
Es miércoles, día de El Espectador le explica. ¿Cómo fue que Luiz Inácio Lula Da Silva logró que lo eligieran por cuarta vez en la presidencia de Brasil? ¿Qué hizo su campaña para conseguir, por primera vez, que un candidato que había perdido la primera vuelta consiguiera el triunfo en la segunda? ¿Por qué su opositor, Flavio Bolsonaro, no aceptó el triunfo de su contrincante, pero sí lo hizo su partido político? ¿Ahora, cuando parecía que Latinoamérica giraba por completo hacia la derecha en materia de liderazgos políticos, en el país más grande de esta parte del mundo se mantuvo la izquierda? Y sobre esta realidad, ¿qué se espera que suceda en las relaciones binacionales con Colombia donde Abelardo de la Espriella, el recién llegado primer mandatario, tiene “profundas diferencias políticas e ideológicas” con Lula? De eso se trata este boletín, que escribimos con la ayuda de los contenidos publicados por nuestros colegas de la redacción Internacional. Comencemos.
Las encuestas sirven, siempre, de medidor electoral y dan una imagen de lo que posiblemente podría resultar de las elecciones. Los debates, en donde aparece cada candidato al frente de sus electores y sin asesores al lado, evidencian las falencias y muestran las fortalezas de los políticos. Pero, más allá de acciones y estrategias, de videos virales, de verdades y mentiras con tendencias de redes sociales, lo único que queda para la historia es el resultado después de contar los votos. Y el de la primera vuelta en Brasil fue claro: Flavio Bolsonaro ganó con el 47,05 % de los votos (56 millones) por encima de Lula, que marcó el 45,14 % (53,8 millones). Ese resultado trazaba el camino para la segunda vuelta, pues históricamente ningún candidato en ese país que había perdido la primera lograba triunfar en la segunda. Pero este 25 de octubre la historia cambió y Lula Da Silva se reeligió. Un hombre con más de 80 años, que gobernará en un “inédito cuarto mandato”:
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Varios reporteros resumieron el triunfo de Lula como “la continuidad de las políticas sociales del actual mandatario” sobre “la mano dura y los recortes que proponía el heredero político del expresidente Jair Bolsonaro”, pues Flávio Bolsonaro es su hijo y los dos representan la ultraderecha radical. Los números hablaron: 51,7% de los votos alcanzó Lula frente a 48,2% de Flávio. Una frase atestiguaba lo que acababa de suceder: “Ninguna de las principales encuestas previó su triunfo en el balotaje”. Y una más reflejaba esa situación: “Brasil se desvía del giro a la derecha que han dado países como Argentina, Chile o Colombia, respaldados por el presidente estadounidense Donald Trump”.
¿En qué contexto se daba la noticia? Para el ahora elegido cuatro veces presidente de la economía más poderosa de Suramérica, este primer lugar había sido ganado “a pesar de las plataformas digitales” y porque “la juventud brasileña salió a las calles a defender la democracia”. ¿Por qué entregaba ese tipo de declaraciones? Camilo Gómez Foreronos lo ha explicaba en este texto, pero les dejo un breve contexto: El equipo de Lula aseguró que en tiempos de campaña “el alcance de sus perfiles en Instagram fue restringido y que, al buscar en WhatsApp el canal de voluntarios Ejército de Lula, la plataforma sugería el de su rival, Tropa de Flávio”. De ahí que expusieran esa situación ante la justicia y que el Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil le exigiera a Meta, la empresa dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp, que demostrara que sus algoritmos y su inteligencia artificial trataban por igual a las dos campañas. Meta se ha defendido de esas acusaciones.
Destacado: André Janones fue protagonista, a quien el reelegido presidente llamó “general de nuestra tropa” por montar el “Ejército de Lula”, un canal de WhatsApp que, según la agencia EFE, superó los 10 millones de usuarios en pocos días.
En otras palabras, lo que sucedió en Brasil, donde las tendencias ponían a Bolsonaro como ganador, incluyendo la llamada conversación de internet, fue que el mundo real superó las movidas digitales y la gente, sobre todo la gente joven, en contra de los pronósticos de la burbuja digital, sí fue a las urnas, pero con inclinación sobre Lula. El asunto no para allí, pues ya se sabe que el reelegido presidente tiene entre ojos a dichas empresas tecnológicas y sentenció: “Vamos a tener que regularlas”. Incluso puso sobre la mesa la idea de desarrollar una inteligencia artificial de base brasilera para no tener que depender de las de Estados Unidos y trabajar en la sonada “soberanía digital”.
Ahora, en el escenario puramente político que tiene que ver con la relación con el Congreso, aquí viene el tema de los pesos y contrapesos. “Lula no tendrá mayorías en el Congreso. Las legislativas de este mes reforzaron a la derecha y dejaron al Partido Liberal de Bolsonaro como la primera fuerza, con 121 de los 513 diputados y 28 de los 81 senadores”. Eso quiere decir que todos los cambios que quiera y necesite transitar por allí, tendrán que pasar las duras y las maduras no solo del debate sino de la negociación. Y todo el mundo sabe qué textos entran, pero poca certeza de los que salen cuando viven esos tránsitos. “Para aprobar sus propuestas, Lula dependerá fuertemente del llamado "Centrão", un bloque de partidos de centroderecha que da su apoyo a cambio de cargos y recursos, y que suele inclinarse hacia el gobierno de turno”, contaron los colegas que siguieron estas elecciones.
Notas del autor

Un hecho no menor, y que de seguro traerá implicaciones, fue la extensión de tiempo para votar. ¿Cómo así? Resulta que la jornada de votación iba hasta las 5:00 PM del domingo 25 de octubre, pero “un juez de la corte suprema brasileña prorrogó por dos horas el cierre de los colegios electorales en el balotaje, después de que el presidente Lula denunciara obstáculos en el transporte público para ir a votar en varias ciudades”. Hubo confusión, algunos ya habían cerrado y contabilizado. Así que este otro hecho, que quedará también para la historia en estas elecciones, hizo que los brasileros pudieran votar hasta las 7:00 PM.
“La victoria de Lula, del Partido de los Trabajadores (PT) no fue holgada, para los analistas, la dificultad con la que Lula fue reelegido también hace urgente apurar el relevo generacional dentro del PT y, además, su legitimidad, para muchos, puede estar en entredicho tras las atipicidades del domingo”, escribió María Alejandra Medina, editora internacional de El Espectador. Se refiere no solo a la extensión del horario, sino a que el juez Cristiano Zanin, quien fue el que aumentó dos horas el cierre de las mesas, “es considerado cercano a Lula da Silva, pues lo defendió en procesos relacionados con la operación Lava Jato”. La paradoja fue que “la inédita medida del juez” no solo se basó en una queja oficial del PT, sino “en reclamos del PL (de Bolsonaro), que denunció demoras a causa de las inclementes lluvias”.
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Lula, con 81 años recién cumplidos, fue sindicalista, ayudó a crear el partido político que hoy representa, participó de una Asamblea Constituyente y fue cimentando su camino a la presidencia. “En 2014 estallaría el escándalo de Lava Jato, la investigación por corrupción más grande en la historia de América Latina. En el marco de esta operación, Lula sería declarado culpable por los delitos de corrupción pasiva y lavado de dinero”, recordó la colega reportera. Fue a prisión, se defendió, un años más tarde salió, en 2021 las condenas en su contra fueran anuladas. Sin embargo, sus detractores siguieron afirmando que los procesos fueron anulados por vicios en el trámite y que Lula no demostró su inocencia, que, no obstante, se presume por Constitución”.
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Varios nombres aparecieron en el radar tras las elecciones, uno de ellos el de André Janones. Él pasó de “cobrar pasajes en autobuses de Minas Gerais a convertirse en una de las figuras clave de la estrategia digital de Lula da Silva”, pues en medio de la disputa que también se dio en el escenario social de internet, “con su canal de WhatsApp, “Ejército de Lula”, reunió a millones de seguidores para disputar narrativas, combatir la desinformación y movilizar votantes en la recta final de la campaña”.
Hugo Santiago Caro, quien fue más allá de los resultados, nos adentró en un análisis más profundo de lo que viene: “Lula fue el principal activo electoral del Partido de los Trabajadores, pero también terminó concentrando el liderazgo hasta dificultar el surgimiento de nuevos dirigentes. Tras el resultado de este domingo, la izquierda brasileña, según expertos, deberá revisar su estrategia y buscar nuevas formas de conectar con un electorado que también reclama respuestas en seguridad, empleo y transparencia”.
En otras palabras, deberá gobernar un país polarizado, porque la diferencia en los votos no fue tanta; su edad evidencia que sus sucesores deberían estar listos y la prueba reina es que no; tiene una región inclinada hacia la derecha, lo que podría aislar al país de un trabajo regional; y tiene claro que su relación con Estados Unidos -quien ha venido creciendo su influencia con el llamado Escudo de las Américas, no es la más cordial, tan solo recordando la frase que soltó en sus más recientes palabras, cuando dijo que Brasil no será el patio trasero de nadie. Así las cosas, son retos del tamaño mismo del país que ahora, por cuarta vez, gobernará.
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Flávio Bolsonaro, junto a su padre -detenido en su domicilio por un “intento de golpe de Estado”-, tiene un capital político tan poderoso como el del mismo Lula, y no es precisamente producto de una herencia que recibió. “Fue senador por Río de Janeiro desde 2019. Previamente, pasó 16 años como diputado de la Asamblea Legislativa de ese estado. Estudió Derecho y comenzó su carrera política a los 21 años. Ha defendido a su padre y ha participado en la construcción del movimiento de derecha que convirtió al bolsonarismo en una de las fuerzas políticas más influyentes de Brasil”, contó Laura Henao Arévalo en este texto.
Detalla, allí, todos los señalamientos y acusaciones de vínculos con grupos paramilitares, operaciones financieras irregulares y hasta “una investigación de la Policía Federal y del Supremo Tribunal Federal de Brasil por presuntos delitos de corrupción, lavado de dinero y evasión fiscal y de divisas”. Es, ahora mismo, el más duro contradictor, tanto que no reconoció las elecciones y llegó a pedir que fueran anuladas.
“Lo que pasó no fue algo normal. Fue algo inaceptable. Por primera vez en la historia, de un plumazo, se cambian las reglas del juego. Hubo una ruptura total de la igualdad entre los brasileños de distintos estados. Nunca voy a saber cuántos votos habría podido tener en los estados donde no se reabrieron las urnas. Es imposible reconocer”, advirtió. Se avista, entonces, una pelea que ya tiene raíces.
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“Colombia comparte con Brasil 1.644 kilómetros de frontera” y por eso “la elección era clave para el futuro de la lucha contra el narcotráfico, la minería ilegal y la tala en una frontera que ya es una de las rutas de la cocaína que sale de Colombia, Perú y Bolivia”, escribieron los colegas de Internacional. “Hace dos meses (Lula) felicitó rápido a De la Espriella y dijo que la amistad entre los dos países “trasciende ideologías”. Su asesor internacional, Celso Amorim, también destacó que “ellos (los colombianos) nos necesitan y nosotros los necesitamos”. La diplomacia, claro, por delante, pero las ideologías hablan por caminos separados. Entonces, ¿qué va a pasar?
Poner las dos economías en una balanza deja en evidencia el tamaño de Brasil. “El PIB de Colombia en 2025 (en términos nominales), sumó USD 438.121 millones, de acuerdo con cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI). Brasil, por su parte, llegó a USD 2,26 billones”, escribieron los colegas de Economía. Por eso, para Colombia, allí hay una oportunidad gigante, donde habitan 200 millones de consumidores. 200 millones de posibles compradores.
Y ya, una vez el mundo conoció el resultado de las elecciones del domingo, hubo mensaje del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella en su cuenta de redes sociales: “El presidente Lula y yo tenemos grandes y profundas diferencias políticas e ideológicas, pero coincidimos en algo fundamental: Brasil y Colombia se necesitan mutuamente. Ninguna consideración puede estar por encima de los intereses de nuestras naciones. Colombia y Brasil son países hermanos, con enormes desafíos y oportunidades compartidas. Tenemos mucho por hacer y trabajar en beneficio de nuestros pueblos. El respeto mutuo, la soberanía y la cooperación deben marcar nuestras relaciones, así como la lucha contra el narcoterrorismo y la minería ilegal, la protección de la Amazonía y el bienestar de nuestros ciudadanos”.
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Entonces, horas más tarde, Lula le respondió: “Presidente De la Espriella, la voluntad del pueblo es soberana. Ninguna diferencia ideológica debe anteponerse al respeto mutuo. Por eso, vamos a trabajar juntos para avanzar en una amplia agenda que atienda a los intereses de nuestros pueblos. Estoy plenamente abierto a trabajar con Colombia en temas como el desarrollo sostenible, el combate al crimen organizado y la integración económica. Seguimos adelante”.
De entrada, a pesar de las diferencias, se entiende que primará el bien general sobre el particular. Como debe ser en estos cargos de liderazgo y, sobre todo, cuando se está hablando con el vecino. Ahora, hay que esperar lo que venga, pues en todo este asunto también entran externalidades, como el presidente de Estados Unidos, el escudo de las Américas, el crecimiento del poderío chino en la región y, claro, las ideologías, que siempre terminan influyendo en las decisiones de los líderes políticos.
Así las cosas, bien vale entender el mapa regional para saber por dónde pueden moverse los hilos de las relaciones internacionales. “La región cuenta con doce países gobernados por la derecha: El Salvador, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Argentina, Paraguay, República Dominicana y Honduras. Por su parte los gobiernos de izquierda se ubican en México, Brasil, Uruguay y Guatemala”.

“El presidente Abelardo de la Espriella ha entablado reuniones con varios líderes de estos países y ha llegado a acuerdos de cooperación internacional. La afinidad con los líderes que hacen parte de su línea política ha sido notoria y se reafirma con el reciente nombramiento del general (r) Luis Alfonso Plazas Vega como embajador en Perú -quien llega en reemplazo de su esposa, Thania Vega, quien ya contaba con el beneplácito-“, escribieron los colegas de Política.
Y, acto seguido: “Sin embargo, la relación con el México de Claudia Sheinbaum y con otros países de izquierda ha sido más distante. No obstante, el jefe de Estado escribió -en su primera intervención para reconocer el triunfo logrado por Lula- que "en la campaña presidencial colombiana, el presidente Lula apoyó abiertamente a Iván Cepeda y gané yo. En la campaña brasileña, apoyé a Bolsonaro y ganó Lula. Ni Lula decide por los colombianos ni yo decido por los brasileños. ¡Decide la gente! Y cuando el pueblo se pronuncia en las urnas, su voluntad se respeta porque es sagrada. ¡En eso consiste la democracia!"”. Solo el tiempo y las acciones de parte y parte podrán confirmar si la relación se mantiene en la cordialidad y el apoyo mutuo, o si cambia de rumbo producto, precisamente, de asuntos ideológicos.
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Donald Trump, presidente de Estados Unidos, dijo en declaraciones a medios de comunicación: "Ya sabes, las elecciones deben ser indiscutibles y, a mi parecer, el panorama fue muy negativo. No tomé partido. No apoyé a nadie ni a nada, pero seguí el desarrollo de la elección. Me pareció algo sumamente corrupto. Algo terrible". Y con ello queda en evidencia, una vez más, que Trump y Lula no serán aliados, pero falta por ver si sus diferencias pasan al terreno comercial, por ejemplo, con nuevas decisiones de por medio.
La otra noticia que fue creciendo como espuma fue la saluda de Flávio Bolsonaro de Brasil. “Fui intimado (por la Policía) a entregar mis pasaportes", dijo el senador en un video. Se trata de un “intento de intimidarme”, agregó: “Nunca pensé en salir del país. Voy a entregar mis pasaportes y me voy a defender de esta aberración”. Pero, ¿de qué se le acusaba?
“Es investigado por la policía por sospechas de corrupción y lavado de dinero en la financiación de un film biográfico sobre su padre, titulado Dark Horse. Él niega cualquier irregularidad. Aseguró que la decisión de retenerle el pasaporte se debe a una declaración de su hermano, el exdiputado Eduardo Bolsonaro, radicado en Estados Unidos, de que debía salir del país en caso de que perdiera la elección: “Yo nunca dije eso. ¿Eso es motivo para quitarme el pasaporte?”, cuestionó el excandidato. También se le escuchó decir que liderará la oposición al gobierno del líder de los trabajadores: “Para resistir al caos, voy a organizar la oposición””.

Pero la realidad, pasados dos días, efectivamente Bolsonaro salió de su país y aterrizó en Estados Unidos. El diputado federal Maurício Marcon, del Partido Liberal (PL), confirmó que Bolsonaro tomó un vuelo y se va a exiliar en Estados Unidos”. Y, luego, en medio de la búsqueda de información y de la trazabilidad de los movimientos del político, se supo que “el gobierno estadounidense concederá visados para la derrota del candidato presidencial brasileño Flávio Bolsonaro y su familia, informó este martes una fuente diplomática bajo anonimato, tras reportes de prensa sobre la presunta huida del político”, contaron los colegas de la sección Internacional de El Espectador.
“Lamento que haya salido de Brasil. Podría haberse quedado para probar que las acusaciones no son verdaderas”, dijo Lula. “Quien no debe, no teme”, por lo que “quien sale escondido de su país, debe alguna cosa”, agregó. Este miércoles en la mañana se confirmó con imágenes de AFP TV, que efectivamente el contrincante del reelegido presidente de Brasil se bajó de un avión privado en un aeropuerto cercano a Miami.
“Su llegada a Estados Unidos se produjo después de un recorrido que incluyó Argentina y Ecuador. Según informó la Dirección Nacional de Migraciones argentina, Bolsonaro cruzó la frontera desde Brasil junto a su esposa y sus dos hijas la noche del martes y abordó un avión privado en Puerto Iguazú, con destino a Guayaquil. La aeronave hizo una breve escala en esa ciudad ecuatoriana durante la madrugada del miércoles antes de continuar su trayecto”, escribieron los reporteros que siguen las elecciones de ese país.
Este nuevo capítulo apenas comienza. No solo el cuarto mandato de Lula, la derrota de los Bolsonaro o la relación de Brasil con la Colombia liderada por Abelardo de la Espriella. Se viene la escritura de una página que traerá el registro de las relaciones entre opuestos, de derechas y de izquierdas, de polarizaciones, de discurso que buscarán separar y de aquellos que a pesar de todo buscarán unir. Sobre todo esto les seguiremos contando en https://www.elespectador.com/mundo/america/. Nos vemos el próximo miércoles. Hasta pronto.
¿Qué tema le gustaría que tratáramos la próxima semana? Escríbanos a ebohorquez@elespectador.com

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Lucila(60806)•Hace 13 horasFelicitaciones,Edwin por su crônica tan bien lograda!!