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El Espectador le explica el balance de 2025 en Colombia y el mundo

Lo logramos. Seguimos un año más. ¿Cómo le fue a Colombia y el mundo este 2025? Aquí le dejamos un resumen.

Andrés Osorio Guillott

31 de diciembre de 2025 - 04:00 p. m.
Gustavo Petro y Donald Trump.
Foto: Katerine González Clavijo
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Esto ahora sí se acabó. No necesariamente nos tienen que leer ya, entendemos que están con sus familias, sus seres queridos y preparando todo para la cena de fin de año. Pero nos pueden leer en otro momento de estos días y ver cómo nos fue este 2025 que termina en cada una de las materias que nos interesan a diario.

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Para no alargarnos tanto y dejarles un balance completo, empecemos de una vez. Al final encontrarán la selección de las notas que marcaron este 2025 según cada editor. A ustedes gracias por seguir creyendo en nosotros, ojalá nos sigamos encontrando en este y otros boletines, de este lado siempre es una alegría leerlos e interactuar con ustedes.

A ustedes y a sus seres queridos un feliz 2026.

El balance judicial

Dijimos en nuestro último editorial que el 2025 fue un año violento, pero esperanzador. Ya volveremos sobres eso, pero el caso es que este 2025 estuvo marcado por la violencia, la impunidad y la repetición de tragedias en Colombia. Nada nuevo, también hay que decirlo.

El año comenzó con la peor emergencia humanitaria en tres décadas en el Catatumbo, tras la ofensiva del ELN que dejó decenas de muertos, miles de desplazados y la suspensión definitiva de los diálogos de paz. A lo largo de los meses se sucedieron feminicidios brutales, asesinatos de niñas y adolescentes, crímenes de odio contra la población trans y múltiples casos de violencia vicaria y sexual, muchos de ellos aún sin respuestas claras de la justicia.

Alias "Calarcá" (arriba izq.), Eln (arriba cent.), Carlos Ramón González (Arriba der.), Zulma Guzmán (abajo izq.), alias "Iván Mordisco" (abajo cent.) y alias "El Costeño" (abajo der.).
Foto: Archivo

La guerra volvió a ocupar titulares con masacres, secuestros, ataques con carros bomba, el derribo de un helicóptero de la Policía y la expansión de las disidencias de las Farc, mientras firmantes del Acuerdo de Paz seguían siendo asesinados. En medio de la polarización política, el país también fue sacudido por el magnicidio del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, un golpe directo a la democracia que el país creía haber dejado atrás, pero tuvieron que pasar 35 años para ver, tristemente, cómo asesinaban nuevamente a un aspirante a la presidencia.

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Ni hablar de casos de corrupción que terminaron con altos exfuncionarios prófugos o en prisión. La joya de la corona, por supuesto, es el de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), que ya provocó que dos exministros fueran a la cárcel.

Los Uribe Vélez fueron protagonistas, eso no puede quedar de lado en este resumen. Primero fue el expresidente Álvaro Uribe, que en su caso por los delitos de soborno en actuación penal y fraude procesal fue declarado culpable en primera instancia por la Fiscalía, pero en segunda instancia fue absuelto por el Tribunal Superior de Bogotá.

En su momento, explicamos que “El proceso judicial comenzó en 2018, cuando la Corte Suprema de Justicia resolvió investigar a Uribe, tras una denuncia de su puño y letra contra el hoy senador Iván Cepeda, por supuestamente estar manipulando testigos en su contra. Aunque con la decisión de esta semana culmina el camino de la etapa ordinaria, todavía queda un recorrido adicional: la casación. Las víctimas, entre ellas Iván Cepeda, ya anunciaron que presentarán ese recurso especial ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía también hará su escrito. El alto tribunal debe estudiar si lo acepta para revisión y, luego, tendrá hasta cinco años para tomar una decisión de fondo”.

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Luego fue su hermano, Santiago Uribe Vélez. El 25 de noviembre fue condenado el ganadero por el asesinato de un conductor de bus en 1994 y señalado como uno de los líderes del grupo paramilitar los 12 Apóstoles, al que le endilgan más de 500 crímenes en Antioquia.

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Juan David Laverde, autor de la nota que resume el año judicial, concluyó así su texto: “Así, entre todo tipo de crímenes, violencias contra las mujeres, asesinos impunes, protagonistas en la fila de la extradición, autodenominados guerrilleros asolando poblaciones y atentando contra la fuerza pública o cautivos que siguen pidiendo por su libertad, este 2025 le dejó al país una estela de momentos tristes y víctimas que solamente piden justicia. No importa cuándo leas esto, se diría, esta última pareciera ser la expresión que define a Colombia. En las ciénagas podridas de la impunidad suelen reciclarse las tragedias que siguen padeciendo los ciudadanos desde que somos una República. Los feminicidas siguen ahí, los acosadores siguen ahí, los disidentes siguen ahí, el Eln sigue ahí, los asaltantes de celular siguen ahí, los asesinos de niñas siguen ahí, los matones que planean magnicidios siguen ahí, los borrachos al volante siguen ahí. Se cierra el telón de este agitado año que nos recordó –una vez más– la fragilidad humana”.

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Vea el balance completo: Los 25 malos de 2025: un año atravesado por crímenes, guerra e impunidad

La paz total

Retomando un poco el tema de orden público, en 2025, la política de paz del Gobierno y la persistencia de la violencia avanzaron en paralelo, dejando un año de decisiones polémicas, avances simbólicos y fuertes retrocesos en los territorios, algo que se esperaba fuera distinto con un Gobierno que precisamente hablaba de darle a los más desfavorecidos la importancia que por décadas no han tenido.

Con armamento largo, la Policía patrulla el casco urbano de Tibú, epicentro de la crisis iniciada el 16 de enero, tras la arremetida del ELN.
Foto: Julián Ríos Monroy

La cronología de los hechos violentos de este año muestra cómo los intentos por reconfigurar el conflicto convivieron con crisis humanitarias, ataques armados y un deterioro del orden público en regiones clave como Catatumbo, Cauca, Buenaventura y Guaviare.

El año arrancó con una grave emergencia en Catatumbo por los enfrentamientos entre el ELN y disidencias de las Farc, que provocaron desplazamientos masivos y evidenciaron los límites de la “paz total” frente al control de las economías ilegales. En los primeros meses, el Gobierno ajustó su estrategia de seguridad con el cambio en el Ministerio de Defensa, mientras la captura de jefes armados y las tensiones por extradiciones minaron la confianza en los diálogos.

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A lo largo del año se alternaron gestos de paz —como la destrucción de material de guerra por parte de grupos armados, la creación de Zonas de Ubicación Temporal y la radicación de una ley de sometimiento— con hechos que agravaron la violencia: picos de homicidios en Buenaventura, atentados en Cauca, el plan pistola del Clan del Golfo y el recrudecimiento de la confrontación armada en varias regiones.

El magnicidio del senador y precandidato Miguel Uribe Turbay se convirtió en el episodio más grave de violencia política del año y puso en duda las garantías democráticas en un contexto preelectoral. En paralelo, decisiones como el inicio de diálogos con el Clan del Golfo, el freno a extradiciones y la reactivación de mesas con exparamilitares generaron fuertes debates sobre los límites entre negociación, legalidad e impunidad.

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AME9840. BOGOTÁ (COLOMBIA), 13/08/2025.- El hijo del fallecido senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, Alejandro, deja una flor sobre su féretro en una misa este miércoles, en la catedral Primada en Bogotá (Colombia) Uribe Turbay falleció el lunes, dos meses después de un atentado en su contra. EFE/Carlos Ortega
Foto: EFE - Carlos Ortega

En el plano institucional, 2025 dejó hitos como las primeras sanciones de la JEP (que aunque cueste, muestran avances y compromiso con el sentido mismo de su creación), la descertificación de Colombia por parte de Estados Unidos en materia antidrogas y el recorte del mandato de la Misión de Verificación de la ONU, señales de un entorno internacional y político cada vez más complejo para la implementación de los Acuerdos de paz.

El cierre del año volvió a estar marcado por la violencia de siempre: un paro armado del ELN, nuevos combates en Catatumbo y anuncios de más Zonas de Ubicación Temporal.

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Los pocos encuentros del Congreso y el Gobierno

Hagamos una especie de pausa para hablar de lo que podríamos llamar “buenas noticias”. Pese a ser un año marcado por choques constantes entre el Gobierno de Gustavo Petro y el Congreso, en 2025 hubo al menos tres momentos clave de “tregua” que permitieron destrabar proyectos estratégicos y abrir breves espacios de concertación. ¿Cuáles fueron? Vean les muestro.

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Uno de esos consensos se dio alrededor del presupuesto de 2026. Aunque ninguna bancada quedó plenamente satisfecha, el Ejecutivo y el Legislativo lograron un acuerdo para reducir el monto en 10 billones de pesos y evitar que el presupuesto fuera expedido por decreto. El pacto fue frágil y temporal, pero mostró que aún era posible negociar en medio del desacuerdo, antes de que se hundiera la reforma tributaria y se profundizara la confrontación.

AME7385. BOGOTÁ (COLOMBIA), 20/06/2025.- El ministro de Trabajo, Antonio Sanguino (c), celebra la votación de la conciliación de la reforma laboral este viernes, en la Plenaria del Senado en Bogotá (Colombia). El Senado y la Cámara de Representantes de Colombia aprobaron en votaciones separadas y tras un intenso proceso de conciliación, la reforma laboral impulsada por el presidente Gustavo Petro, consolidando así uno de los mayores logros sociales de su gobierno. EFE/ Carlos Ortega
Foto: EFE - Carlos Ortega

La segunda “tregua” se concretó con la aprobación de la reforma laboral. Tras ser archivada en una comisión y revivida mediante apelación, la iniciativa avanzó en medio de una fuerte presión social y un debate acelerado. Finalmente fue aprobada con amplias mayorías en junio, convirtiéndose en una de las principales victorias legislativas del Gobierno este año y en un raro ejemplo de articulación entre distintas fuerzas políticas.

Un tercer momento de concertación se reflejó en proyectos con respaldo multipartidista, como la reforma a la Ley 30 de educación superior —aprobada por unanimidad en la Cámara— y la ley que reguló la publicación de encuestas electorales, construida por senadoras de orillas opuestas y apoyada por el Ejecutivo. A estas se sumó el avance del proyecto para prevenir el reclutamiento de mercenarios colombianos.

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Hubo también un intento de tregua institucional tras el atentado y posterior muerte del senador y precandidato Miguel Uribe Turbay. Un encuentro convocado por la Iglesia reunió a las cabezas de los tres poderes del Estado y derivó en un llamado conjunto a desescalar el lenguaje y rechazar la violencia política. Sin embargo, el gesto fue efímero y pronto quedó eclipsado por nuevos enfrentamientos y el tono electoral. ¿La intención es lo que cuenta? No. O al menos aquí no.

En 2025 hubo acuerdos puntuales que permitieron avanzar en reformas clave, la relación entre el Gobierno y el Congreso sigue marcada por la desconfianza y la confrontación. Con las elecciones cada vez más cerca, el desafío será si esas treguas aisladas pueden convertirse en una dinámica más estable de diálogo institucional, aunque a menos de un año para el cambio de Gobierno, eso ya parece ser un poco imposible.

Puede leer: Estos fueron los tres momentos en los que el gobierno Petro y el Congreso lograron “treguas”

Aranceles, reforma laboral, Ecopetrol y más…

Este año de alta tensión económica para Colombia, atravesado por choques internacionales, reformas internas, crisis fiscales y fuertes movimientos empresariales. Y para rematar pues miremos aquí a la vuelta de la esquina y veamos cómo el aumento del salario mínimo reafirmó esa tensión. El balance muestra un país que logró mejoras en algunos indicadores, como empleo y crecimiento, pero que cerró el año bajo una declaratoria de emergencia económica y con retos estructurales sin resolver.

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En el frente internacional, el año estuvo marcado por la guerra comercial impulsada por Estados Unidos. La relación entre Bogotá y Washington tocó uno de sus puntos más críticos en enero, cuando la negativa del presidente Gustavo Petro a recibir vuelos con deportados derivó en amenazas de aranceles de hasta 50 % a productos colombianos. Aunque la crisis no se materializó, fue un anticipo del nuevo escenario global de proteccionismo. Colombia terminó el año con un arancel base del 10 %, en un contexto de desaceleración económica mundial y crecientes llamados a diversificar mercados. Y ni hablar de la tensa relación entre los presidentes Petro y Donald Trump.

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En el plano interno, la economía convivió con señales mixtas hasta el último día. Mientras el desempleo y el PIB mostraron una mejora sostenida, el país enfrentó serios problemas fiscales, caídas en los resultados de Ecopetrol y el hundimiento de la ley de financiamiento para el presupuesto de 2026. Este último hecho llevó al Gobierno a declarar la emergencia económica en diciembre, una decisión polémica que busca habilitar nuevos impuestos, pero que enfrenta serios cuestionamientos jurídicos y será examinada por la Corte Constitucional en 2026.

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Uno de los hitos del año fue la aprobación de la reforma laboral, tras un trámite accidentado que incluyó su archivo, resurrección y la amenaza de una consulta popular. La nueva ley redefine la jornada nocturna, fortalece el contrato a término indefinido y eleva gradualmente los recargos por trabajo en domingos y festivos, convirtiéndose en una de las apuestas sociales más importantes del Gobierno Petro.

El año también estuvo marcado por movimientos empresariales no menores como la aprobación de la fusión entre Tigo y Movistar (no es poca cosa), que reconfigura el mercado de telecomunicaciones y deja a dos grandes operadores concentrando la mayoría de los usuarios, bajo estrictos condicionamientos para proteger la competencia.

En el agro, 2025 fue el año de la crisis arrocera. La caída de los precios del arroz paddy, sumada al aumento de los costos de producción, provocó dos paros nacionales y prolongados bloqueos. Aunque el Gobierno acordó un precio mínimo regulado, muchos productores consideran que las medidas siguen siendo insuficientes. La otra cara de la moneda estuvo con el café, que tuvo un 2025 para enmarcar.

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El balance final deja una economía tensionada, con avances parciales y decisiones de alto impacto que seguirán definiendo el rumbo de 2026: la emergencia económica, la implementación de la reforma laboral, la redefinición del comercio exterior y la sostenibilidad fiscal del Estado.

¿Hablamos de aranceles? Eso nos da paso al ámbito internacional.

La doctrina Trump, el nuevo papa y el Nobel de Machado

La política exterior de Estados Unidos hacia América Latina dio un giro más duro y explícito bajo el segundo mandato de Donald Trump. El lema “Make America Great Again” se tradujo en una estrategia regional que revive la doctrina Monroe, ahora en versión recargada —bautizada por analistas como la “doctrina Donroe”— con el objetivo de reafirmar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental. Al menos así nos lo explicó María Alejandra Medina, editora internacional de este diario.

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en diciembre, deja claro que Washington prioriza su seguridad y prosperidad, lo que implica frenar influencias consideradas adversas, como la de China, y combatir a los llamados “narcoterroristas”. En la práctica, esta visión se reflejó en un despliegue militar sin precedentes en el Caribe y el Pacífico, con cerca de 30 bombardeos contra presuntas embarcaciones del narcotráfico, operaciones que organizaciones de derechos humanos han cuestionado por posibles ejecuciones extrajudiciales.

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La presión se concentró especialmente sobre Venezuela, con ataques cerca de sus costas y la confiscación de barcos y cargamentos de petróleo, en una estrategia que busca debilitar al gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, analistas señalan que el objetivo va más allá de Caracas: se trata de reposicionar a Estados Unidos como potencia dominante en la región, enviando un mensaje geopolítico a aliados y adversarios.

En paralelo, la Casa Blanca combinó el uso de la fuerza con incentivos políticos y económicos para gobiernos afines. Países como Argentina y El Salvador fueron presentados como ejemplos de “premio” a los aliados: apoyo financiero a la administración de Javier Milei y beneficios migratorios para El Salvador, a cambio de cooperación en temas de seguridad y migración. La región quedó, así, dividida entre países “amigos” y “enemigos”.

Colombia apareció en el lado más tenso de esa relación. El presidente Gustavo Petro fue blanco de fuertes señalamientos por parte de Trump, y Washington incluyó a miembros de su entorno en la llamada lista Clinton, profundizando el distanciamiento bilateral.

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Análisis: El grito “Make America Great Again” también es para América Latina

En medio del protagonismo de Estados Unidos, también fueron noticia León XVI, el nuevo papa, que llegó a liderar la Iglesia Católica tras la muerte del papa Francisco en abril de este año, poco tiempo después del fallecimiento de otro líder latinoamericano como lo fue Pepe Mujica.

En contexto: Con el papa León XIV, ¿llegó un conciliador global?

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Y el año también iba terminando con el Premio Nobel de Paz a María Corina Machado, que logró llegar a Oslo unas horas después de haber recibido el premio su hija. Catalogado como uno de los galardones más empapados por la política, este reconocimiento a la opositora venezolana despertó todo tipo de opiniones. Aquí, en Colombia, además de las reacciones políticas, también abrió otro debate alrededor del Hay Festival, evento en el que estará Machado y que llevó a algunos escritores a cancelar su asistencia como una forma de rechazar la postura de la política del vecino país.

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Bogotá, Bogotá, Bogotá…

En la capital pasó de todo, como siempre. La ciudad, sumida en obras, especialmente la del metro, puso fin al racionamiento de agua; vio un nuevo lío con las basuras y busca reducir, a pesar de la falta de pie de fuerza, los índices de inseguridad. En algunos puntos, este es el balance de Bogotá en este 2025.

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El primero es el tema de las basuras, que parece una bomba de tiempo, pues este año terminó el esquema de recolección de basuras por zonas, abriendo la puerta a un esquema de libre competencia que iniciará en febrero y desató una crisis de basuras en la capital.

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El segundo es el metro, por supuesto. En agosto, el primer tren salió del puerto de Quingdao, China, atravesó más de mil kilómetros y arribó en septiembre al puerto de Cartagena en septiembre. Finalizando el año, el mismo tren arrancó pruebas dinámicas en un kilómetro de riel electrificado, adaptado en el patio taller de Bosa.

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El recorrido se realizó en una vía de prueba de 905 metros. Durante este primer recorrido se verificaron condiciones de arranque, frenado, sistemas de seguridad, operación en plataforma y apertura de puertas.
Foto: Alcaldía de Bogotá

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El orden público que parece no tener solución. El año estuvo marcado por hechos violentos producto de la disputa territorial de bandas de microtráfico. Los ojos estuvieron puestos en el sector de San Bernardo, centro de Bogotá, donde múltiples ataques con granadas, ocuparon a la fuerza pública.

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Asimismo, casi que al cierre de este año un hecho que conmocionó a la capital fue el homicidio de Jaime Esteban Moreno, un estudiante de 20 años que fue brutalmente golpeado por Juan Carlos Suárez y Ricardo González, la noche de Halloween, en una reminiscencia de lo ocurrido 15 años atrás con Andrés Colmenares. El caso fue ampliamente seguido por nuestros seguidores quienes estuvieron atentos a las audiencias y avances en el caso. Hoy día, una de las involucradas sigue siendo buscada por la INTERPOL.

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Ya parece que se nos olvidó que estuvimos un año con racionamiento de agua. Al respecto, recordemos a Coca-Cola y el debate por los manantiales, pues de allí se dio la discusión por la concesión de agua que tiene Coca-Cola en La Calera. Fue un año clave en el que la CAR debía decidir si otorgar o no el aval para que la empresa siguiera extrayendo agua. El debate creció y la decisión aún está por definirse.

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El costo de los desastres naturales en 2025

Ojito aquí. Un informe de la organización Christian Aid estima que los desastres climáticos más costosos de 2025 provocaron pérdidas económicas superiores a 120.000 millones de dólares, una cifra que busca visibilizar en términos monetarios impactos que suelen medirse en vidas humanas y daños ambientales. El reporte se basa principalmente en estimaciones de aseguradoras y reconoce importantes limitaciones de información, especialmente en el Sur global.

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El hecho que más pérdidas registró fue el de los incendios forestales de Palisades y Eaton, en Los Ángeles, con pérdidas superiores a 60.000 millones de dólares. Les siguieron los ciclones y lluvias monzónicas en el sur y sudeste asiático, con unos 25.000 millones en daños, además de inundaciones en China, el huracán Melissa en el Caribe, lluvias extremas en India y Pakistán, tifones en Filipinas y otros eventos en Australia, África y Estados Unidos.

PACIFIC PALISADES, 16/12/2025.- Los bomberos del condado de Los Ángeles luchan para combatir un incendio en las colinas sobre Pacific Palisade, en California, el 7 de enero de 2025. EFE/Caroline Brehman
Foto: EFE - CAROLINE BREHMAN

En América Latina, Brasil fue el único país incluido entre los diez desastres más costosos. La sequía que afectó a más de la mitad del país durante el primer semestre de 2025 generó pérdidas estimadas en 4.750 millones de dólares, golpeó con fuerza al sector agrícola y agravó problemas de acceso al agua, incendios forestales y vulnerabilidad social. El informe vincula este episodio con tendencias de largo plazo asociadas al cambio climático, como sequías más frecuentes e intensas.

El informe de Christian Aid concluye que los eventos de 2025 refuerzan la urgencia de acelerar la transición fuera de los combustibles fósiles y fortalecer la adaptación climática, especialmente en las regiones más vulnerables.

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Puede leer: Más de US 120.000 millones de dólares: la factura económica de la crisis climática en 2025

El deporte sobrevive a pesar de todo

El deporte colombiano cerró 2025 marcado por la incertidumbre institucional, pero respaldado por resultados sobresalientes en las grandes competencias. Así nos lo explicaba Fernando Garzón, editor deportivo de El Espectador. Las amenazas al presupuesto del Ministerio del Deporte por la crisis fiscal generaron protestas y encendieron alertas sobre la sostenibilidad del sistema, aunque finalmente los recursos se mantuvieron durante el año.

En ese contexto, los atletas respondieron con hechos. Jeison López fue uno de los grandes protagonistas: pese a denunciar falta de garantías, ganó doble oro y batió dos récords mundiales en el Mundial de Levantamiento de Pesas, consolidándose como Deportista del Año para El Espectador y Movistar. A su lado, Natalia Linares logró una histórica medalla de bronce en el Mundial de Atletismo, mientras el patinaje de carreras confirmó su hegemonía con un nuevo título mundial y protagonismo en los Juegos Mundiales.

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No todos los deportes vivieron el mismo momento. El ciclismo atraviesa una transición: Egan Bernal volvió a competir a alto nivel, pero Colombia aún está lejos de la élite dominada por figuras globales como Tadej Pogacar. Nos malacostumbraron Nairo, Rigo, Superman, Chavito, Egan, entre otros.

El fútbol, en cambio, dejó un balance positivo. Luis Díaz brilló en Europa y, junto a James Rodríguez, lideró la clasificación de la selección al Mundial de 2026. Además, la Federación Colombiana de Fútbol cerró un año destacado con logros en categorías juveniles y en el fútbol femenino.

De cara a 2026, el calendario incluye eventos regionales y una nueva generación de talentos en ascenso, pero el gran reto será el regreso al Mundial, que se disputará en Canadá, Estados Unidos y México.

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