respaldan al Ejecutivo.
¿Cómo ven ustedes el panorama? Nos gustaría leerlos.
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