Las enseñanzas de quienes llevan el timón

Cuando las mujeres lideran

A pesar de la desigualdad que hay en altos cargos de liderazgo, si se comparan a hombres y mujeres, como lo confirma el más reciente estudio de Mercer, existe una ola de ejecutivas que están dejando huella en Colombia y, con ello, marcando un estilo de dirección que es un ejemplo a seguir.

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Si tuviera la oportunidad de dar consejo a un grupo de emprendedores, ¿qué les diría? “Creo que lo primero que se necesita es un conocimiento profundo de uno mismo, no me parece muy factible que uno quiera liderar a otras personas sin mirarse sistemáticamente a uno, con juicio, sin recato, para tratar de entender en qué cosas uno es fuerte, en qué cosas uno es débil y, en consecuencia, cuál es la mejor manera de trabajar con un grupo para que esas personas den lo mejor de ellas. Pero eso requiere un proceso de conocimiento propio muy disciplinado”.

Ana Fernanda Maiguashca, codirectora del Banco de la República, es una buena consejera. Sencilla, directa y acertada. Y como ella hay una ola de mujeres que tienen bajo su responsabilidad llevar las riendas de sus vidas, de sus familias, de sus empresas y de los gremios que representan. O, incluso, como Ana Fernanda -la única mujer en la junta del Banco Central de los colombianos-, que tiene entre sus haberes la política monetaria de un país con 48,6 millones de habitantes.

Ya lo decía María Isabel Murillo, la creadora de la compañía de teatro musical Misi, en una conversación con El Espectador sobre liderazgo: “Hay que pasar de la terquedad a la perseverancia”. Siempre. Porque “hacer empresa es no haber perdido una condición de ser soñadora”, apuntaba con conocimiento de causa. Misi, el reconocido show que protagonizan niños y adolescentes, es tan bueno que incluso ha logrado presentarse en Broadway, tiene 30 años de éxitos y logró consolidar un proyecto cultural capaz de cambiar sociedades.

La realidad, a pesar de contar con casos de éxito comprobados, es que “las empresas continúan pagando menos a las mujeres que a los hombres, manteniéndose de manera persistente e inexplicable una brecha salarial de género de un 17 % en la región”, concluye el más reciente informe de la compañía Mercer, titulado “When Women Thrive” (“Cuando las mujeres progresan”), y que rastrea la información de América Latina. Y, para el caso de Colombia, “sólo el 20 % de las mujeres ocupan puestos ejecutivos y el 35 % se encuentran en los niveles profesionales”.

El documento, en donde se preguntan: ¿Por qué no hay más mujeres en el liderazgo corporativo en América Latina y qué pueden hacer las organizaciones para acelerar el ritmo del cambio?, se llegó también a la siguiente respuesta: “A pesar de que en la región un número importante de mujeres ocupan o han ocupado puestos de liderazgo político, la representación femenina en los directorios y equipos ejecutivos de las empresas sigue siendo extremadamente baja. Además, a pesar de que el 64 % de las compañías entrevistadas afirman estar convencidas de la necesidad de contar con una fuerza laboral más diversa, sólo el 31 % ofrecen programas a tiempo parcial, 56 % ofrece trabajos flexibles (trabajar desde casa o trabajo compartido por ejemplo), 57 % ofrecen programas de maternidad y 44 % de paternidad”.

A pesar de eso, aquella ola de mujeres exitosas sigue creciendo y, con ella, las enseñanzas de un liderazgo femenino. “El poder es para ayudar, no para sobrepasarse”, recordó Paula Cortés, presidenta de Anato. “Uno debe ser ejecutor y generar resultados”, dijo Adriana Suárez, directora ejecutiva de Endeavor Colombia. “Hay que construir equipos en donde todos opinen”, sentenció Sandra Forero, la presidenta de Camacol. “Un buen líder sabe que debe asumir riesgos”, detalló María Claudia Páez Mallarino, presidenta de la Cámara de Comercio de Cartagena.

También están aquellas que hablan del emprendimiento porque hicieron empresa a partir de eso. Gigliola Aycardi es la cofundadora y vicepresidenta ejecutiva de la cadena Bodytech, por ejemplo, lo dice: “Uno no puede ser emprendedor de medio tiempo ni de tres horas al día. Cuando uno tiene una idea tiene que dedicarle cuerpo, alma y espíritu a que esas ideas funcionen, hay que dar lo máximo de sí mismo para que funcione. La ética es fundamental. Si las cosas no se hacen bien, no vale la pena hacerlas, y para mí el buscar una red, un mentor que pueda ayudar sin buscar nada a cambio, que va a vender una consultoría o ser su proveedor, algo así, sino buscar un mentor que pueda ayudar a madurar sus ideas y tener otros puntos de vista y otras opciones distintas de lo que está haciendo”.

Pero una vez más Ana Fernanda da en el punto: “Los problemas de inequidad de género que existen en Colombia son profundos, y no los vemos, al igual que otros problemas de discriminación como los sociales y los raciales, están ahí en el inconsciente y de alguna manera sí es necesario que haya personas que todo el tiempo estemos martillando en cómo están presentes y cómo tenemos que erradicarlos de una sociedad sostenible”.

Y no en vano hace una advertencia: “No estoy hablando de la participación de la mujer en la vida laboral, estoy hablando del rol que mujeres y hombres tenemos en la sociedad. Y creo que en ambos casos se nos han impuesto cargas, sesgos, de cómo funcionaban en la historia y que no necesariamente se compaginan con lo que nos hace en realidad felices. En ese sentido debemos migrar hasta un punto donde todos podamos hacer lo que en realidad nos hace felices, al margen de lo que nos hayan enseñado”.

 

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